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De París a Marcella

31 Jul

De París a Marcella

De París a Marcella

 

Luego de almorzar en Dos Molinos, nos fuimos a comprar pasajes para salir de París a la 15:25. Una vez con los pasajes nos fuimos a mi departamento para recoger nuestros maletines y retornamos a la estación para no perder el tren porque ya eran cerca de las 3.

 

Viajamos en el tren TGV de alta velocidad de París a Marsella, que va directo de norte al sur del país en algo más de tres horas, alcanzando una velocidad máxima de 320 kph. Aparte de los cortos tiempos de viaje, este tren ostenta comodidades, espaciosos asientos, ventanas panorámicas, enchufes, y WIFI gratuito.

 

Al iniciar tu viaje, no despedimos de la Torre Eiffel como si fuera nuestra gran amiga de silueta majestuosa, quedamos medio adormecidos viendo tan bello panorama que transitamos a tanta velocidad que era difícil poder apreciar algo por mucho tiempo. Nuestra llega a Marsella después de un poco más de 3 horas nos recibió con vistas panorámicas del Puerto Viejo, testigo de la historia y la vitalidad marítima de la ciudad.

 

Marsella es la ciudad más antigua de Francia y, a pesar de su carácter duro y difícil, esconde un alma única. Es al mismo tiempo caótica, sucia, chispeante e intensa. Gracias a su distancia cultural y social del resto de la Provenza y a su vocación marinera, el mercado de pescado, por ejemplo, tiene una tradición centenaria, Marsella ejerce un encanto inalterable y persistente, a pesar de todas sus contradicciones. Sin duda, lo que la hace única es su esencia de ciudad multiétnica y destino de la inmigración: griegos, romanos, judíos, armenios, italianos, corsos, españoles y muchos más. Un verdadero crisol de culturas que ha creado una ciudad absolutamente diferente de las demás ciudades francesas. Sus callejuelas con sus casas de color albaricoque, trigo y almendra que se iluminan al atardecer, la fusión de cocinas, culturas, músicas y tradiciones, la babel de lenguas y diferentes «malas pronunciaciones» del acento francés, el carácter sencillo y popular de sus abarrotadas calles.

 

Nos alojamos en el Hotel Maison Montgrand – Vieux Port, que es un alojamiento bien situado en Marsella con un jardín y terraza, una habitación con baño privado. Tiene un bar y un restaurante que sirve cocina francesa. Con vistas a la ciudad, ofrecía desayuno buffet. Cerca del hotel hay puntos de interés como Calle de Saint-Ferreol, Estación de metro de Vieux Port y Estación de metro Castellane. Elegimos la playa del Prophète que nos recomendaron porque acoge generalmente a familias. Apta para grandes y pequeños, acceso a aguas poco profundas. Podíamos comer con vistas al mar y para eso no aconsejaron dirigirnos a Chez Marco, un restaurante de visita obligada para tomar un aperitivo o disfrutar de un picnic a orillas del agua.

 

Una vez acomodamos nuestro equipaje salimos a disfrutar de la puesta del sol en la terraza junto al jardín, estamos tomando un refresco cuando apareció una parejita de italianos a besos y cantando canciones como: El mundo y El cielo pintado de azul, muy efusivos no dejaban de besarse y hablando en italiano haciendo alboroto con las manos y como si estuvieran solos. Tanta efusividad nos recordó a cuando nosotros teníamos más o menos esa edad y nos fuimos de paseo a Marruecos. Mi amiga me recordó ese viaje y me contó que esa fue la primera vez que hacia el amor. Seguimos acordándonos de nuestros viajes, al festival del chocolate en un pueblito en Portugal, o las aguas termales en Checoslovaquia, o los bellos paseos por la costa italiana o Gracia. También me recordó de cuando la confundí con Brigitte Bardot por la farra que tenía y que después la completamos con ella bailando en París y tomando champagne.

 

Han pasado tantos años casi 50 y todavía seguimos disfrutando, pese a que durante mucho tiempo cada uno de nosotros tomo un rumbo diferente después de Casa Blanca, ahora ya no necesitamos estar besándonos para decir que nos queremos, con tomarnos de la mano o contarnos nuestro cotidiano vivir ya estamos felices, claro que todavía somos apasionados cuando nos amamos en la calma de nuestra privacidad y algunas veces quedamos dormidos mientras nos acariciamos sin haber logrado subir con las sábanas hasta lo alto del techo y en presencia de Eros, Afrodita y Cupido, como lo hacíamos cuando jóvenes.

 

Recordé la charla de las muchachas que ayer estaba conversando mientras yo esperaba a mi amiga y volvió a mi mente esa conversación del gran amor que nunca podrían olvidar una de ellas porque fue lo mas grandioso algo similar a mi gran amor.

 

Miguel Aramayo

SCZ.11-08-2024