P.Sueños
Sabía que nació siete meses y medio antes de que termine la segunda guerra mundial, a las 6.30 AM. El médico que lo recibió estaba de esmoquin, saliendo de una fiesta. Su madre, que era primeriza, estaba muy dolorida. Nacía de pies, con el cordón umbilical envuelto al cuello, pesaba 3,6 Kg y media 52 cm. De piel muy blanca, de cabellos castaños, de ojos azules, pequeña nariz respingada y labios gruesos, largas pestañas. Muy bueno y siempre risueño. Por la fecha de su nacimiento imaginaba que fue encargado en la fiesta de un año nuevo antes de que termine la gran guerra.
No sabía desde que edad sus neuronas comenzaron a recordar los acontecimientos que le rodearon desde que nació, pero podía decir con total seguridad que, los primeros recuerdos guardados en su mente y conciencia, eran de mucho amor por parte de su madre y creía, sin exagerar, de todos sus parientes o de casi todos, porque por lo menos de dos tenía la sospecha que lo rechazaban: su abuela materna, por ser hijo del hombre al que menos quería, su padre, y una tía hermana mayor de su madre, porque era muy travieso, inquieto y además porque ella quería que sus hijos sean mejores que él y eso no podía ser.
Quienes influyeron mucho en la formación de su personalidad, desde luego su madre, con exceso de protección, amor y consentimiento, luego la familia paterna, todos los miembros, pero muy especialmente su abuela y la bisabuela (madre de la abuela), ésta última influyó mucho en su educación (haciéndole leer con frecuencia el libro «Manual de Urbanidad y Buenas Maneras«, escrito por el venezolano Manuel Antonio Carreño en 1853). Esa bisabuela influyo mucho en su formación religiosa, le enseñó a rezar El Rosario y muchas oraciones, le pedía que los domingos vaya a misa, lo cual comenzó haciendo desde los 6 años.
Después de haber estudiado el catecismo, en la iglesia de las Carmelitas descalzas y de la primera comunión en la iglesia de Maria Auxiliadora, creyó sentir el llamado de Dios para asumir la vida religiosa. Con la oposición de su padre y el abuelo paterno, pero con el apoyo de su madre, la abuela y la bisabuela; entró al seminario menor «Domingo Savio» de los Salesianos. Estudiaba con mucho empeño, porque pensaba que podía llegar a ser papa y también quería igualarse en santidad a Domingo Savio, Ceferino Namuncurá, o Luis Gonzaga.
Unos meses antes de entrar al seminario, había dado su primer beso, pero estaba consciente de que era mucho lo que coqueteaba a las chicas y no le impedía la edad de ellas. Estando en el seminario, algo con lo que luchaba, era con su inclinación al coqueteo con las que iban a la misa de los domingos, y vestido de sotana aceptaba sus miradas y señas. También le atormentaban los sueños con las que le coqueteaban, Un día una gauchita le dijo que en la noche le llevaría un queque. De escondidas fue a recibirlo y ella le pidió un beso, cuando se besaban en la reja de hierro que los separaba, fueron vistos por el director del seminario (el padre Cayetano Martignon), con lo cual se terminó instantáneamente el camino al sacerdocio, los deseos de ser pontífice y llegar a la santidad. Al día siguiente muy temprano lo expulsaron y ahora da gracias a Dios, porque hubiera sido un cura pecador.
Desde muy chico fue un apasionado del amor, la música, el baile, la poesía, la literatura, la belleza. Soñaba con tener una enamorada que corresponda su amor y a la cual le dedicaría su vida, sus sueños, sus ilusiones y su romanticismo. Trazaba planes de cómo sería su vida en pareja y dibujaba escenarios ridículos. Al mismo tiempo teatralizaba como serían las relaciones con los otros miembros de su familia especialmente con sus padres. Hacia planes de estudio, trabajo, convivencia.
En un momento de su pubertad e influenciado por una serie de acontecimientos en su familia, decidió independizarse, dejar de estudiar y emigrar a otro país. Cuando lo comunicó a su madre y a sus amigos, teatralizó los hechos de tal manera, que produjo pena y compresión entre todos ellos y pese a ese sentimiento todos lo apoyaron incluso en términos económico. Había cumplido los 17 años, ya tenía una enamoradita, hermana de un gran amigo, pero era muy popular con las chicas del grupo de amistades. Aparentaba menos edad de la que tenía realmente, era un muchacho totalmente desinhibido, muy hablador y con buena dicción y una cultura superior a la que poseían sus compañeros. Ya sabía lo que era amar, porque una chica mayor que él en algo más de cinco años lo inicio en esas lides, pese a eso, era muy respetuoso con sus amigas y la enamoradita.
Viajó en un mes de mayo antes de cumplir los 18 años, dejando un gran vacío entre los amigos y parientes, él también sufría profundamente ese alejamiento, porque todavía era un niño. Le sirvió de mucho el tiempo vivido en seminario, esa experiencia le había dado una sólida formación religiosa acostumbrándolo a ser responsable. Era voluntarioso y sus ensueños le sirvieron para trazar sus planes y sobre todo, lo impulsó el deseo de demostrase a sí mismo y a los demás que podía, que tenía el coraje y la determinación para crecer y no desviarse de su proyecto de vida.
Después de un viaje por tierra de cinco días y cuatro noches, llegó a una estación de por lo menos 10 andenes, en una ciudad de más de 4 millos de habitantes, después de haber partido de una pequeña ciudad de no más de 350 mil. Se alojó en una pensión de un buen barrio y los primeros meses compartió dormitorio con otros 4 jóvenes, todos emigrantes, pero del mismo país, humildes y muy trabajadores, que lo acogieron de muy buena gana y lo guiaron para que tuviera una vida placentera. La dueña de la pensión, también emigrante española, lo ayudó en lo que pudo y le dio un trato preferencial. Él también sabia comportarse con las persona mostrando mucha educación y respeto. Se prestaba a largas conversaciones sobre cualquier tipo de tema, porque en el internado le hicieron leer mucho, inclusive había pasado clases de latín, italiano, griego, inglés y las materias de los tres primeros años de la secundaria. También había leído algunas obras de teatro y le enseñaron las nociones básicas de periodismo, además de haber interpretado algunas de las obras de teatro que había leído. Sabia jugar a los naipes, ajedrez, domino y otros juegos de mesa, lo que también le daba para poder entablar conversaciones más o menos serias.
En su nueva situación como emigrante, lo primero que hizo fue buscar trabajo y en una semana después ya estaba trabajando. Antes de pasar un mes ya se había inscrito en un instituto para adultos para pasar clases desde las 17:00 hasta las 22:30. El primer trabajo fue de mensajero en una lencería, después trabajó con los amigos de la pensión unos tres meses, luego trabajó en una fábrica muy importante con un plantel de más de 700 obreros. Se inicio con el trabajo de operador de fotocopiado (fotocopiadora de amoniaco) y ordenado los planos y armado las carpetas para ingeniería y archivo. Luego pasó como operario en la sección control de calidad y por su buen desempeño fue ascendido a supervisor de control de calidad. En ese trabajo estuvo algo más de dos años y medio, hasta que decidió retornar a su país.
Al regresar a su país, concluyó el bachillerato en un colegio privado en horario nocturno, durante el día trabajaba como auxiliar de oficina aplicando lo que estudio mientras estuvo de emigrante. En este nuevo trabajo, aprendió el llenado de declaraciones impositivas para empleados y el manejo de máquina perforadora de tarjetas IBM y operación de máquinas NCR de barras fijas para registro contable del libro diario y mayores en tarjetas. Su tiempo estaba totalmente copado por el trabajo y los estudios, pero pese a eso se daba tiempo los fines de semana para juntarse con las amigas, ir a bailar o simplemente para conversar o practicar algún juego de salón, pero además de eso con otras muchachas tenían salidas medio escondidas, pero esas amistades no eran duraderas, como máximo tres encuentros y cambiar por otra.
En una fiesta de año nuevo, entro a una fiesta sin ser invitado y quedó prendado de una muchacha que lo miro con insistencia y sin ninguna inhibición se le acercó y le dijo:
—Estás solo.
Él respondió —Si, y vos.
—Yo también, bailemos.
Y de buenas a primera se pusieron a bailar bien apegaditos, ella muy cariñosa y el asequible al avance de la muchacha. Después de bailar así muy románticos, incluso la música más movida, ella le dijo:
—Te puedo dar un beso.
Sin esperar respuesta se besaron apasionadamente mientras bailaban y los que estaban cerca de ellos comenzaron a hacerles burla y aplaudirlos. Dejaron el salón y se fueron directamente al jardín y como la noche estaba fría retornaron al salón y siguieron bailando, con el montón de gente a su alrededor, pero como si ellos fueran los únicos y estuvieran en las nubes. Esa muchacha era muy bonita con unos ojos verdes, cabellos bien rubios y un cutis lozano, casi no llevaba maquillaje, con un cuerpo bien formado y unas manos finitas, suaves y delicadas. Cuando estaba amaneciendo se acercó a ellos una morenita muy agraciada y les dijo:
—Nos vamos.
Salieron de la fiesta los tres y se fueron caminando hacia el mercado donde desayunaron, luego tomaron un taxi y se fuera a la casa de ellas. Eran primas y vivían juntas, la rubia estaba de visita porque vivía en otra ciudad. La casa de ellas era cerca de la casa de él y por lo tanto después de despedirse con besos muy cariñosos, él siguió camino a su casa caminando, ya cuando el sol salía en el naciente con una claridad asombrosa.
Ese enamoro duro más o menos un año, pero ella se quedaba muy pocos días en la casa de sus parientes y después retornaba a la ciudad de su residencia, cuando estaban juntos paseaban, iban al cine, a alguna confitería o a comer hamburguesas y cuando están en el salón de su casa escuchaban música y se besaban, pero de eso nunca pasaban porque casi siempre estaban acompañados de su prima la morenita que también afilaba con su enamorado. Además, él la cuidaba y respetaba por demás.
Cuando la rubia estaba en su ciudad él salía con una compañera de trabajo, con la que iban a bailar, al cine y se quedaban charlando en alguna confitería o se quedaban en la casa de ella a conversar o jugar naipes u otros juegos en los que participaba su madre y la hermana mayor. Eran muy buenos amigos, pero ella nunca le dijo que estaba enamorada de él, pero muy respetuosa, lo mismo él. Recién cuando él se fue a vivir a otra ciudad ella quedó muy triste y le contó a la madre del muchacho, que ella estaba muy enamorada y le dolió mucho que él se decida por otra persona y lo que la alegraba igual que a la madre de él, era que hubiera terminado el amor con la rubia.
También estuvo frecuentado una dama que seguramente tenía unos 12 años más que él, ella lo conquisto y compartían salidas a bailar, cenar, y al teatro y al cine. Ella corría con todos los gastos Tenia. una hija un poquito menor que él muchacho y se cuidaba de que no la descubra cuando estaban juntos, el ingresaba a su casa por el garaje, para tener encuentros fortuitos a altas horas de la noche, incluso después de que él visitaba a la rubia, pero cuando ella no estaba salían con mayor frecuencia.
En su primer vacación de trabajo el muchacho viajó a la ciudad donde radicaba la rubia, pero no pudieron verse mucho, ella tenía dos hermanos y una madre muy estricta, solamente salieron el primer domingo y fue para ir a misa y tomar un helado. En esa ciudad conoció muchas chicas, pero quedó prendado de una que lo impacto, de tal manera que en un abrir y cerrar de ojos se olvidó de la rubia. No volvió más donde ella, ni por casualidad, pese a que estaba alojado donde unos parientes que vivían a menos de una cuadra de la ex enamorada. Como se diría en términos onomatopéyicos, del sartén brincó a las brasas. Cupido flecho tan fuerte que se olvidó por completo de la noviecita.
Apenas transcurrió un mes y la nueva enamorada fue a visitarlo a donde él vivía y de esa manera nació un gran amor y el quedó prendado «patas y todo», al extremo que decidió emigrar a la ciudad donde ella vivía y ni pasó un mes el también aprovecho de una licencia por enfermedad y se trasladó a visitarla. En ese viaje decidió definitivamente dejar su casa y trasladarse a esa ciudad, pese a que sus planes eran emigrar a Europa. Hizo todo lo que estuvo a su alcance para ser traslado por la empresa donde trabajaba, e incluso aceptó que le bajen el sueldo casi a la mitad con la condición del traslado. Confiaba en él y sabía que podría encontrar otro trabajo mejor remunerado y con la ayuda de un amigo consiguió uno donde le pagaban el triple de lo que estaba ganando y el 50% más que lo que ganaba en su ciudad.
En pocos años de vida había pasado por diferentes escenarios, después de observar cómo vivían los parientes y comparar como vivía su familia directa, se dio cuenta que pertenecía a un grupo social que puede ser considerado de clase media. El recuerdo de cómo era la casa donde pasó sus primeros años, desde el comienzo del colegio hasta que termino la primaria, una casa modesta pero con todas las comodidades y algunos lujos. Después tener que compartir el dormitorio con otras 60 personas, una cama de fierro con una cómoda que oficiaba de ropero, un estudio donde también compartían con las mismas personas y de la misma manera el comedor, todo bajo normas estrictas de educación, respeto y compañerismo. Mucha oración y total disciplina. Después vivir en una pensión, sin ningún tipo de control y solamente la obligación de trabajar, estudiar y sobrevivir, sin ningún cariño, sin ninguna observación salvo las normas regidas por la fábrica, el instituto y la pensión. Vivir en casa propia con el cariño de la madre, con el respeto y la disciplina impuesta por el padre y comparando eso con la forma de vida de los amigos. De ese escenario pasar a una pensión de ciudad pobre sin ningún comodidad, pero con el cariño expresado por una muchacha que le llenaba «la casita del ojo».
Siguió enamorando y cada vez más convencido que era su gran amor, al extremo que después de un año y medio de enamorar decidieron casarse. Después de estar casi un año trabajando y enamorando postuló a la universidad y logró vencer los exámenes de ingreso y comenzó a estudiar, ampliando sus conocimiento en los temas que como técnico había estudiado en el exterior, lo cual le fue de gran utilidad. El gran salto, vivir en un departamento con todas las comodidades y junto al gran amor de su vida, dedicado totalmente al trabajo, a los estudios y la vida familiar. Como lógica consecuencia vinieron los hijos y desde el principio, la gran ayuda de los suegros, especialmente de la suegra y el apoyo de los amigos.
Después de cinco años de matrimonio, con casa propia, con estudios concluidos y trabajando en forma independente con gran apoyo de la compañera y colaboración de los amigos, la vida tuvo un cambio total y si veía que los planes se concretaban y poco a poco se notaba el progreso. Pero no todo es color de rozas, a los 6 años surgió un problema que golpeo tremendamente al muchacho y lo hizo cambiar en términos emocionales, pero como él era relativamente valiente supo campear ese mal momento, pero a partir de entonces él ya no fue el mismo, se convirtió en infiel y cambió su romanticismo, trató de superar su trauma con mayor trabajo y asumiendo mayores responsabilidades, pero procuro no modificar su rutina con su gran amor y con la dedicación a los hijos.
Contrajo mayores obligaciones laborales y financieras, en un principio por temas del trabajo se alejó de la familia y prácticamente compartía con ellos desde el domingo al mediodía, hasta el lunes después del almuerzo, el saldo estaba en el trabajo alejado de la familia, eso durante tres años, el cuarto estuvo más tiempo e inicio una nueva rutina laboral como empleado de una gran empresa, en un cargo de mucha responsabilidad y con buenos ingresos, pero ya debía cumplir tres obligaciones laborales, seguir colaborando a sus suegros a partir del viernes al final de la tarde, hasta el domingo antes del almuerzo, cumplir el horario de oficina de lunes a viernes y en las noches y los ratos libres atender la actividad de su propia empresa. Pese a ese ritmo frenético siguió dándose tiempo para el cine, salir a bailar y divertirse con los amigos.
Esa actividad pienso que de alguna manera afecto su relación de amor, porque además «sacó los pies del plato» y como respuesta obtuvo la indiferencia de su gran amor, que se dedicaba por completo a sus actividades laborales y a la atención de los hijos, lo que le toman todo su tiempo incluso los días festivos y los fines de semana, trabajaba con una amigas haciendo trabajos de macramé, cerámica, pintura, arreglos florales y también viajaba con las amigas y algunas veces con él, pero bajo insistencia y para cumplir compromisos con los parientes y amigos.
Volvió a trabajar en forma independiente, pero esta vez desde su casa con trabajos de alta tecnología, en esa actividad le quedaba más tiempo para compartir en familia, pero su gran amor también permanecía mucho más tiempo alejada de la casa cumpliendo las obligaciones contraídas con las amigas con las que realizaba los trabajos nombrados.
Estando en Francia uno puede tener acceso a lugares icónicos de los masones que pertenecieron y pertenecen a la francmasonería, la cual es llena de lugares ocultos y múltiples secretos que resultan incomprensibles y que atraen la atención de algunos curiosos y es tanto el misterio de esos lugares que a momentos serian como que el viento sopla frio, pero al extremo que se paraban los pelos de puntas y la piel asumía ser piel de gallina, pero de gallina recién desplumada, tarea realizada con agua fría.
Entramos a un recinto que tenía la apariencia de una cueva, incluso se sentía como si fuera una gruta cavada en las rocas. Quien nos guiaba relataba paso a paso los lugares por donde se circulaba, lo realizaba con un timbre de voz, cuyo tono sonaba o mejor dicho reverberaba con tanto misterio que impresionaba. Era un tours que nos mostraba escenas esotéricas que acompañaban la alocución de nuestro guía, el mismo que nos hacía unas recomendaciones que asemejaban ridiculeces, como que tengamos cuidad de no posar las manos en algunos objetos o que si encontrábamos algo que aparentaba estar descuidado, olvidado o dejado intencionalmente por alguien que podía haber sigo un anterior turista, lo dejemos en el mismo lugar.