En cualquier lugar
En cualquier lugar
Pobre hombre, alguien lo vio sentado en una playa, cabizbajo y con los parpados húmedos por el llanto, llanto que sin querer le escurría silenciosamente por las mejillas y goteaba en su camisa que se notaba húmeda.
En este mundo existen muchas personas que, al igual al hombre sentado en esa playa desconocida, dejan caer sus lágrimas por diferentes motivos. Algunas veces esa tristeza es comprensible, porque el dolor que los embarga, sin ser justificable produce ese dolor en el alma de esos individuos.
Los motivos para estar triste son múltiples, algunos al extremo de producir que las personas sollocen o por lo menos las lágrimas se desprendan de sus ojos. En otros casos la tristeza produce que se suspire profundamente y en algunos casos su voz emita sonidos de dolor que involuntariamente son expelidos por los pulmones de quien siente el dolor que se expresa de esa manera.
Otras veces las personas que están tristes no muestran señas exteriores, pero al tener el alma atormentada prefieren quedarse en silencio y algunas veces incluso podrán mostrar un rostro ligeramente risueño, pero interiormente estará quebrado. Incluso hay personas que su forma de disimular su dolor es mostrándose alegres e incluso eufóricos, como es el caso que está expresado en la poesía de Juan de Dios Peza «Reír llorando».
Ese poema lo siento muy inspirador y pertinente para nuestra experiencia de vida. Alguien dijo: Recuerdo una frase de mi madre: «Solo Dios sabe lo que yo siento». Muchas vivencias las guardamos para nosotros mismos y somos cómplices de nuestros propios recuerdos y pensamientos. Existen rincones en nuestro espíritu a los que no le permitimos a nadie explorarlos y mucho menos transitar por esas rendijas solo nuestras. Todos en algún momento de nuestra existencia somos como Garrik, «aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas».
Cada persona al igual que aquel pobre hombre de la playa exterioriza sus sentimientos, algunos necesitan esconderse en alguna playa desconocida para que nadie se entere de su dolor, otros en cambio prefieren que todo mundo se entere que está sufriendo. Los victimistas, se disfraza de víctimas, consciente o inconscientemente, simulando una agresión o menoscabo inexistente y responsabilizan erróneamente al entorno o a los demás. Eso solamente por el gusto de que los compadezcan y sentirse rodeados por seres que los comprenden y los acompañan en su sufrimiento.
Sor Teresa del Niño Jesús es alguien que sufría mucho desde muy temprana edad y estoicamente resistía todas las adversidades, con la esperanza de cumplir un deseo que la acompaño desde muy corta edad. Ella quería llegar a ser santa y en la época de la primer guerra mundial mostro una seria de milagros que obligaron a la iglesia a beatificarla, después canonizarla y por último nombrarla doctora. Escribió mucho y de las 62 poesías existe una muy bonita:
Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero. Vivo ya fuera de mí, después que muero de amor; porque vivo en el Señor, que me quiso para sí: cuando el corazón le di puso en él este letrero, que muero porque no muero. Esta divina prisión, del amor en que yo vivo, ha hecho a Dios mi cautivo, y libre mi corazón; y causa en mí tal pasión ver a Dios mi prisionero, que muero porque no muero. ¡Ay, qué larga es esta vida! ¡Qué duros estos destierros, esta cárcel, estos hierros en que el alma está metida! Sólo esperar la salida me causa dolor tan fiero, que muero porque no muero. ¡Ay, qué vida tan amarga do no se goza el Señor! Porque si es dulce el amor, no lo es la esperanza larga: quíteme, Dios esta carga, más pesada que el acero, que muero porque no muero. Sólo con la confianza vivo de que he de morir, porque muriendo el vivir me asegura mi esperanza; muerte do el vivir se alcanza, no te tardes, que te espero, que muero porque no muero. Mira que el amor es fuerte; vida, no me seas molesta, mira que sólo me resta, para ganarte perderte. Venga ya la dulce muerte, el morir venga ligero que muero porque no muero. Aquella vida de arriba, que es la vida verdadera, hasta que esta vida muera, no se goza estando viva: muerte, no me seas esquiva; viva muriendo primero, que muero porque no muero. Vida, ¿qué puedo yo darle a mi Dios que vive en mí, si no es el perderte a ti, para merecer ganarle? Quiero muriendo alcanzarle, pues tanto a mi Amado quiero, que muero porque no muero.
Miguel Aramayo
SCZ.02-08-2024
