YO y ¿quién más?
YO y ¿quién más?
Algunas veces pienso que estoy solo, pero no, nunca estoy solo, porque estoy yo y yo conmigo.
No es solo una sensación, es una realidad, podemos conversar y solo ese hecho demuestra que somos dos, él y yo.
Si alguien me ve, pensará que estoy solo, porque me ve a mí, pero no ven a quien conversa conmigo, porque siendo dos, solo uno se muestra a los demás.
Ese que se muestra a los demás soy yo, pero solo yo sé que somos dos.
No es algo imaginario, es real, pero es solo para mí, no para los demás.
Para los demás estoy solo y como no tengo intenciones de discutir, los dejo con esa sensación.
El hecho de estar siempre acompañado es algo que me alegra y me demuestra que no estoy solo, ni sufro de soledad ni de abandono, porque estando yo conmigo, es signo de que estoy acompañado.
Puedo compartir conmigo todo lo que alegra mi corazón y mi cerebro goza de vernos o sentirnos a los dos, tan unidos que compartimos el mismo espacio, los mismos pensamientos, las mismas alegrías.
Las memorias son comunes, lo mismo que los recuerdos, eso también es una muestra de que compartimos todo.
El compartir es otra muestra de que no estoy solo, que somos dos, porque compartir significa que no necesitamos dividir, aunque él está conmigo y yo con él.
En este momento, mientras escribo yo, él lee lo escrito, pero al estar tan unido no me critica y acepta lo que digo, mejor dicho, lo que escribo.
Muchos podrían pensar que estoy loco, porque alego que no estoy solo, eso porque los demás no ven que estoy acompañado y que somos dos porque él está aquí y yo estoy con él y él conmigo.
Dios me comprende, porque Él a su vez son tres y todos sabemos que no son tres, sino un solo
Dios, pero algunas veces solamente vimos a uno y no los vimos a los otros dos y siempre son tres, indivisibles.
No quiero pecar de soberbio y ser irrespetuoso, tampoco quiero compararme, porque soy un ferviente creyente y respetuoso de Dios, como hombre y como cristiano.
Miguel Aramayo
SCZ.28-11-2024
