Los ángeles y el amor simplemente humano
Los ángeles y el amor simplemente humano
Estoy convencido de que los ángeles existen. Algunos son más conocidos que otros, y entre ellos hay quienes parecen tener un papel especial en los asuntos del amor humano. Siempre pensé que el ángel Gabriel debía ser uno de esos.
Yo, sin embargo, tengo a mi propio guardián, al que llamo el Ser Chiquito. Una noche, en la penumbra de mi cuarto, decidí hablar con él. No sé si fue un sueño o una revelación, pero lo sentí tan real como el latido en mi pecho.
—¿El amor puede ser entendido de diferentes maneras? —pregunté.
El Ser Chiquito sonrió con un resplandor que no era de este mundo y me respondió:
—Sí. El amor es un río que nunca corre igual. Puede ser romántico, familiar, de amistad, o el amor que te das a ti mismo. A veces se expresa en palabras, otras en silencios. Puede caber en un abrazo, en un regalo sencillo o en la paciencia de esperar. El amor es universal, pero se viste distinto en cada alma.
Pensé entonces en mi primer amor y no pude evitar la siguiente pregunta:
—¿Ese primer amor puede ser perdurable, incluso si después conocemos a otra persona?
El ángel bajó la mirada, como si también recordara algo, y respondió:
—Sí. El primer amor deja huellas que no se borran. Es fuego que marca la memoria, aunque luego aprendas a amar de manera más serena, más sabia. No lo reemplaza el presente, solo convive con él en tu corazón.
Aquello me conmovió, pero aún quedaba una duda en mí.
—¿Puede existir un sentimiento más fuerte que el amor?
El Ser Chiquito me miró con ternura, como quien comprende la fragilidad humana, y dijo:
—Sí. A veces el miedo gobierna más fuerte que el amor. O la pasión por un sueño quema con más intensidad. Pero recuerda, el amor no siempre es emoción: también es decisión, compasión y sabiduría. En su madurez, el amor se convierte en el sostén de todo lo demás.
Por último, con algo de vergüenza, me animé a preguntar lo que más me intrigaba:
—¿Podrá existir amor entre los ángeles?
El Ser Chiquito río suavemente, como si la pregunta fuera un juego de niño.
—No como tú lo entiendes. Los ángeles no tienen cuerpo, ni deseo, ni ese anhelo ardiente que habita en los hombres y mujeres. El amor de los ángeles es de otro orden: espiritual, divino, tan inmenso que solo apunta hacia Dios y hacia ustedes.
Después de esas palabras, el silencio volvió. No supe si el Ser Chiquito se desvaneció o si simplemente se quedó callado, acompañándome como siempre. Solo sé que esa noche dormí en paz, con la certeza de que el amor —en cualquiera de sus formas— sigue siendo el lenguaje más cercano a lo eterno.
Miguel Aramayo
SCZ.23-09-2025
