Historia algo cálida
Historia algo cálida
Dicen que Alá instituyó un premio para los de yihad islámica o guerra santa. Si un yihadista muere peleando, generalmente creen que su muerte en combate le otorga el martirio y el acceso directo al paraíso. Esta creencia, conocida como shahada, está asociada con el concepto de «martirio» o shahid, que es la recompensa por morir en batalla por su causa. El premio para los mártires es un estatus celestial muy elevado. Según la tradición, reciben siete bendiciones de Alá, que incluyen el perdón de todos sus pecados, ser mostrados su lugar en el Paraíso, ser librados del tormento de la tumba, estar seguros en el Día del Juicio Final, recibir una corona de dignidad, casarse con vírgenes (hur al-‘in) y la posibilidad de interceder por setenta de sus parientes.
«Hur al-‘in» significa «compañeras puras de ojos bellísimos» y se refiere a las doncellas del paraíso islámico, una recompensa para los creyentes. Estas son descritas en el Corán y los hadices como seres de gran belleza y juventud eterna que acompañarán a los hombres piadosos en el más allá.
Todo lo expresado hasta ahora es para poder ubicar lo que rodea la historia de un muyahidin. (En un sentido general, un combatiente islámico que lucha por su fe. Significa «el que lucha en la guerra santa» o «quien hace la yihad»). Con más de 25 años, se estaba preparando para atacar en el lugar donde lo destinaran quienes lo tenían. Lo hacía sin ningún temor y con la esperanza de que al sacrificarse por su fe se convertiría en mártir y por lo tanto ganaría lo que ofrece el Corán y los Hadices, que había leído como parte de su entrenamiento, que no solo era físico, sino que recibió una preparación espiritual; eso, sobre todo, porque la valentía la proporcionaban las armas, los explosivos con los que debería familiarizarse y el entrenamiento físico.
Estaba descansando, después de un día extenuante y se quedó dormido. En sus sueños sintió que había muerto y era transportado al paraíso en cuerpo y alma, porque había entregado su vida en una cruenta batalla contra los infieles, eran unos ángeles los que lo transportaban y cuando llegó al lugar que le correspondía, lo dejaron en manos de bellas hur al-‘in, que lo recibieron con honores y canticos alabando su coraje y valentía. Lo desvistieron con delicadeza y lo trasladaron a un baño de agua tibia y perfumada lo rociaron de aceites perfumados. Acariciaron su cuerpo de tal manera que el no pudo resistir la excitación y quedó templado mientras le acariciaban con ungüentos en su miembro, principalmente en el glande. Percibía como su cuerpo se erizaba y sufría un leve temblor.
Después de tenerlo un tiempo en ese baño, lo trasladaron casi alzado hasta un lugar donde con toallas muy finas lo secaban por todas partes de su cuerpo, después le hicieron una masajes con aceites y perfumes que dejaron su piel como si no tuviera bellos y con una suavidad asombrosa. Eran unas cuatro muchachas, que también se desnudaron y dejaron ver sus bellos cuerpos y sus rostros perfectos, con ojos entre verdes, celeste y color miel, cada una con fisonomía diferente y coloración de piel y cabellos, cada una de un tono distinto, pero todas hermosas. Lo acariciaban besaban por todas partes del cuerpo, como si se turnaran cada una para recorrer partes especificas y cada lugar con mayor ahínco.
Lo recostaron en un colcho de plumas y cada una de ellas lo fue poseyendo, cuidando de que él se sienta satisfecho, pero que conserve su virilidad por un tiempo más sin decaer ante los embates de cada una ellas. El estaba tan feliz que, si hubiera sabido que ese era el premio por su coraje, hubiera sido más arriesgado en los combates. No supo cuánto tiempo estuvo en ese paraíso, pero lo despertó la sirena del campamento y todo termino, por suerte había llegado al fin.
Miguel Aramayo
SCZ.28-11-2015 Ultimo dei hábil del penúltimo mes del año.
