Increíble el paso del tiempo
Increíble el paso del tiempo
Estaba en un tren que me trasladaba de Italia a Suiza, era en el Bernina Express (Tirano – St. Moritz/Chur) Estábamos pasando por Brusio y distraído escuchando la conversación de dos varones mayores que transcribo a continuación porque me pareció interesante y creo que vale la pena tener en cuenta, también nosotros pasaremos por esa etapa de la vía, «si Dios quiere« y si nos cuidamos para mantener bien la salud mental y la física.
Eran Francesco, que parecía italiano, por sus rasgos latinos, pelo oscuro y piel pálida, Alessio se notaba que era suizo por su fisonomía germánica, cabello rubio ojos azules.
—Alessio me sucede algo extraño cuando pienso en los años que tengo.
—Que te sucede Francesco.
—Me da la impresión de que tengo menos años que los que realmente he pasado cronológicamente, pero no son poquitos, son muchos años, me animo a decir que quizá son más de 20 años menos.
—Creo que eso es normal si te sientes bien, porque si te sientes enfermo y con dolores reumáticos, te pasa lo contario.
—Alessio, de salud estoy perfecto, tengo algunos dolores que son los típicos, pero incluso en ese sentido algunas veces pienso que soy indestructible, especialmente cuando me tomo unos tragos de más de vino o cerveza, porque son los únicos licores que consumo y de vez en cuando si hace mucho frio y es producto de mi Italia querida, tomo una grapa, si es Nardini de Véneto mucho mejor.
—Intelectualmente algunas veces me siento como si tuviera unos 60, trabajo, escribo, pienso me informo y converso con gente joven, mucho más joven que la edad que nombro y veo que estoy al día, en noticias, moda e incluso en avances tecnológicos.
—Claro Francesco, te creo y encuentro razonable, porque todavía trabajas cumpliendo horarios como si no fueras jubilado y te reúnes con gente que tiene muchos menos años que los tuyos, son ellos los que te contagian su juventud.
—Y vos ¿cómo te sientes Alessio?
—Ya estoy pisando los 82 y me siento como me corresponde a esa edad física y biológica, pero todavía sigo admirando a las mujeres bonitas y observando incluso a las feas. Claro que desde que soy viudo entré al cuartel de invierno y solo vivo de los bellos recuerdos de las muchas travesuras en mis años mozos.
Siguieron hablando de otros temas y recordando tiempos pasados, sin descuidar las noticias de la actualidad y algunas cosas de las posguerra, porque ambos tenían casi los mismos años de cuando termino la segunda guerra. En Poschiavo, que es un pueblo más grande que Brusio, me baje antes de la subida a los Alpes.
Miguel Aramayo.
SCZ.15-01-2026
