Tengo un corazón a flor de piel
Tengo un corazón a flor de piel
Algunas veces como ahora, no escribo solo porque me gusta, escribo porque siento la necesidad de expresar lo que llevo dentro, lo que me hace pensar y tener la seguridad de que soy hijo de Dios, que él me creo con un objeto, una finalidad, no solo porque se juntaron dos genes, por el fruto del amor de una pareja. Creo que, si tuve la suerte de saber escribir, debo plasmar en letras lo que llevo en mi cerebro y lo que dicta mi corazón.
Hoy desperté igual que todos los días —todos los días lunes— pensando en que debo trabajar, porque eso es lo más importante en la vida de un hombre, aunque lo realmente importante es despertarse pensando en los demás, no solo en los seres que nos rodean y que dependen de nosotros, —NO— pensando en todos nuestros semejantes.
Tuve la suerte de escuchar: el discurso del médico pediatra argentino Dr. Abel Pascual Albino, en el Senado de Argentina, y del capitán de la Marina estadounidense, Victor Glover, piloto de la histórica misión Artemis II de la NASA, que habló desde el espacio.
El primero se expresó sobre el cuidado que debe tener un ser humano desde que es gestado hasta sus dos años, para proteger su cerebro y seguir cuidándolo con buena alimentación, pero no solo de pan, sino de cariño para que tengan un adecuado desarrollo y pueda seguir progresando con una educación, que sin alimento y cariño la educación podrá hacer muy poco.
El eje central de su discurso fue que la desnutrición infantil en los primeros años de vida tiene efectos irreversibles en el desarrollo físico y cerebral. Sostuvo que los primeros 1000 días (desde el embarazo hasta los 2 años) son decisivos para el futuro de una persona.
Planteó que el hambre no es solo falta de comida, sino también mala alimentación, falta de educación, higiene y estimulación, y que esto impacta directamente en el aprendizaje y el rendimiento escolar.
Propuso que para un desarrollo infantil adecuado se necesitan condiciones básicas: buena nutrición, educación, agua potable, saneamiento y acceso a la salud (como vacunas).
El capitán de la misión Artemis II dijo: Hay algo profundamente conmovedor en imaginar a un ser humano alejándose de la Tierra… viendo desde el silencio del espacio aquello que nosotros, muchas veces, damos por sentado.
Cuando alguien ve la Tierra desde lejos, sin fronteras, sin ruido, sin divisiones…comienza a verla como realmente es: un regalo. Un oasis suspendido en la nada. Una «nave« cuidadosamente diseñada donde habita la vida… donde habita el amor… donde habita el propósito.
Qué contraste tan poderoso… Mientras la humanidad busca explorar otros mundos, Dios sigue recordándonos cómo vivir correctamente en este.
«Señor, perdóname por las veces que he vivido sin asombro, sin detenerme a ver Tu mano en todo lo que me rodea. Gracias por este mundo que creaste con tanto detalle, por la vida que me diste, y por recordarme, incluso desde el espacio, que lo más importante no es llegar más lejos…
sino amar más profundo. Enséñame a amarte con todo mi corazón, y a ver a los demás con tus ojos. Que nunca olvide que vivo en un milagro… y que fui creado para reflejar Tu amor». Amen.
Esas dos personas con sus palabras me impactaron e hicieron que me decida a escribir, expresando mi opinión. Lo único que se me ocurre es decir que, debemos pensar, amar y orar, en lo posible colaborar.
Miguel Aramayo
SCZ.20-04-2026
