Y Dios creo al hombre y la mujer
Y Dios creo al hombre y la mujer
Muchas veces me pongo a pensar en la «inmortalidad del cangrejo», son ideas que tengo metidas en mi cerebro y otras veces chifladuras que se me ocurren pensar cuando tengo mi mente divagando, por simple ociosidad. Lo que expresaré ahora corresponde a uno de esos pensamientos.
Dios creo al hombre y lo doto de un cuerpo —que modelo de arcilla— un alma y algo muy escondido que yo lo denomino intimidad. El cuerpo es visible y perecedero, el alma es invisible para el saldo de los humanos y solo percibida para que la vea y la cuide Dios, es eterna. La intimidad es perecedera y solo le pertenece a cada hombre y tiene varias divisiones: pude ser intimidad fisiológica, intimidad sentimental y quizá de otros tipos. No es la conciencia y en general no es autónoma depende del sistema límbico y se maneja más que todo por la producción hormonal de cada persona. El espíritu es el canal de comunicación con Dios.
Según la tradición bíblica (Génesis 2:7), Dios creó al ser humano formado del polvo de la tierra (cuerpo físico) y sopló en su nariz aliento de vida, convirtiéndolo en un ser viviente con alma y espíritu. Esta unión constituye una unidad indisoluble, creando al hombre a imagen y semejanza divina, dotado de inteligencia y voluntad.
La diferencia entre alma y espíritu: radica en que el alma es la esencia individual, sede de la personalidad, mente, emociones y voluntad, mientras que el espíritu es la parte más profunda e inmaterial que conecta con lo divino o trascendente. En un sentido tripartito (cuerpo, alma, espíritu), el alma nos relaciona con el mundo y el espíritu con Dios.
El alma y el espíritu son los dos principales aspectos inmateriales que la Escritura atribuye a la humanidad. Puede ser confuso intentar distinguir las diferencias exactas entre los dos. La palabra «espíritu», se refiere sólo a la parte inmaterial del hombre. La raza humana tiene un espíritu, pero nosotros no somos un espíritu. Sin embargo, en la Escritura, sólo los creyentes, aquellos en quienes habita el Espíritu Santo, se dice que están «espiritualmente vivos» (1 Corintios 2:11; Hebreos 4:12; Santiago 2:26), así como los no creyentes están «espiritualmente muertos» (Efesios 2:1-5; Colosenses 2:13). En los escritos de Pablo, el «espíritu» era el eje de la vida espiritual de un creyente (1 Corintios 2:14; 3:1; Efesios 1:3; 5:19; Colosenses 1:9; 3:16). El espíritu es el elemento que le da al hombre la habilidad para tener una relación íntima con Dios. Siempre que se usa la palabra «espíritu», se refiere a la parte inmaterial del hombre que se «conecta» con Dios, quien en sí mismo es espíritu (Juan 4:24).
Pienso que la amígdala cerebral y el hipotálamo son las partes del cuerpo humano que se conecta espiritualmente con dios y que son los órganos que alberga el alma humana. Es parcialmente correcto decir que la amígdala comanda el sistema límbico, pero en realidad es un componente central clave. La amígdala funciona como un centro de procesamiento de emociones intensas, especialmente el miedo, la ira y la alerta, pero el sistema límbico funciona como una red coordinada que incluye otras estructuras fundamentales. La amígdala procesa emociones, especialmente el miedo, el peligro y la memoria emocional, mientras que el hipotálamo regula funciones fisiológicas de supervivencia como el hambre, la sed, la temperatura y la liberación de hormonas.
Y termino diciendo que: Creo que la intimidad depende directamente del hipotálamo, por eso digo que no es autónoma y que forma parte del sistema límbico. El cuerpo depende del cerebro y el alma de la amígdala cerebral. El espíritu es el canal de comunicación con Dios.
Miguel Aramayo
SCZ.13-05-2026
