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Una extraña experiencia

1 Ago

Una extraña experiencia

Una extraña experiencia

 

Una persona mayor, de la tercera edad, viviendo solo en París, hizo amistad con el conserje del edificio, este tenía dos hijos adolescentes: el muchacho de más o menos 16 y la muchacha de unos 14. Eran hijos que los tuvo después de los 45, por lo tanto, cuando el viejo los conoció, él conserje estaba alrededor de los 60 o quizá algo más. Los chicos vivían con la madre que por ese entonces estaba bordeando los 40 o quizá un poco más, pero como se mantenía buena moza, era difícil calcular su edad y por vergüenza no se animaba a preguntar al marido o a los hijos, con los que de vez en cuando tenía contacto; con Luis, que así se llama el varón, conversaba de vez en cuando, con la chica solo el saludo.

 

El viejo, que se llamaba Xavier, era del sur de Bolivia; hablaba de vez en cuando con Horacio, el conserje, un argentino nacido en Tucumán. Las charlas no eran muy frecuentes, pero cuando se juntaban era por mucho tiempo y se tomaban muchísimos mates en poro y concluían la conversación con la promesa de comer un asado en la casa del conserje, que vivía fuera de la urbe, en un pueblito de nombre Auvers-sur-Oise, a 35 km al norte de Paris. famoso por haber sido el refugio de Vincent van Gogh, con callejones pintorescos y paisajes que inspiraron al pintor impresionista y según algunos: loco.

 

Horacio, «el gaucho», como era llamado por el viejo, en las charlas de todo un poco, siempre sacaba a colación la relación con su hijo Luis, a su hija Mariana casi nunca la nombraba. Luis, según su padre, era rebelde y sin aspiraciones, dedicado a la música y la tecnología, que se pasaba horas con el ordenador y el celular, enchufado a los auriculares, eso cuando estaba en la casa, que era poco el tiempo, porque prefería, según el padre, afilar con la novia en cualquier parque hasta altas horas de la noche.

 

Xavier, lo escuchaba y expresaba sus opiniones en base a la experiencia de haber criado a dos hijos varones y tener referencia de sus amigos, que también como padres tenían sus anécdotas y recomendación de sus hijos de ambos sexos y aproximadamente la misma edad de los hijos de Horacio y por lo tanto, ese intercambio de experiencias eran tomadas en cuenta por el Gaucho, para aplicarlas en la educación de sus hijos, aunque eso estaba más en las manos de su mujer, porque el compartía con los hijos muy poco tiempo, pero escuchaba las quejas y observaciones de su cónyuge.

 

En los asados, mientras el Gaucho estaba atendiendo la parrilla, Luis conversaba con el viejo, expresando sus preocupaciones y problemas que tenía en la relación con su padre. Él le contaba a Xavier cuales eran sus planes y objetivos y las dificultades de comunicación con Horacio. A la novia la nombraba muy poco, porque aparentemente era como algo pasajero, pero necesario. Estaba muy influenciado por la tecnología y tenía proyectos muy claros de cual sería su futuro, Pensaba estudiar una rama de la ingeniería volcada hacia la IA y la robótica y mostraba amplios conocimientos de lo que mencionaba en la charla, lo cual dejaba al viejo con ideas claras de cuál era el desarrollo del hijo del Gaucho.

 

Esas charlas entre Xavier y Luis dejaban al viejo con argumentos que podía usar en el intercambio de comunicaciones con Horacio, y por lo tanto, podría ayudar de alguna manera a suavizar la relación entre padre e hijo, lo cual consideraba positivo, porque de esa manera podía colabprar en la comunicación entre ambos, con beneficios mutuos y el viejo quedaba al margen, pero con la satisfacción de haber contribuido a una mejoría de las partes

 

Miguel Aramayo

SCZ. 30-06-2026 Maña es el matrimonio civil de mi nieta la hormiguita Colorada.