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Pequeño cuento

1 Ago

Pequeño cuento

Pequeño cuento

 

Alguien caminaba por el espacio y vio a un mendigo, parecía cantar o tocar un instrumento musical que era invisible, unas veces sonaba como piano y se escuchaba como Chelo, su eco era de violín. Se aproximó a él y supo que sus sonidos eran quejidos, que no tenía ningún instrumento, pero su garganta emitía sonidos, melodías, acordes, con tonalidades tan bellas. No quiso interrumpirlo, pero se detuvo para escucharlo y apreciar los bellos sonidos que brotaban de su garganta. Era un milagro, no podía ser que un ser humano se convierta en una orquesta, lo que sus oídos apreciaban en ese instante era acordes musicales de una belleza sin comparación.

 

Quedó extasiado, inmóvil, incapaz de comprender lo que estaba presenciando, las bellas melodías que encantaban sus oídos y exaltaban sus sentidos y sentimientos. No podía comprender lo que le sucedía, era como una trampa que le había puesto el destino, como que Dios quería probar su capacidad de apreciar la música, diferenciando el sonido de varios instrumentos y poder elegir cual producía mejores efectos en su ser.

 

Mientras escuchaba al mendigo, el tiempo pasaba y en su memoria surgieron unos ojos verdes y el recuerdo de viejos boleros, esos ojos eran los causantes de que se encuentre en ese lugarcito del espacio sideral, pero a su vez sintió que esos ojos se habían borrado, con el tiempo se difuminaron como si fueran nubes que se lleva el viento y en su lugar emergía el rostro de otra persona. Reconoció que ella le ofreció un amor que nunca hubo imaginado, ni soñado, pero que se convirtió en realidad, en la realidad que estaba viviendo desde mucho, muchísimo tiempo.

 

Se dio cuenta del increíble poder que tiene la música. El cerebro procesa los ritmos incluso antes que el lenguaje, activando simultáneamente áreas emocionales, de memoria, y evocan recuerdos profundos. El sonido de un instrumento es más que un simple estímulo: es una onda que transmite vibraciones a todo el cuerpo. La música es el lenguaje universal capaz de modificar emociones y unir a las personas.

 

Comprendió que la música y los sonidos moldean nuestra realidad a nivel neurológico y físico. Son capaces de alterar nuestro estado de ánimo, modificar la actividad cerebral, liberar hormonas del bienestar como la dopamina. El poder de la música abarca múltiples dimensiones de nuestra vida, cuerpo y mente. Escuchar o interpretar música estimula múltiples redes cerebrales de forma simultánea, incluyendo áreas vinculadas a la memoria, la emoción, la cognición.

 

Los quejidos del mendigo lo cautivaron en la inmensidad del universo que en ese momento habitaba y lo dejaron pensando que si ese hecho era real o simplemente una ensoñación de las tantas que gobiernan su imaginación o el mendigo era su amigo el Ser Chiquito, disfrazado para jugarle una broma y lo que escuchaba era un dispositivo digital oculto entre los harapos que lo cubrían en ese momento.

 

Miguel Aramayo

SCZ.14-07-2026