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Hazte de fama y échate en cama

2 Mar

Hazte de fama y échate en cama

Los refranes son dichos populares que se fueron constituyendo con el transcurrir del tiempo en frases con contenido ejemplificador, que almacenan mucha verdad. Basta recordar algunos, como el que uso para titular esto que estoy escribiendo o como algunos que transcribo a continuación con su correspondiente significado y que repetidos en el momento oportuno dicen más que muchos discursos, consejos y ejemplos.

 

A cada capilla le llega su fiestecita. (Significa que, a todos, tarde o temprano obtenemos lo que merecemos: bueno o malo)

 

A la vejez viruela. (Se refiere a que debemos aceptar la condición de los años. Se utiliza para afirmar que lo que no se hizo de joven, no se podrá hacer de grande.)

 

A caballo regalado no se le ve colmillo. (Se refiere a que no debemos cuestionar o criticar las cosas u objetos que nos obsequian.)

 

Árbol que nace torcido jamás su tronco endereza. (Se refiere a que las malas conductas y mañas no son fáciles de corregir.)

 

Con la vara que midas serás medido. (Alude a que todo lo hecho se nos regresa.)

 

Dios los hace y ellos se juntan. (Se utiliza para decir o dar a entender que dos personas son muy parecidas, ya sea en conducta o carácter.)

 

Camarón que se duerme se lo lleva la corriente. (Significa que las oportunidades las debemos tomar cuando llegan; de lo contrario, estas no volverán.)

 

Cría cuervos y te sacarán lo ojos. (Alude a que no les debe dar todo a los hijos.)

 

Del árbol caído todos quieren hacer leña. (Alude a las personas que se aprovechan de la desgracia ajena.)

 

Caras vemos corazones no sabemos. (Significa que nadie sabe lo que hay en el interior de otro.)

 

De tal palo, tal astilla. (Quiere decir que los hijos son iguales a los padres.)

 

De dicho al hecho hay mucho trecho. (Significa que es mejor hacerlo que decirlo.)

 

Del plato a la boca se cae la sopa. (Alude a que no hay nada seguro en la vida.)

 

Dime con quién andas y te diré quién eres. (Quiere decir que las personas se conocen de acuerdo a sus compañías.)

 

Agua que no has de beber déjala correr. (Quiere decir que situaciones u oportunidades que no vamos a tomar debemos dejarlas de lado para que otros las aprovechen.)

 

Dios aprieta, pero no ahorca. (Significa que, a pesar de todos los problemas de la vida,

al final siempre hay una solución.)

 

Donde hubo fuego cenizas quedan. (Habla de los recuerdos que se guardan al concluirse una relación amorosa.) 

 

Donde manda capitán no gobierna marinero. (Significa que no podemos mandar cuando tenemos a alguien de mayor jerarquía sobre nosotros.)

 

El ladrón cree que todos son de su condición. (Alude a que las personas critican en perspectiva de sus actitudes.) 

 

Arrieros somos y en el camino andamos. (Alude a que todo en la vida tiene un efecto bumerang, por lo que debemos ayudar al prójimo para que él en determinado momento también nos ayude.)

 

El que mucho abarca poco aprieta. (Alude a que no se puede tener todo)

 

Aunque la mona se vista de seda mona se queda. (Significa que no a todos nos ajustan ciertas cosas o prendas.)

 

Miguel Aramayo

SCZ.02-03-2017

 

26 Feb

Este no es un tema religioso

Creo tener sólidamente asentada mi formación religiosa y lo demuestro con la oración del credo: Creo en Dios Padre, en su Hijo nacido antes de todos los siglos y el Espíritu Santo, en la Virgen María madre que encarno a Jesús. Creo en la creación del cielo y de la tierra, lo visible y lo invisible, en el padecimiento del Hijo de Dios, que fue crucificado, muerto y sepultado, que descendió a los infiernos y que resucitó. Creo que subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre y que desde allí nos juzgará a vivos y muertos. Creo en la Iglesia, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados y la resurrección. (recopilación personal).

 

Tengo una gran fe por la Virgen Maria, la madre de Jesús y por intermedio de ellos, Jesús y María, me dirijo a Dios, el Altísimo. Pero como fui creado con libre albedrio y dotado de una mediana inteligencia, también me gusta analizar los escritos atribuidos a los Profetas, a algunos Apóstoles, como San Pablo, que es uno de los grandes autores del Nuevo Testamente, junto con los cuatro Evangelistas. También estoy consciente que intereses mezquinos dentro de los que manejaron la iglesia, hicieron cambios en las escrituras, suprimiendo algunos escritos que no convenían a sus intereses y tergiversando algunos otros escritos que, si quedaron para la posteridad, porque convenían a sus intereses y porque ellos, los miembros de la iglesia tenían el poder. Pero todo eso no modifica ni mi fe, ni mis creencias.

 

Es muy complicado opinar sobre temas religiosos, porque uno puede ser refutado por personas que tienen mayores conocimientos que uno, pero creo que escribiendo lo que pienso, no ofendo a nadie y por más que me busquen, no aceptaré polemizar sobre lo que expreso en este escrito, porque simplemente lo hago con el afán de compartir mis conocimientos y no para convencer a nadie o tratar de influenciar en el intelecto de los demás.

 

Uno de los personajes que realmente me impresionan en los escritos cristianos (entendiendo por cristianos a los católicos) es San Pablo, Ese Apóstol se llamó a sí mismo Paulos, en sus cartas escritas en griego. Este nombre aparece también en la “segunda epístola de Pedro” y en los “Hechos de los Apóstoles”. La forma griega de su nombre es Saúl, en hebreo moderno es Shaúl. El nombre, expresado en hebreo antiguo, equivaldría a Samuel igual que Pablo, significa “invocado”, “llamado” o “pedido (de Dios o de Yahveh).

 

Pablo de Tarso, originalmente Saulo de Tarso o Saulo Pablo, nacido entre los años 5 y 10 dC. En Tarso de Cilicia, actual Turquía centro-meridional y muerto martirizado por Nerón entre los años 58 y 67 en Roma, conocido como el Apóstol de los gentiles, es una de las personalidades del cristianismo primitivo. De sus epístolas (cartas) auténticas surge que Pablo de Tarso reunió en su personalidad sus raíces judías, la gran influencia que sobre él tuvo la cultura helénica y su reconocida interacción con el Imperio Romano cuya ciudadanía es nombra en el libro de los “Hechos de los Apóstoles”. Pablo no cambió su nombre al abrazar, fue la fe en Jesucristo como Mesías de Israel y Salvador de los gentiles. Como todo romano de la época, tenía un praenomem relacionado con una característica familiar, (Saulo, su nombre judío, que etimológicamente significa ‘invocado’, ‘llamado’), y un cognomen, el único usado en sus epístolas Paulus, su nombre romano, que etimológicamente significa “pequeño” o “poco”.

 

Su conocimiento de la cultura helénica —hablaba fluidamente tanto el griego como el arameo, lo que le permitió predicar el Evangelio con ejemplos y comparaciones comunes de esta cultura por lo que sus mensajes cosecharon éxito en territorios griegos. Pero esta característica también dificultó por momentos la exacta comprensión de sus palabras, ya que Pablo recurrió en ocasiones a nociones helenísticas alejadas del judaísmo mientras que otras veces habló como un judío estricto y observante de la Ley. Sin haber pertenecido al círculo inicial de los Doce Apóstoles, y recorriendo caminos jalonados de incomprensiones y adversidades, Pablo se constituyó en artífice de primer orden en la construcción y expansión del cristianismo en el Imperio romano, merced a su talento, a su convicción y a su carácter indiscutiblemente misionero, una de las cuatro corrientes básicas del cristianismo primitivo que terminaron por integrar el canon bíblico. De las llamadas epístolas paulinas, a los romanos, la primera y la segunda a los corintios, a los gálatas, a los filipenses, la primera a los tesalienses (probablemente la más antigua) y la a Filemón, por lo tanto, Pablo de Tarso es su autor indiscutido. Ellas (las epístolas) son, junto con el libro de los “Hechos de los apóstoles”, las fuentes primarias independientes cuyo exhaustivo estudio científico-literario permitió fijar algunas fechas de su vida, establecer una cronología relativamente precisa de su actividad, y una semblanza bastante acabada de su apasionada personalidad.

 

Miguel Aramayo

SCZ.26-02-2017 Ayer mi padre hubiera cumplido 98 años, pero ya no está con nosotros.

 

23 Feb

Tristeza y alegría

Leí en “Aguja de marear, de fecha 2 de junio de 2008”, usando Internet y encontré que lo que pensaba con mucha seguridad que era de Jorge Luis Borges, no era de él. A continuación, transcribo lo que leí: “El tono pretende ser lírico, pero el resultado es amanerado y prosaico, como si estuviera escrito por un adolescente que se compadeciese de sí mismo. Con estas nuevas reflexiones, reemprendo la búsqueda, esta vez, poniendo especial atención en los comentarios que traten de posibles traducciones. No tardo mucho en hallar la solución: su autora es Veronica A. Shoffstall, que a los 19 años escribió el original en inglés, “After a while”, del que pululan numerosas traducciones en varios idiomas y fragmentos anónimos por la red.”

 

Ese escrito, que unos dicen que fue escrito por Jorge Luis Borges y otros que fue Shakespeare y que según lo último que vi el autor es Veronica A. Shoffstall, me suena muy bonito y como no soy un experto en literatura y sí, soy un romántico de pacotilla, lo comparto con ustedes:

 

«Y uno aprende…  Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma. Y uno aprende… que el amor no significa acostarse y una compañía no significa seguridad. Y uno empieza aprender… Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas. Y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos. Y uno aprende… a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes, y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad. Y después de un tiempo uno aprende… que, si es demasiado, hasta el calorcito del sol quema. Y aprende… a plantar su propio jardín y decorar su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende… que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale. Y uno aprende y aprende… y con cada adiós uno aprende. Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado. Con el tiempo comprendes que solo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas. Con el tiempo te das cuenta de que si estas al lado de esa persona solo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla. Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado solo de amistades falsas. Con el tiempo también aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida. Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es solo de almas grandes. Con el tiempo te das cuenta de que, aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir. Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible. Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sea como esperabas. Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese único instante. Con el tiempo verás que, aunque seas feliz con los que están a tu lado, extrañarás inmensamente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado. Y aprendes que hay 3 momentos en la Vida que uno no puede remediar: La oportunidad que dejaste pasar, la cita a la que no asististe, la ofensa que ya pronunciaste. Con el tiempo también aprendes sobre El dinero… y entonces comprendes que: Puedes comprarte una Casa, pero no un Hogar, Puedes comprarte una Cama, pero no hacerte Dormir, Puedes comprarte un Reloj, pero no te dará el Tiempo, Puedes comprarte un Libro, pero no Conocimiento o lo que necesitas aprender, Puedes comprarte una Posición, pero no sirve para tener Respeto, Puedes comprarte Medicinas y pagar la consulta al médico, pero no te da Salud, Puedes comprarte Sangre, pero no Vida, Puedes comprarte Sexo, pero no Amor. Con el tiempo también aprendes que la vida es aquí y ahora, y que no importa cuántos planes tengas, el mañana no existe y el ayer tampoco. Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, ante una tumba, ya no tiene ningún sentido. Pero desafortunadamente, todo esto lo aprendes sólo con el tiempo. «

 

Según José Hernández en su libro Martín Fierro un verso dice:  Moreno, voy a decir según mi saber alcanza: El tiempo sólo es tardanza de lo que está por venir; no tuvo nunca principio ni jamás acabará, porque el tiempo es rueda, y rueda es eternidá; y si el hombre lo divide sólo lo hace, en mi sentir, por saber lo que ha vivido o le resta por vivir.  –  No aprovechan los trabajos Si no han de enseñarnos nada. El hombre, de una mirada Todo ha de verlo al momento. El primer conocimiento Es conocer cuándo enfada. –  El trabajar es la ley Porque es preciso alquirir. No se espongan a sufrir Una triste situación: Sangra mucho el corazón Del que tiene que pedir. –  Muchas cosas pierde el hombre Que a veces las vuelve a hallar; Pero les debo enseñar, Y es bueno que lo recuerden: Si la vergüenza se pierde, Jamás se vuelve a encontrar. –  Procuren de no perder Ni el tiempo ni la vergüenza; Como todo hombre que piensa Procedan siempre con juicio, Y sepan que ningún vicio Acaba donde comienza.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 23-02-2017

 

21 Feb

Ícaro y Dédalo

Así como Ícaro (Ikaros), hijo de Dédalo, arquitecto del laberinto de Creta (la isla más grande de Grecia), para esconder al Minotauro; y de la esclava Náucrate. Ambos presos del rey Minos, que controlaba el mar y la tierra. Decidieron escapar de la isla de Creta, para lo cual Dédalo fabricó alas para él y su hijo. Para hacer las alas, enlazó plumas con hilo, para el centro de las alas y para las laterales uso cera, con lo cual las encontró similares a las alas de los pájaros. Practicaron y lograron volar y cuando lo lograron decidieron escapar de la isla; el padre recomendó al hijo no volar muy alto, porque el calor podría derretir sus alas, pero tampoco volar bajo, porque el mar podría mojarlas y tampoco podría volar.

 

En su huida pasaron las islas de: Samos en el mar Egeo, Delos o isla de las liebres, Paros, casi sin vegetación, Lebitos y Kalimnos, donde estaba el templo de Apolo y más tarde una iglesia. Pero Ícaro se elevó mucho y el sol derritió la cera de sus alas y por más que agitaba sus brazos fue descendiendo y cayó al mar. Dédalo lloró la pérdida de su hijo y bautizo a esas tierras cercanas con el nombre de Icaria.

 

Dédalo llegó a Sicilia (Isla italiana en el mar Mediterráneo), donde buscó la protección del rey Cácalo y construyó un templo a Apolo donde colgó sus alas como ofrenda al Dios.

 

Pareciera que las historias se repiten, porque aquí, un personaje que desde muy abajo y con la ayuda de alguien que tenía mucho dinero por el petróleo, que ya no está con nosotros, porque Dios se lo llevó para que vea de cerca a Simón Bolívar, subió por las escaleras que suben todos los políticos, hasta que llegó tan alto, que pensó que podría volar, porque todos los que están a su alrededor le fueron construyendo alas que le dieron las ínfulas de sentirse más que Ícaro.

 

Ese personaje tuvo un desliz amoroso, desliz que no supo controlarlo a su debido tiempo y como sucede con todos los que se enamoran, porque el amor es ciego y esas maripositas que revolotean en el estómago al principio de la relación, luego se convierten en vampiros si uno no los sabe controlar y sobre todo respetar, más que controlar. En un momento determinado ese amor por algún motivo que nadie urdió se convirtió en una bola de fuego que le trajo muchos problemas e incluso lo hizo perder una competencia.

 

Después de un tiempo quiso borrar todo lo sucedido, primero porque le fue muy perjudicial y porque tenía pretensiones de seguir ascendiendo, le recomendaron algo que según sus acólitos seria el “non plus ultra”, pero aparentemente esa solución resultó igual que las alas que Dédalo fabricó para Ícaro y el personaje trató de escapar con esas alas y no cumplió lo que Dédalo recomendó a su hijo, se aproximó mucho al sol y la solución que le fabricaron se comenzó a derretir y puede ser que el daño que le produzca esa falla sea peor que lo que sucedió a Ícaro.

 

Miguel Aramayo

SCZ.21-02-2017

 

17 Feb

Un robot amigo

Después de haber leído un artículo sobre Singapur, se me ocurrió comprar un robot, un robot inteligente que me colaboré en algunas tareas domésticas, porque quise descansar un poco del trabajo de la oficina y dedicarme a las tareas del hogar.

 

Mi mujer viajaría en un tour con sus nietas y estimaba que estaría ausente más o menos unos cuatro meses, la persona que trabaja en casa también me solicitó un permiso de dos meses, para atender asuntos familiares, por lo tanto, me quedaba sólo y desde mi casa puedo atender el trabajo de la oficina, pero en la casa necesito estar presente.

 

El robot que decidí comprar lo importe de Japón, es similar al que utilizan en el Hospital General Changi de Singapur, desarrollados por Panasonic. Se encargan de todas las tareas domésticas, como tender camas, poner en la lavadora la ropa sucia, ayudar a preparar los alimentos, de manera que yo solamente aderezo y cocino. Limpia la casa, barre desempolva y ordena, atiende el teléfono y el timbre cuando vienen alguien, además me colabora en algunas cosas de mi trabajo, porque intercambio ideas, mejor dicho, le hago preguntas que me responde con mucha más seguridad que lo que es mi razonamiento.

 

Es tan alto como una persona y es capaz de interactuar con humanos e incluso «sonreír» a través de su pantalla. Procuro que no salga para atender a nadie para evitar habladurías de mis vecinos, pero cuando vienen a visitarme parientes y amigos, es muy eficiente atendiendo con la preparación del café, refrescos y picaditas.  Para todo eso él se encarga del orden en la cocina, el refrigerador, las alacenas y los cajones. De esa manera el identifica lo que requiere para una buena atención. Llega al extremo de detectar todo lo que debo comprar en el supermercado, para lo cual me pasa un mensaje a mi celular.

 

Como podrán ver, el tema de los robots ya no es algo de ciencia ficción. Los robots han salido de las jaulas, advierten los expertos; ya no están en los laboratorios y centros de investigación, sino que han invadido nuestras vidas. Esta situación ha sumido al Parlamento Europeo en un enjambre de preguntas. ¿Debemos tratarlos como personas electrónicas? ¿Qué va a pasar con el trabajo de los miles de humanos sustituidos por maquinas inteligentes?

 

Todas estas preguntas son formuladas por europarlamentarios de todas las bancadas, investigadores, empresarios, académicos, líderes de sindicatos, aseguradoras y artistas, estas cuestiones (y sus decenas de ramificaciones) han ocupado durante dos jornadas al Parlamento Europeo. Representan una investigación de dos años que se ha plasmado en el primer informe a nivel europeo sobre máquinas inteligentes. En él se pide crear un marco legal para regular un campo que avanza a toda velocidad. Y aunque el objetivo era buscar respuestas, de momento sobre este futuro todo son preguntas.

 

Mientras eso sucede en Europa, yo estoy disfrutando de mi robot, al que lo llamo de: “Compinche”, él nunca está enojado, nunca está cansado, salvo que sus baterías estén con poca energía, que en ese caso me comunica con el tiempo suficiente. Mientras duermo, cuida mi sueño, nunca me muestra mala cara, como es inexpresivo en sus rasgos físicos, su pantalla me muestra su sonrisa. Cuando él me ve triste me consuela y toca la música que levanta mi espíritu.

 

Estoy feliz con mi Compinche.

 

Miguel Aramayo

SCZ.17-02-2017

 

15 Feb

Mi madre

Ha pasado un año desde el último cumpleaños de mi madre y todavía siento el calor de sus manos junto a mis mejillas, todavía percibo el brillo intenso de sus ojos, que al mirarme expresaban el profundo amor que sentía por mí. Pero todo eso que siento no es únicamente por lo que estuvimos juntos el año pasado, es porque durante toda mi vida he sentido y percibido ese calor de sus manos, esa suavidad de sus caricias ese intenso amor expresado por el fulgor de su mirada.

 

El tiempo que he disfrutado de su presencia física no excede de los once o doce años casi continuos, pero en ese poquito tiempo, es tanto lo que me ha transmitido que puedo decir que estoy inundado de su amor, de su cariño, de su dedicación, de su abnegación y todo lo que soy se lo debo a ella. Desde luego que no es solamente ese contacto el que me ha transferido todo lo que expreso, pienso que en mi organismo la transferencia de genes fue tan fuerte, que algo de mi padre tengo como herencia, pero la mayor parte de mi es lo que mi madre me legó.

 

El tiempo pasa inexorablemente y deja su huella, esa huella que dejó en mí, mi querida madre, es una marca profunda, no solo en el aspecto físico, porque ahora cuando me miro en el espejo y me fijo en mis canas, en la profundidad de mi mirada, en los rasgos de mi rostro, en algunos momentos capto una gran similitud con las características faciales de mi madre.

 

Desde que se fue a la eternidad, he sentido mucho y extraño esas largas conversaciones de los domingos y su reclamo constante porque le envíe lo que escribo y cuando escribo la tengo presente y pienso que no será necesario enviarle impreso lo que produzco, porque ella lo está leyendo en directo mientras lo hago. Porque siempre la tengo en mi pensamiento, pero no con la tristeza que expresa la mayoría de la gente, por los parientes que nos precedieron en el camino. ¡No!, yo la siento como si estuviera conmigo, así como la tuve ausente durante la mayor parte de mi vida, alejada físicamente, pero comunicados constantemente por algún medio de comunicación, los primeros años de mi separación, con sus visitas semanales, cuando estuve en otro lugar, mediante las cartas que eran más o menos una por mes, pero en forma periódica y constante, después cuando pudimos hablar, por teléfono. Ahora que está en la eternidad, sigo comunicado con ella, por el pensamiento y por la brisa que algunas veces siento como una caricia de ella.

 

Cuando leo escritos que los hice por y para ella, revivo los momentos felices en los que podía escuchar su voz, pero no lo hago con tristeza, ¡no…!, lo hago como algo natural, como lo natural que es al amor que uno siente por su madre y ella por uno, sabiendo que el tiempo pasa y que, dadas las promesas de Dios, algún día volveremos a estar juntos y ya será para siempre.

 

Miguel Aramayo

SCZ.15-02-2017 el cumpleaños 91 de mi madre.

 

2 Feb

Un cuento un poco más largo

Hacía muy poco, que el ocaso había despedido al rojo sol del horizonte, pero todavía el cielo no mostraba el brillante fulgor de las estrellas y el blanco encantador de la luna. En ese momento, Isaac se disponía a ingresar a su cabaña, llegó al umbral y antes de entornar la puerta dejó que su alma descargue el peso de su fatigado cuerpo, por la fuerte tarea realizada en el día y libere su espíritu del peso del trabajo. Suspiró y junto con su resuello se escuchó el chirriar de la puerta en el dintel y la fragancia que emanó del interior de su hogar, llenó su cuerpo de aromas que emergían de la cocina.

 

Sintió el peso de sus botas, mientras su cuerpo se dirigía a la mecedora que lo cobijaba al llegar a su casa. En el interior percibió la voz de su esposa cantando un arrorró al hijo que reposaba en la cuna. Al momento de posar su humanidad para reposar su fatiga, su hijo Aron saltaba a sus brazos y apoyaba sus rizos de oro en su pecho enchilo de amor, olía a lavanda y el calor de sus mejillas le trasmitía una calidez que inundaba su interior.

 

Después se acercó Sara y sentándose en sus rodillas lo abrazó en un beso apasionado, dejándolo con suave dulzor en sus labios y un aroma a leche materna en sus cabellos. El también aportaba fragancias a su hogar, su ropa trascendía al olor que deja la mirra que transmiten los pinos, con fuerte aroma mentolado y el perfume que desprendía su cuerpo fatigado por el largo día de trabajo. Mientras se sucedía esa escena en el dulce hogar, el cerebro de Isaac se inundaba de felicidad. 

 

Sara, con voz muy tierna le relata todo lo acaecido en el día, mientras que Aron hacía lo mismo, pero con una voz chillona y arranques de tartamudez. Él, sin embargo, procuraba suavizar su relato con palabras tiernas, pero que al mismo tiempo muestren lo fatigoso de su labor y lo duro de su esfuerzo por mantener el hogar con recursos, pero, sobre todo, con el ejemplo que requieren sus descendientes. 

 

Pasaron al comedor y después de agradecer a Dios por los alimentos y degustar los majares preparados por Sara, mientras ella asea el comedor y luego de concluida esa tarea, arropa a Aarón para que duerma. Se acomoda en el sofá a completar un bordado e Isaac da satisfacción a su espíritu con la lectura de un libro, libro que lo tiene arrobado hace unos días y que va por la mitad del mismo. 

 

Así transcurre el tiempo, hasta que Isaac se anima a comentar con Sara lo que estaba sucediendo en el campamento, 20 Km al sur. –Sara en el campamento del sur se desató un incendio de relativa fuerza y tuvieron que evacuar las cabañas de los trabajadores. – Te cuento esto para que tengamos preparado el jeep con todo lo que pudiéramos necesitar en caso de que nos toque a nosotros lo mismo.

–¿Existe esa posibilidad, o simplemente es por precaución?

–El incendio está muy lejos de nosotros, pero es mejor prevenir que lamentar.

–Debería tener preparado alimento y ropa para los chicos y no se olvide de tener un maletín con nuestros documentos personales, los documentos de nuestras pertenencias, sus joyas y el dinero que tengamos de nuestros ahorros. –La gente del campamento incendiado tuvieron que salir con lo que tenían en el cuerpo, incluso hubo dos o tres muertos.

 

Se fueron a dormir, muy acurrucaditos, como era su costumbre, pero antes prepararon todo lo que pensaron que se pudiera necesitar y Sara se fijó como estaban durmiendo sus hijos. Antes de que despunte el alba sonó la sirena de la alarma, anunciando que ellos también estaban en peligro, despertaron a los chicos y los arroparon, Sara tomo el bolso con los alimentos de uso inmediato, que había preparado lo noche anterior. Dio un beso a Isaac y se despidieron siguiendo los procedimientos de evacuación. Isaac después de despedir a su esposa e hijos tomó su moto y arrancó al campamento para ver lo que podía colaborar.

 

Ya se notaba una densa humareda y al sur se veían llamaradas tan grandes, que sobrepasaban la altura de los arboles más altos, ya costaba respirar, porque el humo ya llegaba a ellos por efectos del viento y se percibía el calor que traía la brisa. La situación era tensa y el fuego tan fuerte que no se podía hacer nada más que esperar que lleguen los bomberos para poder colaborar a ellos.

 

Isaac quedó pensativo rogando a Dios que esto se pueda controlar, pero por lo percibía y la experiencia de sucesos similares en el pasado, sabía que no había una solución que esté en sus manos o la de los bomberos, se requería una mayor tecnología para apagar semejante incendio, el fuego ya había avanzado 20 Km, que eran más de la mitad de toda la reserva forestal de la compañía para la que trabajaba. Todos eran pinos y eucaliptos, que eran de una fácil combustión y por la altura que tenía los árboles en la reserva, en esa área, era de suponer que las mangueras de los bomberos hubieran hecho el mismo efecto que orinar en una fogata.

 

Comenzó a preocuparse por su mujer y sus hijos y cuando llegó la gente del ejército, recomendaron evacuar el lugar, hasta que lleguen los aviones y helicópteros, que en tierra era muy poco lo que se podía hacer y eso estaría a cargo de los bomberos, los civiles en estas circunstancias únicamente perjudicarían. Isaac partió al lugar de evacuación que estaba previsto en los planes de emergencia, porque suponía que allá estaría su familia. Al pasar por su casa lo único que le quedaba era despedirse de sus bienes, porque existía la seguridad de que los mismos serian afectados por el fuego, ni siquiera se la pasó por la cabeza recoger el libro que estaba leyendo la noche anterior.

 

Llegó al albergue de respaldo y solo encontró gente del ejército, que le indicó donde dirigirse para encontrar a su familia, porque ese pueblo también fue evacuado, estaba en la ruta que sigue el viento y la posibilidad de que llegue el fuego hasta allá, por la dirección que sigue. A partir de ese momento la preocupación de Isaac fue mayor, porque ya tenía le seguridad de que el fuego devoraría su cabaña con todas sus pertenencias, pero se alegraba de haber sido precavido y haber cargado el jeep con todo lo más importante para escapar del incendio.

 

Cuando encontró a su mujer, estaban en una gran carpa, sentados en una sillas de plástico, sus pertenencias estaba en el jeep que estaba parqueado muy cerca de donde estaban sentados. Su bebe estaba siendo amamantado y Aron juba con unos camioncitos, junto a otros chicos, más o menos de la misma edad y que eran hijos de gente que conocíamos de su campamento, pero también había otra gente que no cocían y que también tuvieron que ser evacuados.

 

Isaac y Sara, nunca se había imaginado estar en esta situación de refugiados, ellos eran de una segunda generación de emigrantes de Polonia, que habían tenido la suerte de no haber estado en Europa en el momento del holocausto y llevaban una vida sencilla pero muy segura y nunca habían sentido el antisemitismo, por lo tanto, para ellos esta situación les parecía catastrófica. El tiempo había transcurrido a tanta velocidad que hasta que llegó la puesta del sol, nadie se había dado cuenta de que no se habían servido alimentos calientes y solo disfrutaron de unas viandas frías que les fueron proporcionadas por la gente del ejército. Pero ya llegaba la hora de dormir y los chicos reclamaban las comodidades de su hogar, pero este ya no existía, había sido devorado por las llamas.

 

Les proporcionaron una carpa más pequeña donde cabían cuatro colchones, los edredones y almohadas necesarias y les explicaron donde se encontraban los baños químicos para que puedan acostarse, a los que no tenían nada de ropa les ofrecieron vestimenta que debían escoger en un rincón de la carpa grande, donde gente del ejército repartía las donaciones que habían recibido. Les indicaron donde podían servirse comida caliente, e Isaac se encargó de recibir ese alimento y llevarlo a donde estaba su mujer y sus hijos.

 

Cuando llegó la noche y la familia está dentro de la carpa chica, Isaac y Sara rezaron dando gracias a Dios por estar en esa situación de protección, pero también iniciaron una conversación:

 

Sara dijo: –Y ahora que será de nosotros, no tenemos nada más que lo que está adentro del jeep, el jeep y tu moto.

 

Isaac permaneció callado por un tiempo como revoloteando en una lavadora las palabras que debía responde a Sara.

 

–Mi amor desde que salí del campamento mi cerebro no hizo otra cosa que pensar en esta situación, no quiero que pienses que estoy resignado, pero tengo la seguridad que estamos en una mejor situación por las que pasaron nuestros abuelos cuando tuvieron que escapar de Polonia an medio de la primer guerra mundial, ellos lo único que tenían era lo que podría caber en sus bolsillos, una cuantas gemas de la joyería del abuelo y unas cuantas libras esterlinas en monedas de oro que eran sus ahorros, unas botas de repuesto y unos abrigos de pieles, sus documentos, una tora, que conservaban de sus tatarabuelos y el corazón lleno de esperanzas, porque podían cargar a los padres de Isaac, que en ese entonces era un bebe. Además, lo que los animaba era la fe en Dios, en el Dios que los protege hace más de cinco mil años y que siempre estuvo con ellos hasta en los mayores infortunios. La familia de Sara siguió algo similar, porque partieron en el mismo tiempo y desde ese entonces se mantienen unidos y ahora por lazos de parentesco.

 

Esta charla tranquilizo a Sara, que, apoyada en el hombro de Isaac, quedó dormida como si fuera una nena, soñando en sus antepasados, en sus padres y en sus hijos. Isaac, permaneció despierto cavilando lo que debía hacer a partir del próximo día, para que la situación en la que estaban no se prolongue por más tiempo. Poseía una profesión, era ingeniero forestal y todavía le quedaban parientes muy próximos a él y a su mujer, que vivían en Toronto y que con seguridad le brindarían un apoyo, porque lo mejor que tienen la comunidad, es la solidaridad. Sara debía seguir con los chicos y la compañía donde el prestaba sus servicios contaba con un seguro que la cubriría y que con eso podría liquidar a su persona, y resarcir la perdida, él también había asegurado su cabaña y por lo tanto no estaba en la ruina, lo que necesitaba era tiempo y no desesperarse. Toda tenia solución.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 30-01-2017 Ultimo fin de semana del primer mes que pronto pasará.

 

2 Feb

Me encontré con un Ángel

Si los Ángeles existieran, con seguridad que serían mis amigos, porque los siento, los percibo y hasta me animo a decir que puedo comunicarme con ellos.

 

Hace algún tiempo atrás, ¿no sé cuánto?, porque en estas cosas el tiempo realmente es imperceptible, algunas veces uno piensa que no pasa y sin embargo pasa volando. Continuando con mi historia, yo caminaba con paso firme pero tan sutil que mis pisadas no se percibían, era como si estuviera caminando entre nubes, pero mi caminata era por un bosque muy bien cuidado, no tenía guijarros, ni yerbas malas, ni abrojos; era un césped como si estuviera transitando por una cancha de criquet, de esas que abundan en Escocia, pero al contario de un campo deportivo de esa disciplina, era un bosque con altos, anchos y frondosos árboles, que pese a esas características dejaban pasar los rayos del sol. También se sentía el olor perfumado de lavanda, madreselvas y jazmines, plantas que estaban diseminadas por el camino como acompañantes de los caminantes.

 

El clima que reinaba en ese paraje era de una frescura que permitida estar desabrigado, pero sin sentir frio ni calor, la humedad era la adecuada para no traspirar y mantener la piel con la tersura y lozanía, que permitía sentirse por demás de cómodo, era como estar adentro de una gran e inmensa burbuja, que además protegía del viento, porque la brisa que circundaba era de tal intensidad que solamente abriendo la boca se la podía percibir.

 

En esas circunstancias mi mente y mi espíritu estaban elevados, aproximándose a lo divino, por lo tanto, se cumplían todas las condiciones para poder tener un encuentro angelical. Caminando suspendido en ese ensimismamiento que me cubría, vi en lontananza una figura, una figura angelical, que también flotaba como suspendida por un vuelo de alas que no se mostraban a la realidad, pero que daban la impresión de suavidad y que estaban exentas totalmente de gravedad.

 

Me fui acercando sutilmente hasta donde estaba ese ser etéreo, hasta donde estaba lo que aparentaba ser un Ángel, a medida que me aproximaba, la vellosidad de mi cuerpo se erizaba, mi piel se humedecía y en mi boca se notaba una mayor sensibilidad de mis papilas y por consiguiente las glándulas expedían su producción en exceso y debía deglutir con mayor frecuencia. Cuando estuve próximo a ese ser, me percate que era una mujer, una divina mujer, sus ojos tenían la misma coloración del cielo, pero su mirada era tierna y penetrante, al extremo que paralizó mis músculos, sus labios de un rojo carmesí tan intenso que daba la impresión de que estaban iluminados, la tonalidad de su piel daba la impresión de ser porcelana de Lladro, sus ademanes eran tan finos que no encuentro parecido con nada ni nadie. Su cabeza estaba adornada de una blonda cabellera, que aparentaba de ser de ceda, pero el brillo que despedía en el contraste con la luminosidad del sol hacia que se vean más bellos sus cabellos. Cuando se incorporó, pude apreciar su talle y lo esbelto de su físico, el vestido la cubría dejando percibir muy sutilmente sus formas, formas que eran de una delicadeza tal que su fulgor me dejó boquiabierto y con la respiración muy cortita.

 

Mi corazón quedó anonadado y comenzó a palpitar con sístoles y diástoles que estoy seguro que su sonido pudo ser percibido por la bella dama. En ese momento me di cuenta que lo que me sucedía era un premio de Dios por mi buen comportamiento y que después de eso quedaba en deuda por premio tan grandioso.

 

La mucha se quedó mirando y aparentemente ella también captó en mi lo que yo sentía por ella. Nuestras miradas se cruzaron y en sus labios se formó una sonrisa, tan expresiva, que no era necesario que pronuncie palabras para exteriorizar sus sentimientos, su cutis cambio de coloración y se notó que al mirarme se sonrojaba y cuando sus labios se abrieron para decirme: –Ola donde estabas –Te estaba esperando.

 

Pronunció estas palabras, como si en realidad me esperará. Quedé sorprendido y mi cerebro buscó la tonalidad y la verba que pueda expresar lo que correspondía y tan solo atine a decir: –Si me retrase, observando lo que aparentaban ser un Ángel, pero ahora que te tengo frente a mi, quedo convencido que eres vos y me siento feliz de haberte encontrado y saber que me esperabas. Se aproximó y tomó mi mano y aproximó su rostro al mío y nuestros labios se juntaron en un beso febril. Sentí que nuestros cuerpos se elevaban al cielo, ella tomada de mi mano y yo sujetando su cintura contra mi cuerpo.

 

El tiempo transcurrió, y no puedo precisar si fue poco o mucho, lo que, si puedo asegurar que fue un momento sublime, pero ahora que pasó el tiempo no sé si fue un sueño o una bella realidad, una de esas tantas realidades que me sucedieron, que en mi cerebro se diluyen entre la verdad y la fantasía. Pero después de eso puedo asegurar que los Ángeles, ¡si existen!

 

Miguel Aramayo

SCZ.31-01-2017

 

2 Feb

Una gran puerta

Miguel no encontraba las palabras adecuadas para poder explicar un hecho, un hecho que para él fue algo común, algo trivial, pero que cuando le contó a la primera persona con la que conversó, su mujer; ella lo miró con una cara que denotaba desconfianza, sorpresa y sobre todo pena. Lo que le dijo lo dejó más descompaginado.

 

–Miguel, ¿te sientes bien?, –¿Has recapacitado en lo que me acabas de contar?, porque me da la impresión que estás desvariando, no es nada coherente lo que me dices y si se lo cuentas a otras personas te tomarán por loco. –Lo que me cuentas ¿es una broma?, ¿quieres burlarte de mí?

 

Miguel la miró muy triste y se arrepintió haber sido sincero con ella al contarle lo que le había sucedido, que para él era algo común, algo que, si bien él sabía que otra gente no lo comprendería, por lo menos su mujer si podía creerle. Le respondió diciendo: –No se preocupe era algo que quería decirle, pero no es una broma, ni tampoco estoy desvariando. –Olvídelo.

 

Pasó todo el día cavilando sobre lo acontecido, lo que le había sucedido a él y la reacción que tuvo su mujer, cuando él le relató el hecho, el hecho que para él era rutinario, porque no era la primera vez que le sucedían ese tipo de cosas y eso desde que era muy chico. Claro que generalmente eso él lo guardaba únicamente para su propio yo o si lo comentaba lo hacía con gente de mucha confianza, su madre y sus amigos más íntimos; ellos lo escuchaban extasiados, como si estuvieran hipnotizados, o simplemente atentos y dando la impresión de que el relato era un fabuloso cuento.

 

Caminaba de retorno a su casa y lo hacía como siempre pedaleando su bicicleta, que era el vehículo más cómodo del pueblo y después de todo desde la factoría donde trabajaba, hasta la granja donde vivía, la distancia no era superior a dos kilómetros, por camino plano, con mucha vegetación y a esa hora lo más agradable era escuchar el piar de los pájaros que se retiraban a sus nidos, el calor había amainado, ya el sol se vislumbraba en el horizonte, con esa tonalidad naranja fuerte, que tiñe el color del cielo mostrando el ocaso y la proximidad de las penumbras del anochecer.

 

Antes de llegar a su casa, se apeó de la bicicleta y se sentó bajo la sobra de un gran sauce, cuyos gajos lo acariciaron cuando el buscaba donde posar la bicicleta y sentarse a cavilar sobre lo que le había sucedido el último sábado de la semana pasada. El caminaba a la iglesia, porque ese día había estado pensando mucho en su madre, ya se aproximaba su cumpleaños y ella ya no estaba, había partido a la eternidad y lo único que le quedaba era la caricia de la briza que el sentía al caminar y que tenía la seguridad que la misma era la caricia que recibía de su madre, que está en el más allá.

 

Mientras caminaba rumbo a la iglesia, el sol ya había desaparecido y en el cielo iluminaba una luna en curto menguante y los luceros que siempre están junto a la luna, como si fueran sus fieles compañeros. Al pasar por la plaza que en ese momento estaba descampada, nadie caminaba por sus alrededores, él notó como que se le presentaba una gran puerta, nunca la había visto, pero en su penumbra se notaba que tenía escaleras detrás de ella y esos peldaños que subían, eran de mármol, mármol blanco que reflejaban muy tenuemente una luz que venía de alguna parte. Cuando comenzó la ascensión por esas gradas, se borró todo su entorno y solo percibió las gradas, que eran muchas y subían por una suave pendiente, pendiente que no mostraba cual era el final, pero él sin ningún temor siguió la ascensión y notó que cada nuevo peldaño estaba más iluminado, hasta que llegó a una gran estancia con grandes ventanales, todos iluminados por una luz difusa, pero que permitía mostrar un sinfín de colores, porque los ventanales eran vitrales de diversas formas, el piso era de mármol, pero aparentaba ser de una sola pieza, sin divisiones. Llegó a un lugar donde se apreciaba muchos sillones, todos blancos como si estuvieran forrados en satén, en uno de esos sillones la vio a su madre, que con la mano le hizo una seña para que continúe caminado, así lo hizo hasta que estuvo junto a ella. Ella se incorpora le pidió que agache su cabeza para que la pueda tomar entre sus manos y darle un gran beso en la frente. Se sentaron en uno de los sillones y por un largo espacio de tiempo estuvieron conversando.

 

En un momento determinado, su madre se incorporó, le tomó las manos y se despidió con un beso en su mejilla, le acarició el cabello y le dijo: –Nos vemos, puedes venir a verme cuando quieras, yo te estaré esperando. –Me produce mucha felicidad el poder estar contigo. Miguel salió de ese recinto y se aproximó a las escaleras, descendiendo con lentitud, con el espíritu feliz por haber tenido ese encuentro. Cuando estuvo nuevamente en la plaza no vio a nadie y cuando llegó a la iglesia, ésta, estaba cerrada, por lo tanto, retorno a su casa.

 

Miguel Aramayo

SCZ.01-02-2017

31 Ene

Un cuento un poco más largo

Hacía muy poco, que el ocaso había despedido al rojo sol del horizonte, pero todavía el cielo no mostraba el brillante fulgor de las estrellas y el blanco encantador de la luna. En ese momento, Isaac se disponía a ingresar a su cabaña, llegó al umbral y antes de entornar la puerta dejó que su alma descargue el peso de su fatigado cuerpo, por la fuerte tarea realizada en el día y libere su espíritu del peso del trabajo. Suspiró y junto con su resuello se escuchó el chirriar de la puerta en el dintel y la fragancia que emanó del interior de su hogar, llenó su cuerpo de aromas que emergían de la cocina.

 

Sintió el peso de sus botas, mientras su cuerpo se dirigía a la mecedora que lo cobijaba al llegar a su casa. En el interior percibió la voz de su esposa cantando un arrorró al hijo que reposaba en la cuna. Al momento de posar su humanidad para reposar su fatiga, su hijo Aron saltaba a sus brazos y apoyaba sus rizos de oro en su pecho enchilo de amor, olía a lavanda y el calor de sus mejillas le trasmitía una calidez que inundaba su interior.

 

Después se acercó Sara y sentándose en sus rodillas lo abrazó en un beso apasionado, dejándolo con suave dulzor en sus labios y un aroma a leche materna en sus cabellos. El también aportaba fragancias a su hogar, su ropa trascendía al olor que deja la mirra que transmiten los pinos, con fuerte aroma mentolado y el perfume que desprendía su cuerpo fatigado por el largo día de trabajo. Mientras se sucedía esa escena en el dulce hogar, el cerebro de Isaac se inundaba de felicidad. 

 

Sara, con voz muy tierna le relata todo lo acaecido en el día, mientras que Aron hacía lo mismo, pero con una voz chillona y arranques de tartamudez. Él, sin embargo, procuraba suavizar su relato con palabras tiernas, pero que al mismo tiempo muestren lo fatigoso de su labor y lo duro de su esfuerzo por mantener el hogar con recursos, pero, sobre todo, con el ejemplo que requieren sus descendientes. 

 

Pasaron al comedor y después de agradecer a Dios por los alimentos y degustar los majares preparados por Sara, mientras ella asea el comedor y luego de concluida esa tarea, arropa a Aarón para que duerma. Se acomoda en el sofá a completar un bordado e Isaac da satisfacción a su espíritu con la lectura de un libro, libro que lo tiene arrobado hace unos días y que va por la mitad del mismo. 

 

Así transcurre el tiempo, hasta que Isaac se anima a comentar con Sara lo que estaba sucediendo en el campamento, 20 Km al sur. –Sara en el campamento del sur se desató un incendio de relativa fuerza y tuvieron que evacuar las cabañas de los trabajadores. – Te cuento esto para que tengamos preparado el jeep con todo lo que pudiéramos necesitar en caso de que nos toque a nosotros lo mismo.

–¿Existe esa posibilidad, o simplemente es por precaución?

–El incendio está muy lejos de nosotros, pero es mejor prevenir que lamentar.

–Debería tener preparado alimento y ropa para los chicos y no se olvide de tener un maletín con nuestros documentos personales, los documentos de nuestras pertenencias, sus joyas y el dinero que tengamos de nuestros ahorros. –La gente del campamento incendiado tuvieron que salir con lo que tenían en el cuerpo, incluso hubo dos o tres muertos.

 

Se fueron a dormir, muy acurrucaditos, como era su costumbre, pero antes prepararon todo lo que pensaron que se pudiera necesitar y Sara se fijó como estaban durmiendo sus hijos. Antes de que despunte el alba sonó la sirena de la alarma, anunciando que ellos también estaban en peligro, despertaron a los chicos y los arroparon, Sara tomo el bolso con los alimentos de uso inmediato, que había preparado lo noche anterior. Dio un beso a Isaac y se despidieron siguiendo los procedimientos de evacuación. Isaac después de despedir a su esposa e hijos tomó su moto y arrancó al campamento para ver lo que podía colaborar.

 

Ya se notaba una densa humareda y al sur se veían llamaradas tan grandes, que sobrepasaban la altura de los arboles más altos, ya costaba respirar, porque el humo ya llegaba a ellos por efectos del viento y se percibía el calor que traía la brisa. La situación era tensa y el fuego tan fuerte que no se podía hacer nada más que esperar que lleguen los bomberos para poder colaborar a ellos.

 

Isaac quedó pensativo rogando a Dios que esto se pueda controlar, pero por lo percibía y la experiencia de sucesos similares en el pasado, sabía que no había una solución que esté en sus manos o la de los bomberos, se requería una mayor tecnología para apagar semejante incendio, el fuego ya había avanzado 20 Km, que eran más de la mitad de toda la reserva forestal de la compañía para la que trabajaba. Todos eran pinos y eucaliptos, que eran de una fácil combustión y por la altura que tenía los árboles en la reserva, en esa área, era de suponer que las mangueras de los bomberos hubieran hecho el mismo efecto que orinar en una fogata.

 

Comenzó a preocuparse por su mujer y sus hijos y cuando llegó la gente del ejército, recomendaron evacuar el lugar, hasta que lleguen los aviones y helicópteros, que en tierra era muy poco lo que se podía hacer y eso estaría a cargo de los bomberos, los civiles en estas circunstancias únicamente perjudicarían. Isaac partió al lugar de evacuación que estaba previsto en los planes de emergencia, porque suponía que allá estaría su familia. Al pasar por su casa lo único que le quedaba era despedirse de sus bienes, porque existía la seguridad de que los mismos serian afectados por el fuego, ni siquiera se la pasó por la cabeza recoger el libro que estaba leyendo la noche anterior.

 

Llegó al albergue de respaldo y solo encontró gente del ejército, que le indicó donde dirigirse para encontrar a su familia, porque ese pueblo también fue evacuado, estaba en la ruta que sigue el viento y la posibilidad de que llegue el fuego hasta allá, por la dirección que sigue. A partir de ese momento la preocupación de Isaac fue mayor, porque ya tenía le seguridad de que el fuego devoraría su cabaña con todas sus pertenencias, pero se alegraba de haber sido precavido y haber cargado el jeep con todo lo más importante para escapar del incendio.

 

Cuando encontró a su mujer, estaban en una gran carpa, sentados en una sillas de plástico, sus pertenencias estaba en el jeep que estaba parqueado muy cerca de donde estaban sentados. Su bebe estaba siendo amamantado y Aron juba con unos camioncitos, junto a otros chicos, más o menos de la misma edad y que eran hijos de gente que conocíamos de su campamento, pero también había otra gente que no cocían y que también tuvieron que ser evacuados.

 

Isaac y Sara, nunca se había imaginado estar en esta situación de refugiados, ellos eran de una segunda generación de emigrantes de Polonia, que habían tenido la suerte de no haber estado en Europa en el momento del holocausto y llevaban una vida sencilla pero muy segura y nunca habían sentido el antisemitismo, por lo tanto, para ellos esta situación les parecía catastrófica. El tiempo había transcurrido a tanta velocidad que hasta que llegó la puesta del sol, nadie se había dado cuenta de que no se habían servido alimentos calientes y solo disfrutaron de unas viandas frías que les fueron proporcionadas por la gente del ejército. Pero ya llegaba la hora de dormir y los chicos reclamaban las comodidades de su hogar, pero este ya no existía, había sido devorado por las llamas.

 

Les proporcionaron una carpa más pequeña donde cabían cuatro colchones, los edredones y almohadas necesarias y les explicaron donde se encontraban los baños químicos para que puedan acostarse, a los que no tenían nada de ropa les ofrecieron vestimenta que debían escoger en un rincón de la carpa grande, donde gente del ejército repartía las donaciones que habían recibido. Les indicaron donde podían servirse comida caliente, e Isaac se encargó de recibir ese alimento y llevarlo a donde estaba su mujer y sus hijos.

 

Cuando llegó la noche y la familia está dentro de la carpa chica, Isaac y Sara rezaron dando gracias a Dios por estar en esa situación de protección, pero también iniciaron una conversación:

 

Sara dijo: –Y ahora que será de nosotros, no tenemos nada más que lo que está adentro del jeep, el jeep y tu moto.

 

Isaac permaneció callado por un tiempo como revoloteando en una lavadora las palabras que debía responde a Sara.

 

–Mi amor desde que salí del campamento mi cerebro no hizo otra cosa que pensar en esta situación, no quiero que pienses que estoy resignado, pero tengo la seguridad que estamos en una mejor situación por las que pasaron nuestros abuelos cuando tuvieron que escapar de Polonia an medio de la primer guerra mundial, ellos lo único que tenían era lo que podría caber en sus bolsillos, una cuantas gemas de la joyería del abuelo y unas cuantas libras esterlinas en monedas de oro que eran sus ahorros, unas botas de repuesto y unos abrigos de pieles, sus documentos, una tora, que conservaban de sus tatarabuelos y el corazón lleno de esperanzas, porque podían cargar a los padres de Isaac, que en ese entonces era un bebe. Además, lo que los animaba era la fe en Dios, en el Dios que los protege hace más de cinco mil años y que siempre estuvo con ellos hasta en los mayores infortunios. La familia de Sara siguió algo similar, porque partieron en el mismo tiempo y desde ese entonces se mantienen unidos y ahora por lazos de parentesco.

 

Esta charla tranquilizo a Sara, que, apoyada en el hombro de Isaac, quedó dormida como si fuera una nena, soñando en sus antepasados, en sus padres y en sus hijos. Isaac, permaneció despierto cavilando lo que debía hacer a partir del próximo día, para que la situación en la que estaban no se prolongue por más tiempo. Poseía una profesión, era ingeniero forestal y todavía le quedaban parientes muy próximos a él y a su mujer, que vivían en Toronto y que con seguridad le brindarían un apoyo, porque lo mejor que tienen la comunidad, es la solidaridad. Sara debía seguir con los chicos y la compañía donde el prestaba sus servicios contaba con un seguro que la cubriría y que con eso podría liquidar a su persona, y resarcir la perdida, él también había asegurado su cabaña y por lo tanto no estaba en la ruina, lo que necesitaba era tiempo y no desesperarse. Toda tenia solución.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 30-01-2017 Ultimo fin de semana del primer mes que pronto pasará.