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El Reloj.

6 Oct

El Reloj.

Que complicado es tener el tiempo para ver el reloj y estar informado del paso del tiempo, de esa manera el tiempo demora mucho en pasar, puedes llegar a contar los segundos, los minutos, las horas y cada vez que te informas de la hora que es, te desesperas porque el tiempo no pasa, el tiempo se estancó, o por lo menos se hizo más lento su transitar.

 

En cambio cuando no tienes el tiempo suficiente para controlar el reloj, fijarte en la lectura del tiempo, el tiempo pasa a toda velocidad, el tiempo se hace fugaz, al extremo que pierdes la noción de su paso y cuando recuerdas el tiempo se pasó y tomas conciencia de eso, cuando es otra persona la que te informa de la lectura del reloj.

 

Cuando el tiempo no pasa, cuando se demora en su transcurrir, todo lo que hagas te resulta monótono, aburrido, pesado, porque tu mente está absorbida por la lectura del reloj y tu mente absorta con el tic tac del reloj y mucho más tormentoso, cuando el elemento que te brida la posibilidad de leer el paso del tiempo cuenta con campanas y mucho más lamentable si tiene un carrillón, un carrillón que te muestra que pasó un cuarto de hora y luego media hora, para después volver a repicar a los tres cuartos de hora y el mayor tormento, cuanto completó una hora y además del carrillón escuchas las campanas que te insinúan la cantidad de horas transcurrida desde la media noche del día anterior.

 

En cambio cuando estuviste tan ocupado de cuerpo y alma, que no te preocupó el transcurrir del tiempo y mucho menos el querer enterarte de su lectura, al extremo que puedes estar próximo al Big ben de Londres, el Westminster, el reloj astronómico de Praga, el reloj de la Puerta del Sol en España o el reloj de Berna en Suiza y no sabrás la hora en la que te encuentras en ese momento, por lo tanto podrás, decir que el tiempo no pasó y si pasó no fue para vos, con lo cual se alarga la vida, porque el tiempo no pasó. 

 

José Hernández en su libro “Martín Fierro” se refiere al tiempo, cuando dice: “…¿cuándo formó Dios el tiempo y porque lo dividió?” “El tiempo sólo es tardanza de lo que está por venir. Nunca tuvo principio y jamás acabará. Porque el tiempo es una rueda y rueda es eternidá; y si el hombre lo divide, sólo lo hace en mi sentir, por saber lo que ha vivido o le resta por vivir”. ”…procuren de no perder ni el tiempo, ni la vergüenza. Como todo hombre que piensa, procedan siempre con juicio; y sepan que ningún vicio acaba donde comienza”.

 

Gustavo Adolfo Bécquer en un poema menciona el tiempo, como eternamente, instante, jamás, de la siguiente manera: “Podrá nublarse el sol eternamente; podrá secarse en un instante el mar; podrá romperse el eje de la tierra como un débil cristal. ¡Todo sucederá! Podrá la muerte cubrirme con su fúnebre crespón; pero jamás en mí podrá apagarse La llama de tu amor”.

 

También Gabriela Mistral le escribió al tiempo, de esta manera: “Miré al ladrón de la hora y el día en la espalda vencida de mi madre. Fue mi enemigo solamente el Tiempo, solo el Despojador que va sin rostro, el Arrebatador mudo y nocturno”.

 

Otro poeta que también habla del tiempo es Juan de Dios Peza y dice: “Con letras ya borradas por los años, en un papel que el tiempo ha carcomido, símbolo de pasados desengaños, guardo una carta que selló el olvido”.

 

Amigos, yo no soy poeta, pero quiero compartir con ustedes mí tiempo, tiempo que no es perdido, porque con eso les recuerdo que el tiempo es valioso y que se pasa en un instante, aunque a algunos les parezca que es eterno.

 

Miguel Aramayo

SCZ.06-10-2015 Cumpleaños de mi sobrina Cecilia.

 

3 Oct

Caminando por el desierto.

Ya he caminado muchas veces sobre la arena, sobre la arena caliente, sobre la arena fría, sobre la arena gruesa, sobre la arena fina, sobre la arena seca, sobre la arena húmeda. He caminado solo, acompañado. He caminado de verdad, también en mis ficciones, incluso en un viaje me encontré con Jesús, Jesús el Nazareno, Cristo. He conversado con él y hemos festejado juntos un Shabat, estando Él acompañado por María Magdalena.

 

Por lo tanto tengo algo de experiencia para poder escribir respecto a ese tema, sobre como caminar por el desierto, porque incluso anduve montado en un camello y he acampado como lo hacen los beduinos y he leído sobre algunos personajes que habitan el desierto o que alguna vez transitaron por el desierto, cualquier desierto. Estuve compartiendo y cabalgando en camello con los tuaregs, “los hombres azules del desierto”. Oí hablar de Moussa Ag Assarid, el mayor de trece hermanos de una familia nómada de tuaregs. Alguien que nació al norte de Mali hacia 1975 y en 1999 se trasladó a Francia para estudiar. Es autor de «En el desierto no hay atascos», donde describe su fascinación y perplejidad ante el mundo occidental. Nació en el desierto, ¡sin papeles…! fue pastor de camellos, cabras, corderos y vacas de su padre. Estudió Gestión en la Universidad Montpellier.

 

También algunas veces me he sentido en un desierto, estando en mi casa, sentado en un sofá del living, pero tan solo, que el único ser que acompañaba mi soledad era yo mismo, porque al sentirme solo, me hice compañía con mis ficciones, con mis ilusiones y de un momento a otro salía de ese ostracismo para estar en Paris, Marbella, Atenas o en Portugal, España, Egipto. Porque estar solo, te da la ventaja de que puedes elegir con quien estar, como estar y donde estar; aunque te sientas en un desierto, sólo viento y arena, arena y viento, pero contigo mismo, que es suficiente compañía.

 

Ahora se me ocurrió elegir este tema, no sólo porque esté solo, como estoy el setenta por ciento de mi tiempo, porque el hecho de estar en un lugar donde hay mucha gente, no quiere decir que estas acompañado, puedes estar en la iglesia de San Pedro en el Vaticano con lleno total, como ya me sucedió alguna vez en una de mis ficciones, pero te sentirás tan solo como si estuvieras en un desierto, porque tu objeto fue explorar tu conciencia y el único que podría acompañarte es Dios, Él que siempre está con nosotros, por su condición de omnipresente, omnipotente, omnisciente y ¿no sé qué otros omnis más?

Hablando un poco sobre los hombres de azul, se les da ese nombre por el color de sus hermosos turbantes, Que son de una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a través de ella. Ese bellísimo azul. Se elaboran con el tinte de una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. Esa tela destiñe algo y la piel de quienes la visten toma tintes azulados.

 

Tuareg significa «abandonados» , porque son un viejo pueblo nómada del desierto, solitarios, orgulloso, «Señores del Desierto», son de la etnia (bereber), y su alfabeto es el tifinagh. Son unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece… «¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!», Se dedican al Pastoreo de rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio.

 

En aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo. Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor! Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sienten una enorme alegría por el simple hecho de tocarse, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es! El caminar descalzo sobre la arena cálida y ver las estrellas cada noche, y distinguir que cada estrella es distinta de otra. La puesta del sol es un momento mágico… Aquí tenemos el reloj, en el desierto son dueños del tiempo.

 

Miguel Aramayo

SCZ.03-10-2015

 

30 Sep

¿Soy yo?

Quisiera poder saber. 

Saber ¿qué hacer?

¿Qué hacer y cuándo?

Cuando no me aguanto.

Cuando por dentro.

Por dentro soy otro.

Otro que no soy yo.

Yo cuando estoy bien,

Bien y tranquilo,

No quiero pensar,

Pensar que pasaron,

Pasaron los años.

Que ya estoy viejo,

Viejo, pero con vida,

Vida que puedo,

Que puedo seguir, 

Seguir hasta el final.

Final que añoro,

Que añoro desde,

Desde el principio,

Principio de mi existir. 

 

Miguel Aramayo

SCZ. 29-09-2015

 

30 Sep

Es mucha la edad.

Este cuento, con relación a la edad, muestra una diferencia de un poquito más de medio siglo, cincuenta y tres años. Un pibe que cumplía 18 años y por primera vez pasaría un cumpleaños lejos de su lugar, legos de su familia, lejos de sus amigos de colegio y de barrio. Un muchacho lleno de ilusiones y buenos deseos, alguien que miraba al mundo con una visión de optimismo total y absoluto, que tenía la plena seguridad que todos los sueños se pueden cumplir, porque soñar depende de uno mismo y no de los demás.

 

Ese pibe, se convirtió en la persona que es ahora después de cincuenta y tres años, pero según él mismo; que tuve la oportunidad de conocerlo y conversar con él, como lo hice con el pibe, cuando tenía dieciocho años. Me comentó que cuando le tocó cumplir los años que ahora tiene se dio cuenta que pese a ya no estar en su lugar de origen, está muy cerca de su familia, muy cerca de sus amigos y continúa lleno de ilusiones, buenos deseo, y sigue mirando al mundo con el mismo optimismo, total y absoluto, que sigue teniendo la seguridad de que todos los sueños se cumplen, porque ya en su mayoría los pudo cumplir, porque sabe que puede seguir soñando, por más que el tiempo se va limitando, pero sigue adelante con la misma seguridad.

 

El día que cumplió los Dieciocho, se bajó en la estación de Martínez del tren que lo traía de la Estación del puede Saavedra y antes de subir al colectivo que lo llevaba a la fábrica de BGH, compró una caja de chocolates, con suficiente contenido, como para invitar a sus compañeros de trabajo, quienes cuando preguntaban ¿por qué la invitación?, al enterarse que era por su cumpleaños le daban un tironcito de oreja, que era una forma de felicitar. Era una forma de llamar la atención, que le surtió efecto, porque algunos amigos lo invitaron a comer un asado al retornar del trabajo a Martinez.

 

En este cumpleaños, el actual, después de medio siglo, ya no necesitó llamar la atención para que lo feliciten, todos se acordaron de él y lo felicitaron, lo agasajaron y lo llenaron de regalos, los que no lo hicieron en forma personal lo hicieron por teléfono o por redes sociales, aprovechando de la ventaja que después de medio siglo ofrecen las comunicaciones, cosa que antes no existía y el correo tardaba un mes entre ir y volver, siempre que se utilice el sistema de “correo aéreo”, en sobre delgadito y con la bandera del país impresa al rededor del sobre.

 

Los cambios que ha sufrido el mundo en ese medio siglo, son substanciales y no sólo en lo que corresponde a tecnología, han cambiado las comunicaciones, la computación ha revolucionado el mundo y no sólo en la parte empresarial, en todo el quehacer humano, la Internet, las redes sociales, los celulares y todos esos aditamentos, que cada vez están al alcance de todos, porque su operación es más intuitiva y su costo está al alcance de todos, lo que puede variar son las marcas, para fijar su costo.

 

El cambio más substancial se ha dado en la forma de ser de la gente, hay menos humildad, hay más arrogancia, el respeto y las normas de urbanidad se ha perdido casi por completo, el sexo y la indecencia se campean por todo lado, incluso adentro de los hogares y hasta me atrevo a decir en las iglesias. Ese cambio en la humanidad está haciendo que vayamos por un mal camino, como dirigiéndonos a Sodoma y Gomorra.

 

Lo que si me gustó ver, es que el pibe del mi cuento, que ahora es el adulto mayor, sigue igual como persona, aunque cambio substancialmente de aspecto físico de 57 kilos a 90 kilos, de pelo negro a pelo blanco, con algunas arrugas, pero la misma sonrisa.

 

 

Miguel Aramayo

SCZ. 30-09-2015

 

27 Sep

Raza de bronce.

El recuerdo que tengo de la gente del altiplano, es similar a una fotografía, una fotografía que recién la estoy retirando del estudio fotográfico, después de haberla rebelado. Se trata de gente autóctona, de ninguna persona en particular, porque el recuerdo que tengo de esa gente es un recuerdo genérico, nunca tuvieron ni nombre, ni apellido, y fueron gente fugaz, gente que vi en algún lugar y por algún momento, pero fue una sola vez y si alguna otra vez volví a verlos, no recuerdo que hubiera sucedido eso.

 

Esa gente sin rostro, sin identidad, sin importancia, esa era la gente que antes llamábamos autóctonos y en términos más genéricos y más comúnmente empleados por todos nosotros: “indios”. Esas personas no podían mezclarse con nosotros, solamente nos vendían algo, nos pedían algo, los usábamos para algo y después desaparecían, porque nunca le dábamos lugar a permanecer más tiempo a nuestro alrededor, los remudaban.

 

Eso que expreso son recuerdos que tengo de mi infancia y mi adolescencia, en mi juventud y posteriormente, los vi en muy contadas oportunidades, primero porque después de mis diecisiete años deje los lugares donde abundaban esas personas en ambos sexos y porque cuando retorné me ubique en un lugar donde directamente no los vi nunca.

 

Los hombres eran de piel oscura de ojos pequeñitos y con los iris totalmente negros, su mirada no es que fuera incierta, no, su mirada expresaba odio, nunca vi una sonrisa en esos rostros, especialmente en el sexo masculino, esos rostros eran muy difíciles de adivinar la edad, salvo que se niño o mayor, pero en los mayores muy difícil saber si era joven o viejo. La edad en ambos sexos se notaba por la forma de caminar, si estaba encorvado era señal de vejez, siempre que no estén cargados con algún peso en la espalda, que era lo más común para verlos.

 

El sexo se distinguía únicamente por la vestimenta y el cabello, las mujeres peinaban trenzas y los hombres el cabello corto, nunca vi un calvo y los viejos tenían pocas o ninguna cana, las mujeres incluso en viajas no tenían canas, las manos en ambos sexos eran iguales incluso de tamaño, con las uñas largas y sucias. Nunca vi ojos de diferente color, todos eran negros, retintos.

 

La vestimenta era muy sencilla, los hombres un pantalón blanco, blanco color sucio, incluso el día que lo estrenaban. Corto que dejaba ver los tobillos, casi siempre descalzos o con unas ojotas muy rusticas, no usaban camisa pero si una camiseta del mismo color del pantalón, pero de una tela ligeramente más delgada, sin cuello ni botones, pero con una apertura que permitía introducir la cabeza. Encima un saco negro de mangas angostas y casi siempre abierto, un aguayo de colores terracota con blanco y negro, liado de una manera muy particular, en el cual generalmente llevaban las cosas de comer, comida seca, deshidratada o tostada.

 

La cabeza la cubrían con un llucho o chulo multicolor tejido a mano con orejeras. El pantalón lo sujetaban con un cinturón ancho de lana muy gruesa, que les servía para sujetar el pantalón, para arriar el ganado (llamas, burros u ovejas) algunas veces ganado vacuno, ese mismo cinturón también les servía como honda para disparar piedras a gran distancia. Algunos llevaban sombrero negro, de pana en el cual acomodaban una bolsa pequeña donde guardaban las hojas de coca y la ceniza para masticar. Cuando tenían que caminar largas distancias y en la noche, llevaban poncho, que generalmente era de color oscuro, café o negro o de varios colores de tonos ocre.

 

La mujer tenía en lugar del pantalón una falda negra, la camiseta y el saco eran similares, pero tenían algún adorno, un vivo bordado muy rudimentariamente de color rojo con preferencia, pero también los he visto de azules o verdes, no usaban llucho, pero si un sombrero de la misma lana de ovejas con una forma medio cuadrada que era ornamental y cubría en algo el sol. Usaban una manta, generalmente negra y un aguayo multicolor, donde transportaban a sus hijos. Las mujeres que guardo en mis recuerdos, en general, los niños de ambos sexos y los jóvenes, no consumían coca, eso estaba reservado a los indios mayores.

 

Algún día les contaré algo más sobre esta gente, gente que a mi criterio está en proceso de extinción, gente que sufrió  y sigue sufriendo el rechazo, desprecio y abandono de todos, incluso de los de su clase que se culturizaron un poco y ni que decir de los gobernantes y movimientos sociales. Son tan raros como  los cóndores que adornan el cielo de los parajes donde habitan.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 27-09-2015

 

24 Sep

Ichimei. ( Quiere decir: Vida, luz, brillo o estrella)

Estoy leyendo la última novela de Isabel Allende, que titula “El amante japonés”. Como siempre, esta escritora me transporta a su ficción, de tal manera, que todos sus libros en mis manos permanecen muy poco tiempo, porque busco todos los momentos libres para continuar la lectura y muchas veces, descuido el descanso que debo tomar, porque estoy  poseído por la magia de la ficción, dado que casi todo lo que escribe Isabel Allende es muy apegado a la ficción, salvo “Inés del alma mía”, que aparenta ser una ficción, pero en realidad es un libro histórico.

 

En todos sus libros tiene referencias reales dentro de toda la trama novelesca, argumentos que dejan la curiosidad de constatar de que se tratan de hechos verídicos. En el caso de esta novela relata lo que hizo Estados Unidos con los japoneses después de que estos, los atacaran sin haberles declarado la guerra y les causen un gran daño en Pearl Harbor (Hawái). Creo que es muy poca la gente, que sabe que en pleno territorio norteamericano, hubieran campos de concentración y vejámenes graves a los japoneses, incluso sus descendientes hasta la tercer generación, pese a que desde la segunda generación eran ciudadanos norteamericanos, por haber nacido en este territorio.

 

Los campos de concentración en los Estados Unidos alojaron a unas 120 000 personas, en su mayoría de etnia japonesa, más de la mitad de las cuales eran ciudadanos estadounidenses y japoneses provenientes de Latinoamérica, gracias a un pacto firmado con varios países, menos Argentina, Paraguay y Chile, que fueron deportados bajo presión. Fueron obligados a vender sus viviendas y negocios en ocho días, aunque en algunas partes este tiempo se rebajó a cuatro días o se elevó a dos semanas (como en la inquisición en España). Al enterarse de esta medida, aparecieron compradores hostiles, que compraron las posesiones japonesas a precios muy bajos. En los campos, a cada familia se le entregaron placas con un número grabado para cada miembro, que fueron utilizadas para identificarse. Algo como las Estrellas de David de los nazis.

 

El gobierno estadounidense ofrecería compensaciones a las víctimas a partir de 1951, pero se disculparía sólo en 1988, afirmando que la concentración de prisioneros se debió a «los prejuicios raciales, la histeria bélica y la deficiencia del liderazgo político». El Presidente Ronald Reagan firmó además un acta, donde ofrecía 20 mil dólares a las víctimas sobrevivientes. Durante la guerra, muchos estadounidenses descendientes de japoneses perdieron todas sus posesiones ya que sus ahorros fueron confiscados por el gobierno al ser considerados «propiedad enemiga». Se estima que se perdieron unos 400 millones de dólares de esta manera, pero después de la guerra, el gobierno solamente devolvió 40 millones de dólares.

 

Una de las unidades más condecoradas durante la guerra fue el 442º Equipo de Regimiento de Combate, integrado por japoneses-estadounidenses. En total recibió siete Citaciones Presidenciales de la Unidad, una Medalla de Honor, 47 Cruces por Servicios Distinguidos, 350 Estrellas de Plata, 850 Estrellas de Bronce y más de 3600 Corazones Púrpura. Sin embargo, en algunos casos, la familia de un soldado podía encontrarse en los campos. Como el caso de Charles Fukuda (hijo de Takao) en la novela de Isabel Allende.

 

Otra de las cosas interesantes de esta novela, es la forma en que nos hace ver lo que sucede con los ancianos, su vida, sus esperanzas, sus desasosiegos. Para los que tenemos unos cuantos años, nos sirven para asociar personajes de nuestro diario vivir, además, me agrado la forma como trata al amor en estos años, mostrando que es posible, real y hermoso.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 24-09-2015

 

23 Sep

En Polonia.

Lucas estaba en Polonia, en Praga, en lo que fue el gueto donde los nazis, sin nada de piedad, iniciaron el exterminio de los julios, estaba trabajando como ingeniero especialista en suelos y tenía como tarea, hacer la inspección de un lugar que debían demoler para construir un gran edificio, para lo cual se requería hacer un estudio de suelos, pero debían comenzar con algunas perforaciones, para determinar el tipo de suelo, su composición, su resistencia y cuán hondos deberían ser los cimientos. 

 

La primer perforación debía hacer en un terreno baldío y gran sorpresa, al querer instar el equipo se dieron cuenta que estaban sobre un sótano, si un sótano secreto, que debió pertenecer a una casa ya demolida o un túnel secreto, construido en ese lugar para no despertar ninguna sospecha. Cuando vieron la forma de entrar a ese sótano, se enteraron que el mismo conservaba todo, todo como si hubiera sido dejado de usar hace muy poco. 

 

Al ingresar vieron que el mayor espacio estaba ocupado por varias camas, separadas entre sí con no más de cuarenta centímetros entre camas, todas las camas estaban muy bien tendidas, como para albergar no más diez personas. Una mesa pegada a una de las camas que permitía que cuatro personas sentadas en la cama puedan usar la mesa, pero además habían seis sillas al rededor da la mesa, recorridas todas las sillas hacia adentro de la mesa. En otro extremo había como una alacena, donde había cubiertos, vasos, platos, tazas y platillos. 

 

Debajo de una de las camas se vislumbraba el mango de una maleta. Cuando llegaron a ese punto,  suspendieron el trabajo y fueron por una cámara fotográfica, que tenga un buen lente, flash, lente de aproximación y una buena memoria, para poder fotografiar, todo lo que vayan descubriendo de ese hallazgo. Cuando ya tuvieron la cámara se pusieron a la tarea de fotografiar de diferentes ángulos, de manera que todo quede documentado con el máximo de detalle. 

 

Se retiró la ropa de cama y previo inventario se embaló, lo mismo se hizo con la bajilla y el menaje, para terminar con los colchones, en cada nueva tarea previamente se tomó fotografías, para documentar el trabajo. Cuando se levantaron los colchones se pudo observar que debajo de las camas habían maletas, eran ocho maletas, se procedió a la apertura de cada una de ellas, que en ningún caso tenían candado, se tomó el inventario de cada una de ellas y se embaló en forma separada. La última maleta que revisaron fue la que se veía a simple vista cuando se descubrió ese sótano. Esa maleta era un tesoro, tenía un diario, dos álbumes de fotografías, cartas, y varios cuadernos de notas. Esa maleta requería de un amplio estudio, el mismo que debería ser realizado por gente con experiencia en esos temas y que mejor para ello que la organización judía “Mosad” con información dada al famoso cazador de nazis Simón Wiesenthal

 

Después de desarmar y  embalar las camas y demás muebles, todo ese material se trasladó a un depósito seguro, donde el clima y el medio ambiente no jueguen una mala pasada. El contenido de la última maleta, fue fotografiado con el máximo de minuciosidad, pero incluso eso era algo muy superficial. Debía tener una mayor protección contra la humedad, la luz y el calor; su contenido tenía un valor histórico incalculable, algo así como el diario de Ana Franz y quizá mucho más por el diario, los cuadernos de notas y los álbumes fotográficos. El propietario de esa maleta fue un hombre y con casi seguridad el de mayor jerarquía en el grupo que uso ese refugio. Por lo que supimos fueron un grupo de judíos rebeldes que pertenecían a la organización Berijá.

 

Después de las averiguaciones con el Mosad, se llegó a establecer que el dueño de esa maleta, era una persona no vidente que vivía en Argentina, compañero y amigo de Simcha “Kazik” Rotem, que fue quien dieron las primeras pistas para descubrir la identidad de Adolf Eichmann. Todo lo que descubrieron en el sótano, pasó a una organización judía que formó en vida  Zivia Lubetkin,  que fue quien ayudó a organizar la Berijá, agrupación compuesta por agentes que colaboraron a los judíos de Europa Central y Oriental a cruzar las fronteras, en el camino al Mandato de Palestina, por los canales de la inmigración ilegal. Zivia,  junto con otros combatientes del gueto que sobrevivieron, fundaron el kibutz ha Lohamey-Geta’ot y el museo de los Combatientes del Ghetto ‘House, que recibió todo lo que se encontró en el sótano.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 23-09-2015

 

19 Sep

Un viaje a la eternidad.

Era un chinito que tenía que viajar y estaba atrasado, mientras esperaba que le traigan un encargo, que debía llevar en su viaje. En un momento determinado decidió no esperar más y agarró su maleta y su mochila, donde llevaba su material de trabajo, documentos, un computador portátil, artículos de limpieza en un neceser, más algo liviano de ropa, por si se extraviaba su equipaje, además  una campera, por si el clima al otro lado del mundo estaba frío.

 

Tomó su Audi A8, color azul marino, con el interior tapizado de cuero blanco, cuero de cabritilla, que tenía la tersura de una dama y el aroma clásico de un cuero finamente curtido, pero además aromatizado con un perfume de fragancia a frutillas, que lo hacía no solamente agradable, sino sabroso y hasta me animo a decir que eróticamente sensual. Arrancó el automóvil rumbo al aeropuerto, donde se quedaría en un parqueo vip, mientras él esté ausente.

 

Llegó a tiempo para hacer el chequeo, entregar el equipaje y pasar a la sala de embarque, que como era de clase ejecutiva, iba directo al salón vip, donde tomó un café y se puso a revisar su iPad. Se distrajo viendo Facebook, después revisó su correo y le prestó mayor atención a los mails que requerían respuesta urgente, hasta que anunciaron el pase a bordo. Se acomodó en el asiento que le correspondía y aceptó tomar un champagne «Corbusier», mientras espera el despegue.

 

Con la mente en blanco totalmente desinhibido, se puso los auriculares  y buscó algo agradable al oído, seleccionando a Mozart, y sus sonatas, con lo cual su bebida se sintió más sabrosa y espumante. En un momento del viaje, sin percibir si era un sueño o era realidad, vio que estaba en medio de un accidente, la persona que permanecía tirada en el suelo, sosteniendo en su mano, la mochila que le pertenecía y estaba vestida, de la misma forma que el vestía al momento de abordar el vuelo. El hombre que estaba boca abajo y a su alrededor se extendía un charco de sangre, al volcarlo para prestarle auxilio, con gran sorpresa vio que era él mismo. ¡Que desesperación…!  Todo a su alrededor era un caos, gente que iba de un lado al otro, sirenas de ambulancias que tronaban por todos lados, camillas, gente de blanco, que no se sabía si eran médicos, paramédicos, enfermeras o ángeles, porque en algún momento se veía tendido en el suelo, en otro momento se veía sobre una nube muy blanca y esponjosa.

 

No sabía cuánto tiempo permaneció tirado, pero observaba una gran luz, blanca y luminosa, al fondo de un túnel y él sobre una mesa de operaciones con un gran despliegue de aparatos médicos y él con una máscara de oxígeno, pero al mismo tiempo él estaba suspendido contemplado lo que hacían con su cuerpo. Al fondo del túnel, también se observaba otro tipo con sus mismos rasgos faciales, pero vestido totalmente de blanco y con unas alas de grandes dimensiones, de un blanco níveo extraordinario, que le hacía unos ademanes, como llamándolo, pero él prefiere verse en el quirófano, respirando con dificultad, pero respirando, aunque totalmente inmóvil, cubierto con paño verde, del mismo color de los uniformes de la gente que lo rodeaba y que trabajaba en su cuerpo en diferentes lugares, como si lo estuvieran remendando.

 

Pasado el tiempo, que no sabía cuantificarlo, escucho una voz que le decía: ¡Señor!, ¡señor…!, llegamos a destino y usted sigue durmiendo. Se asustó y se incorporó bruscamente, se abrazó a la azafata, la misma que quedó petrificada con esa actitud y lo único que atinó hacer, es besarlo en los labios, con un beso apasionado, como nunca había besado…, y así permanecieron, hasta que se acercó otro personal de la aéreo línea, que los hizo retorna a la realidad, bajándose de la nube en que se encontraban. Ambos se miraron y se disculparon mutuamente, pero al mismo tiempo intercambian tarjetas con sus respectivas direcciones de e-mail y la promesa de contactarse por ese medio.

 

Me quedé pensando lo increíble que pueden ser los sueños y las casualidades, que te confunden de tal manera la realidad que después no sabes ¿en qué momento sucedieron y cuánto tiempo duraron?, pero por ahora esta historia se queda en ese lugar, para no hacerla más larga y darle el suspenso que se merece.

 

Miguel Aramayo.

SCZ. 19-09-2015

 

18 Sep

Qué tiempos aquellos.

Para llegar de la casa al colegio habían dos posibilidades, una era ir en colectivo, azul de la línea 2 o irte caminando. La ruta era la misma, tomar el colectivo en la esquina de la Ecuador y Fernando Guachalla, bajar por la F. Guachalla hasta la 6 de Agosto y desde allá, parando en casi cada esquina, hasta llegar a la Loayza, bajarse e ir caminando desde la 16 de Julio hasta el colegio La Salle, pasando la Camacho y la Mercado.

 

El retorno, era similar y generalmente lo hacíamos en colectivo al mediodía, para tener tiempo de almorzar y retornar al colegio, pero a esa hora lo más posible era viajar parados en la pisadera, por la aglomeración de gente y las fragancias que te expulsaban del interior del colectivo. Solo retornábamos a pié cuando la salida del colegio era más temprano por algún motivo, que generalmente era por alguna huelga que nos impedía pasar clases, de lo cual debíamos agradecer a los del sindicato del magisterio o a los alumnos del colegio Ayacucho, Bush y Bolívar.

 

En ese caso bajábamos hasta la avenida 16 de Julio, para poder encontrarnos con las muchachas de los Sagrados Corazones y con ellas caminar a paso lento por el Prado y luego la 6 de Agosto para después tomar la Ecuador y en mi caso hasta llegar a la F. Guachalla o hasta la plazuela España para ir a la casa de Jaime o de Jimmy.

 

Si teníamos algo de plata comíamos unas salteñas en “El Tokio” o si era menos nuestro presupuesto en el quiosco de la esquina del Prado con la México. Si no teníamos fondos, pasar al frente y quedarse charlando sentados en el borde de la fuente, que generalmente no funcionaba como tal, pero bridaba el espacio para sentarse y hacer empanaditas y unos besitos furtivos, con las amigas que nos permitían hacer eso, que eran muy pocas.

 

En las tardes esa era la ruta habitual y el tiempo que tardábamos en recorrer esa pocas cuadras era exagerado. Primero en la esquina del cine Bolívar esperando que lleguen las muchachas de uniforme blanco y un gran rozón en la parte de atrás de la cintura y las medias, que si no me equivoco, eran a cuadros escoceses con zapatos bajos. Nosotros Casi siempre con blue gin azul, si posible Wrangler o Lee y encima de la camisa una chompa de lana, casi siempre, tejida a mano por nuestras madres o abuelas.

 

Cuando teníamos tiempo y nos invitaban, nos íbamos a charlar a la casa de una amigas Sosa, Gloria y Fabiola, que algunas veces nos invitaban a tomar té. Cuando debíamos estudiar, nos íbamos a la casa de Antonio Ormachea (cococho), en la 6 de Agosto, casa con unas gradas interminables hasta llegar a la casa.

 

El grupo lo formábamos: Antonio Ormachea, Dudy Valle, Quico Mouraille, Jaime Villalobos, Jimmy Vargas y yo. También me acuerdo de las muchachas, pero ahora prefiero no nombrarlas para no hacer tan larga la historia.

 

Miguel Aramayo

SCZ.18-08-2015

 

17 Sep

Un tema difícil – La Mujer.

Cuando digo ¡mujer!, la primer figura que se me presenta es la de mi madre, inmediatamente las otras mujeres que quiero, la mía, mis nietas, mi hermana, mi suegra, mis nueras, mis cuñadas y desde luego mis amigas, mis compañeras de trabajo y todas las mujeres.

 

He tratado de leer mucho sobre el tema, para poder expresar todo lo que he podido recopilar, con la finalidad, que al final de este análisis, expresar mi opinión personal. Donde más información encontré sobre el tema de la mujer, es viendo la opinión que tienen las religiones y para eso solamente he tomado las tres monoteístas, que tienen el mismo origen: Abrahán, el judaísmo, el cristianismo y el islamismo.

 

Otra fuente que provee información sobre las mujeres, es investigar lo que opinan algunas culturas, para eso he leído un poco sobre la cultura oriental, si bien en la zona sur y sudeste de áfrica existen varias diferencias por etnia, religión o cultura. La Cultura católica. La cultura islámica, al igual que en cualquier parte, las diferencias se dan por zona, por idioma o por etnia, pero las distintas agrupaciones de la cultura islámica, al compartir el libro sagrado que es el Corán, comparten ciertas «reglas» o costumbres. La cultura africana. Por último la Cultura occidental moderna.

 

Sé que me estoy metiendo en un tema más o menos polémico, porque incluso puedo ser criticado desde el primer párrafo de este escrito, donde digo: “…la mía…” lo que aparentemente denota posesión, propiedad; algo que es un concepto muy generalizado en las religiones y las culturas, con respecto a la mujer, quien después de ser propiedad del padre, pasa a ser propiedad del marido. En ningún momento quiero expresar posesión, pero concordarán conmigo que es una forma muy generalizada de expresarse en ese sentido, que denota machismo.

 

Según la tradición judía, “una extendida interpretación rabínica considera que la referencia, en un versículo anterior, a que «Dios creó varón y hembra los creó» significa que hubo otra mujer antes, la cual terminó abandonando el Paraíso. Según esta tradición judía, Lilith es esa mujer que precedió a Eva, y que, una vez lejos de Adán, se convirtió en un demonio que rapta a los niños en sus cunas por la noche y una encarnación de la belleza maligna así como la madre del adulterio”.

 

También he leído que: “Más allá de esta tradición hebrea, el origen del mito de Lilith parece contar con raíces sumerias o acadias. En concreto había en Mesopotamia, según el arqueólogo británico Reginald Campbell Thompson, un grupo de demonios femeninos derivado de la criatura Lilitú (Lilu, Lilitu y Ardat Lili) con unas características que responden a esta figura mitológica: eran mitad humanas y mitad divinas, usaban la seducción y el erotismo como armas; y la noche era su hábitat natural”. 

 

Otra de las curiosidades que observe en mi análisis de las mujeres es: “Según el Yalqut Reubeni –una colección del siglo XVII de midrashim (interpretaciones de textos antiguos) por el rabino Rubén Hoschke Kohen–, «Dios formó a Lilith del mismo modo que había formado a Adán, aunque utilizó inmundicia y sedimento en lugar de polvo puro». La inmundicia habría convertido a esta criatura en un demonio del que, a su vez, nacieron otras criaturas malignas que «todavía atormentan a la humanidad». Estos demonios hembras se dedicaban a atacar a las madres durante los partos con el fin de robar al recién nacido para luego matarlo, como retrata un sello cilíndrico expuesto en el Museo de Oxford”.

 

En la historia de la humanidad, el papel de la mujer en este mundo ha tomado distintos matices y muchas veces ha sido mal interpretado y despreciado. Sin embargo, estudiando diversas fuentes, se puede llegar a obtener una visión clara del rol de la mujer en este mundo, y especialmente en la vida del hogar, tanto si es hogar judío, cristiano o del islam o en las diferentes culturas.

 

Leyendo sobre la creación de la mujer anoté que: “La Torá nos cuenta que después de que Dios creó al primer hombre, lo durmió y separó de él a quien sería su esposa, Javá, pues él había visto que estaba solo y necesitaba una compañía. A Javá la Torá la llama «ézer kenegdó» – es decir, una ayuda para él. Dicen los Sabios que Adam no llegó a ser íntegro y completo hasta el momento en que Javá fue creada. Es decir, que el concepto de ser «una ayuda para él» significaba complementarlo. De aquí aprendemos que para que el hombre pueda cumplir correctamente su función en este mundo, necesita a la mujer. Y por eso se debería categorizar al hombre como el «sexo débil», pues fue él el que necesitó de la ayuda de su mujer, y no al revés”.

 

En ese mismo artículo leí: “Por otro lado, la Torá dice en Génesis 2:23: «Adam dijo: Esta vez, este es hueso de mis huesos y carne de mi carne». Esto nos enseña que también la mujer necesita del hombre para estar completa. Toda mujer, así como Javá, es «la madre de toda vida» (3:20). Ella es la renovadora eterna de la humanidad, la que da a luz a nuevas vidas y da forma a su relación con el hombre. Y es por esta razón que la mujer necesita al hombre para poder llevar a cabo su función y cumplir junto con él, el propósito de la vida. En definitiva vemos que uno sin el otro no pueden llegar a ser íntegros ni completos”. 

 

La forma en que los escritos judíos se expresan de la mujer, resaltan su fragilidad, su delicadeza. Al decir «la casa de Iaacov», se refiere a las mujeres, y al decir «los hijos de Israel», se refiere a los hombres. Además, enseña que a ellas se les debe hablar con una voz suave, y no en forma dura y firme (como a los hombres), pues ellas son más sensibles, pues ella es delicada y agradable, y es por eso que puede entender las cosas de esta misma manera, y un tono de voz suave es suficiente para que ella capte el mensaje.

 

En muchos relatos bíblicos se muestra a la mujer actuando con inteligencia, modestia, diligencia, hospitalidad, humildad, compasión, etc. Sará, aconsejó a su marido Abraham. Rivká, percibió al verdadero merecedor de las bendiciones de Itzjak. Rajel, entregó la palabra clave a su hermana Leá en la noche de su casamiento, para no avergonzarla delante de la gente de la ciudad. Leá, suplicó a Dios para no tener que casarse con el malvado Esav. Y muchas historias más. Pero a pesar de que las mujeres forman y han formado parte de los momentos más cruciales de nuestra historia, nunca buscaron reconocimiento, sino que se comportaron de manera recatada, a pesar de sus grandes logros.

 

El  papel y la delicadeza con la que se expresan los escritos judíos, indudablemente ha sido trasmitidos al cristianismo, así como los cinco libros que componen la Torá han sido transferidos íntegramente al cristianismo, como el antiguo testamento, con variaciones muy sutiles, más semánticas que fundamentales, es por eso que los cristianos asumen el mismo trato a las mujeres, pero son, a mi criterio, menos cuidadosos con el trato a las mujeres y expresan todo lo bueno a la Virgen Maria, que desde luego era judía. Mientras que el trato del islamismo a la mujer es totalmente diferente, ellos asumen la propiedad total de la mujer y hacen con ella lo que ellos estiman que se debe hacer y la tratan de una manera diferente y discriminatoria en exceso.

 

En todo lo que he leído tanto de temas religiosos como culturales, resumen el trato a la mujer en un aspecto físico. Cada religión y cultura, a mi criterio, resume el trato a la mujer con la condición física de la virginidad, Asumiendo que el himen de una mujer debe ser conservado intacto hasta que la mujer pasa de la potestad del padre a la potestad del marido, en general todas las religiones le dan un gran valor a esa condición femenina, sin tener otros aspectos que involucre eso, como el amor, la sensibilidad, la sexualidad. En términos culturales, la religión de cada tipo de cultura tiene mucha influencia y por lo tanto hay culturas que castigan la perdida de la virginidad antes del matrimonio, incluso con la muerte, con el desprecio del núcleo familiar y de toda la sociedad.

 

La cultura occidental moderna, se esté liberando de ese tema como restricción de la felicidad femenina, las mujeres occidentales de la actualidad ya separan la sexualidad de la religión, puede decidir sobre su vida sexual, sin tener el rechazo de la familia o la sociedad. Además, a las mujeres que se mantienen vírgenes hasta el matrimonio, se las considera raras o que tienen algún problema de autoestima e inseguridad. Yo, liberándome de la carga religiosa y pensando en términos más humanos, más naturales, pienso que la pureza de la mujer es algo mental y no físico, porque el pecado nace, según mi criterio, del pensamiento, pensamiento que rige la acción, que para ser pecado no requiere ser consumado, suficiente con ser pensado.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 17-09.2015