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Y “el collinga” se montó en un caballo

19 Feb

Y “el collinga” se montó en un caballo

Nunca vi un collinga tan diligente e interesado por aprender, él quería estar en todo, él lo quería saber todo, él todo lo preguntaba; no tenía ninguna inhibición, no conocía la vergüenza, le daba lo mismo quitarse la ropa delante de todo mundo y meterse a un chorro de agua, montar en un potro remolón, meterse al corral como si alguna vez en su vida hubiera andado entre vacas, toros, vaquillas, novillos y terneros. El andaba montado en los guardabarros del tractor, o caminaba por los potreros de yaragua (Jaragua), con el pasto hasta el pecho, sin siquiera llevar un trazado, sin calzar botas ni sombrero, lo que no sólo denotaba falta de temor, sino total irresponsabilidad. Los únicos que lo corrían eran los mosquitos, pero máximo cinco minutos después de la picada, porque pasado eso la picada no hacia ni roncha.

 

No le faltan anécdotas de todo tipo, clase y calaña, en su afán de aprender le daba lo mismo comer un locro carretero, cocinado en un tacho mugriento en pleno monte, que comer carne en palo y las brazas, sancochado de cola de peni (un tipo de lagarto de tierra), huevo de piyo (ñandú) al sartén, frutas de toda índole, treparse a los arboles, corretear hurinas, de las de verdad y de las otras, jugar a las cartas y a los dados, amanecerse bebiendo o trabajando. Dar órdenes al personal, medir tareas y recibir tareas, de chaqueo, leña, cosecha de algodón, carpida, o fumigación, hacer de banderillero o subirse en el avión fumigador para conseguir repuestos. Hacer tratos con el personal, preparar las planillas, pagar, hacer las compras en el mercado, negociar créditos en los bancos, negociar con comercializadores de agroquímicos y semillas, representar al pueblo en negociaciones ante los empresarios privados y organizaciones. Negociar ganado de raza, alambrar y cuanto trabajo se presenta en el campo, excepto marcar y capar, pero si vacunar.

 

Después de algún tiempo “el collinga” se desenvolvía con soltura, e incluso denotaba saber más que algunos que habían nacido en el lugar y estaban acostumbrados al trabajo, asimiló la forma de hablar del lugar, incluso con las expresiones propias de la gente del campo y lunfardo propio de la zona, no le temía a nadie e incluso participaba de algunas camorras, pero prefiriendo huirle a los líos, pero no a los alborotos y jolgorios, bueno para comer, bueno para beber, bueno para bailar y también para conversar. Muy responsable de sus obligaciones y sus compromisos, muy responsable en el manejo de dinero, propio y ajeno, muy respetuoso de los niveles jerárquicos, familiares e institucionales.

 

Muy aficionado a la lectura, a la meditación, a la reflexión, al análisis concienzudo de lo que se debía realizar, de lo que se requería hacer con su colaboración, para lo cual también se preparaba intelectual y físicamente, de manera que su  opinión tenga valor y sea respetada por los demás, pero siempre sencillo, servicial y presto a colaborar en cualquier tarea, mejor si se trataba de comer, bailar o fiestear, pero tampoco se corría del trabajo o de las responsabilidades como miembro activo de la comunidad.

 

Ese collinga, muy rápidamente se adaptó al medio, al extremo de mimetizarse, desde luego existían cosas que eran muy notorias, como el hecho de siempre estar limpio, afeitado y perfumado, por más que esté en el corral, ayudando a la ordeña o recibiendo tareas, haciendo el pago al personal o bailando con los campesinos del lugar, tomando lo que ellos tomaban, comiendo lo que ellos comían y disfrutando del baile con las mujeres del lugar, siempre respetando el no ofender a los varones y mujeres que lo acogían en su ambiente.

 

Todo lo que expreso en este relato, puedo garantizar que es verdad, porque todo lo que está dicho en el mismo son palabras propias del mismo “collinga”, o mejor dicho del que una vez fue colla.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 19-02-2010