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Recuerdos, y bellos momentos

14 Abr

Recuerdos, y bellos momentos

El tiempo pasa y la fragilidad de la mente hace que momentos de tu vida queden fuera de cualquier memoria y por lo tanto se borren en la inmensidad de la eternidad, es por eso que quiero dejar plasmado en el papel lo que tengo en mi cabeza, lo que conserva mi corazón, como lindos recuerdos, como bellos momentos vividos en diferentes circunstancias, esto que me animo a poner en el papel podrá ser corregido por quienes tienen mejor memoria que yo, o quienes tienen más vívidos momentos de los acontecimientos que pudiera relatar, pero lo primero que haré será recordar a las personas en forma física, así como los pintores pueden plasmar en lienzo el retrato de alguien que puede posar, para eso o el pintor podrá obtener esas imágenes de su memoria.

 

El objeto de este primer intento por recuperar mis recuerdos será retratar a mi suegro, don Manuel Bravo Justiniano y cada uno de los hermanos que conocí y una hermana de la cual tengo referencia pero que cuando yo llegué a esa familia ya ella no existía, había muerto, sino me equivoco se llamaba Marina. El mayor era Luis, los seguían: Waldo, Benjamina, Aída, David, Adelina y el “zurrapo”, Manuel. La hermana que no conocí, Marina, si no me equivoco estaba entre Benjamina y Aida. Todos los hermanos nacieron en el campo en una propiedad que se denominaba “El cuco”, todos ellos eran muy parecidos en carácter y en forma de ser pero muy dispares en tamaño, Luis, Benjamina, Aida y David eran altos, Waldo, Adelina y Manuelito eran “guatocos” (petisos), todos “alegones” (discutidores) a excepción de Adelina, pero todos muy buenas personas.

 

Uno a uno, iré dibujando mentalmente, haré el retrato de cada uno de ellos y lo haré de cuerpo entero:

 

Luis alto de piel muy blanca, más colorado de pelo castaño rasgos muy finos, frente amplia, nariz recta, hombros amplios, próximo al metro ochenta, de más o menos unos ochenta kilos de peso, brazos fornidos, manos grandes con características de alguien que usa sus manos en trabajos fuertes, de gran inteligencia inclinado a todo lo que sea técnico, mecánica, electricidad, botánica, con una cultura cultivada con esfuerzo propio y autodidacta. Siempre pensando en realizar algún trabajo manual y presto a conversaciones serias, sobre cualquier tipo de tema, con preferencia los temas en los que pueda demostrar sus conocimientos técnicos.

 

Waldo, de piel muy blanca, escasísimo cabello, prácticamente calvo, nariz medio aguileña, frente amplia, mirada muy firme, bajo de estatura pero de tronco muy amplio, con rasgos de hombre atlético mano firme, labios delgaditos, autoritario al hablar, autoritario al mirar, autoritario al actuar.  Una forma de andar muy particular con el pecho hinchado y la cabeza alta, como queriendo destacarse de los demás, pese a su menor estatura, de una risa muy sonora y una voz fuerte.  Muy aficionado a los amigos, al aperitivo (coctelito) antes de las comidas y presto al  juego de “la churuca” (corazón). Le encantaba hablar de cualquier tema y denotaba haber leído mucho, porque su conversación era fluida.

 

Benjamina, de piel extremadamente blanca, cabellos escasos y totalmente blancos, labios delgaditos, amplia frente, con una nariz recta y unos labios finitos, brazos largos y delgados, lo mismo que las piernas, de buen físico, mas tirando a delgada, pero también con una parada y facha de mujer estricta, muy religiosa, muy apegada a los valores familiares, pero el mismo tiempo muy servicial con los hermanos, los parientes y presta a colaborar a todos, muy conocedora de medicina, desempeñaba las funciones de enfermera y ella estaba presta a poner una inyección o hacer una curación si era preciso, siempre estaba con su bordado o su croché. Siempre la acompañaba una cartera muy grande, donde tenía todos los implementos necesarios para una atención médica, remedios de diferentes índoles, agujas crochetceras de diferentes tamaños, dedal, aguja, hilos, botones y todo lo que ella consideraba necesario. Era la única hermana soltera y todos la conocían todos la conocían de “Niña Benjamina”, o “Señorita Benjamina”. También era una persona que le agradaba leer y también estaba dispuesta a juagar a las cartas, pero lo que a ella le gustaba era “La lobita”, pero mejor si era anotada y a “mazote”, muy sencilla en su forma de vestir y de muy finos modales para tratar a los demás.

 

Aida, de una figura muy fina, mostraba ser una mujer de clase y de estilo, de rasgos finos, nariz recta, frente amplia, labios delgados, mentón fino, ojos oscuros y mirada triste, alta y delgada pero de contextura gruesa, de manos grandes y firmes. Voz autoritaria. Mujer acostumbrada a dar órdenes y que la obedezcan, pero al mismo tiempo dulce en su expresión. De muy poco cabello que daba la impresión de no ser de ella, sino de una peluca. Siempre muy bien vestida y siempre pensando en actividades empresariales, como jefe de su casa, pero muy débil para la crianza de sus hijos.

 

David. De piel un poco más morena que el saldo de sus hermanos, una amplia frente, una nariz recta, los labios finos y con una expresión de bondad, de cariño. Muy pausado al hablar, con movimientos muy cuidados y muy gentil para dirigirse a los demás, muy educado en sus modales, de caminar muy pausado. Hombre dedicado al trabajo, de cuerpo atlético, manos grandes y firmes. muy bonachón en su trato, presto a conversar, le gustaba caminar acompañado y muy gentil en la atención a sus huéspedes, con un gran cariño a sus hijos, incluso algo exagerado con el cariño a sus hijas mujeres.

 

Adelina, la más bajita, la más cariñosa, la más servicial, la más atenta, la más, más. De todos los hermanos Bravo, ella estaba atenta a todos los hermanos, a todos los sobrinos, ella estaba presta a colaborar al que lo requiera. Era muy bajita, de pelo muy escaso y casi siempre despeinado, la nariz recta pero un poquito grande, boca chiquita y labios delgaditos, con un mentón muy notorio por lo chiquito y sobresalido, algo gordita y con una renguera que la llevaba muy bien. Ella siempre estaba costurando y algunas veces tejiendo crochet, siempre estaba presta a invitar lo que preparaba y su casa siempre paraba llena de sobrinos y amigos, cuando tenía un tiempo de sus actividades cotidianas le encantaba jugar loba, pero si no tenía nada que hacer comenzaba a pellizcarse las cutículas y los bordes de las yemas de los dedos, junto a las uñas hasta que se hacía sangrar, para no hacerse daño, jugueteaba con una cajita de fósforos de madera, haciéndolos “flecos” de uno en uno hasta concluir la cajita. También le gustaba fumar y tenía un estilo muy particular de agarrar el cigarro y pitar.

 

Manuelito, muy bajito, sus compañeros de colegio le decían “Pollito”, de muy poco cabello, amplia frente, ojos chiquitos y achinaditos, labios muy delgaditos, el mentón muy parecido al de su hermana Adelina, el cuello muy estirado y la cabeza alta, como queriendo aumentar de tamaño, cuerpo atlético y muy bien formado pese al tamaño, andar muy firme, voz delgada pero muy autoritaria, modales muy finos y algo tímido para tratar con la gente, un hombre muy leído lo que le daba una ventaja para poder participar en cualquier conversación, muy buen amigo y muy buen hermano, siempre dispuesto a colaborar, así como también alegón, el siempre quería tener la razón, muy especialmente en conversaciones con sus hermanos y hermanas. Muy cariñoso, pero poco expresivo. Algo que tengo en mis recuerdos es lo que él decía de su madre, “que verla en el campo era igual que ver un “jarajorechi en flor”, porque decía que cuando estaba en el campo usaba un pañuelo rojo para sujetar el sombrero”. Era un hombre muy trabajador y extremadamente metódico y cumplidor de sus obligaciones de todo tipo de obligaciones. Era muy amiguero y un hombre muy respetado por quienes lo conocían.

 

Miguel Aramayo.

SCZ. 14-02-2010