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Israel.

8 Sep

Israel.

Es el tema de actualidad desde junio en que Hamas inicio el lanzamiento de cohetes a territorio israelí, pero es un tema recurrente desde hace mucho tiempo, muchos años, muchos siglos, muchas culturas. Pareciere que todos confabulan contra Israel, pero me da la impresión que ninguno de los que va en contra de los judíos, estudia realmente el porqué de esa animadversión.

 

Estoy leyendo un libro de Julia Navarro que titula “Dispara yo ya estoy muerto”, Donde hace un relato de lo que ahora es Israel desde 1900 hasta nuestros días y, realmente uno puede darse cuenta la lucha y la paciencia, además de la inteligencia y diplomacia, con la que los judíos han conquistado lo que tienen. Tierras que perdieron desde cuando era Judá, donde estuvieron primero los cananeos, que también fue de los egipcios, sin olvidar los filisteos, pasando por los macedonios, los romanos, los bizantinos, los persas, los árabes, abasíes, fatimíes, los cruzados, los otomanos, hasta que llegaron los británicos y esperaron que pase la segunda guerra mundial para repartirse 20% para los judíos, 60% para los palestinos y 20% internacional.

 

De la misma autora he leído “la hermandad de la sábana santa”, “la biblia de barro”, “la sangre de los inocentes”. También con el mismo tema he leído a Marco Aguinis: “la gesta del marrano”, “Liova: correr hacia el poder”, “los iluminados”. Otro autor que también habla del sufrimiento de los judíos es Noah Gordon del cual he leído: “El médico”, “El ultimo judío”,  “Chaman”, “El rabino”. Por lo tanto tengo mucho para opinar sobre el tema, porque todos esos libros son históricos, lo he comprobado. Adicionalmente algo que compré en la última feria del libro en Santa Cruz y, lo leí hasta donde pude (tres cuartas partes): La Historia de la Gestapo” de Jacques Delarue. 

 

Hace un momento leí algo de Jorge Luis Borges, que me permito transcribir íntegramente porque lo expresado por este escritor en 1932 (antes del holocausto) muestra claramente lo que mucha gente opina sobre los judíos: “Ciertos desagradecidos católicos, léase personas afiliadas a la Iglesia de Roma, que es una secta disidente israelita servida por un personal italiano, que atiende al público los días feriados y domingos, quieren introducir en esta plaza una tenebrosa doctrina, de confesado origen alemán, rutenio, ruso, polonés, valaco y moldavo. Basta la sola enunciación de ese rosario lóbrego para que el alarmado argentino pueda apreciar toda la gravedad del complot. Por cierto que se trata de un producto más deletéreo y mucho menos gratuito que el dumping. Se trata -soltemos de una vez la palabra obscena- del Antisemitismo. Quienes recomiendan su empleo, suelen culpar a los judíos, a todos, de la crucifixión de Jesús. Olvidan que su propia fe ha declarado que en la cruz operó nuestra redención. Olvidan que inculpar a los judíos equivale a inculpar a los vertebrados, o aun a los mamíferos. Olvidan que cuando Jesucristo quiso ser hombre, prefirió ser judío y que no eligió ser francés, ni siquiera porteño. Ni vivir en el año 1932 después de Jesucristo para suscribirse por un año a Le Roseau d’Or. Olvidan que Jesús, ciertamente, no fue un judío converso. La basílica de Luján, para El, hubiera sido tan indescifrable espectáculo como un calentador a gas o un antisemita. Borrajeo con evidente prisa esta nota. En ella no quiero omitir, sin embargo, que instigar odios me parece una tristísima actividad y que hay proyectos edilicios mejores que la delicada reconstrucción, balazo a balazo, de nuestra Semana de Enero, aunque nos quieran sobornar con la vista de la enrojecida calle Junín, hecha una sola llama”.

Jorge Luis Borges. Publicado en el semanario «Mundo Israelita» en agosto de 1932.

 

Creo que la mayoría opina sin conocimiento de causa y culpan a los judíos, que lo único que están haciendo es defenderse de los ataques de vulgares guerrilleros, que se aprovecha de un pueblo que es el pueblo palestino, que es un pueblo bueno de noble corazón, pero que los guerrilleros lo tienen con el cerebro lavado y lo usan a su antojo.

 

Creo que no es bueno negociar bajo la presión del odio, es preferible negociar con la cabeza fría y pensando en el bienestar de todos, de esa manera los palestinos podrían ganar mas, mucho más. Y todos podrían vivir en paz, después de todo son hermanos, consanguíneos y con seguridad comparten muchos genes, genes en los que también esta Dios.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 23-07-2014 (Dia de la amistad en Santa Cruz – Bolivia)