Un fin de semana en Venecia.
Mientras los políticos se preparan para las elecciones. Los deportistas se preparan para el mundial de fútbol. Los militares sacan sus armas nuevas, sus tanques obsoletos y sus uniformes camuflados, y sus ansias de sentirse héroes, o por lo menos inspirar miedo, para sentirse grandes, poderosos y que la gente se ría de ellos en sus preparativos grandilocuentes para el show del G77+~CHINA.
Yo desde mi refugio psicológico en París, me preparo para un fin de semana. Mientras ordeno mi departamento cerca al Sena y la torre Eiffel, escucho el timbre de mi teléfono, suenan campanitas, que no me sobresaltan, pero que si poner en alerta mi corazón, porque ¡se quien llama…!
Atiendo el celular y escucho esa voz melodiosa que me habla desde Suiza:
–Hola, ¿cómo le va?, no lo interrumpo.
–No, de ninguna manera, sabe que para mí es muy grato escucharla, lo único que desde que escucho las campanitas, mi corazón palpita más fuerte y seguido, pero mi pulso y pensamiento siguen constantes, por lo menos eso es lo que creo. -¿Cómo está usted?, ya extrañaba su voz, porque también la extraño a usted.
–Lo llamaba para invitarlo a pasar dos días en Venecia.
–¿No puede ser?, ¿a qué se debe esa oferta?
–Me saqué un premio, para pasar con todo pagado, dos noches en el hotel Danieli de Venecia, para dos personas. Pasajes pagados desde cualquier parte de mundo hasta Venecia, alojamiento y alimentación, más mil euros para gastos.
–¿Qué le parece?
–Yo creo que es un sueño, pero un sueño divino, estoy a disposición, como nos organizamos.
–Yo salgo de Suiza a Venecia y usted de París a Venecia y nos encontramos en el aéreo puerto internacional Marco Polo. –Ya hice las reservas y usted puede salir del aéreo puerto Charles de Gaulle a las 16:00 hora de París (dentro de tres horas) y yo salgo del Aeropuerto Internacional de Ginebra a las 16:30 y nos encontramos y la sala de espera del Aeropuerto Marco Polo de Venecia. Desde allá nos vamos al hotel Danieli, nos damos una ducha y salimos para hacer turismo.
–Por lo visto ya lo tiene todo estudiado. A partir de este momento me convierto en su esclavo, haga conmigo lo que quiera, ¡quedo a su disposición…!
Completamos el itinerario al pie de la letra, el equipaje era mínimo sólo necesitábamos lo que usaríamos ese viernes, que era lo que llevábamos en el cuerpo, la ropa interior para sábado y domingo, una muda adicional de ropa y pijama, ¡si es que los usábamos…! Además de los iPhone y los iPad, que se han convertido en los elementos esenciales de todo viaje, para estar comunicados al mundo. Cuando nos encontramos en el aeropuerto, como dos adolescentes nos abrazamos, la suspendí por los aires y di lagunas vueltas con ella. Después de un largo y apasionado beso nos dirigimos a una agencia de taxis para que nos trasladen al hotel.
El Hotel Danieli se encuentra en una de las posiciones más exclusivas de Venecia, a pocos pasos de la Plaza de San Marcos, una ubicación cómoda cerca de las tiendas, los museos y los atractivos principales de Venecia.
Encantador y lujoso, el Hotel Danieli se compone de tres espléndidos palacios venecianos de los siglos XIV, XIX y XX. El interior del hotel está decorado ricamente, abundan las lámparas de cristal artesanal de Murano, preciosos tejidos y tapicerías, columnas de mármol trabajadas a mano y refinado mobiliario de época. El Restaurante Terrazza Danieli es algo muy acogedor. El último piso del Palacio Danieli Excélsior, brinda un panorama inolvidable de Venecia. Un escenario romántico rico de historia ¡que despierta todos sus sentidos!
Después de la ducha, ya eran las 18:30 y lo primero que hicimos fue caminar adentro del hotel, de por si eso ya era un museo, el hall del hotel deja apreciar el mármol de las columnas y los pisos, los balaustres de la escalera y los arcos que se aprecian al fondo viendo desde abajo, o a medida que uno asciende.
El Lounge Bar, es algo que impresiona por su construcción, su decorado, el mobiliario, pero lo que más me llamo la atención, fue la chimenea, ese decorado finamente tallado en mármol en la parte superior y la cantidad de columnas de mármol, y como premio mayor esos candelabros de cristal de Murano coloridos.
El Bar Dándolo es otro espectáculo de lujo, decoración y ambiente finamente acogedor. El Ristorante Terrazza Danieli es otro ambiente espectacular, al cual retornamos después de haber visitado todas las salas que nos fueron permitidas, incluso el salón para bodas. Nunca me había sentido tan sorprendido, e incluso puedo decir que me sentía vestido de otra manera, con sedas y brocados, y hasta con peluca, realmente me sentía un príncipe de la nobleza.
En todo ese paseo se nos fue el tiempo y cuando recordamos, estábamos cansados de tanto caminar y abrir la boca y por lo tanto ya teníamos ganas de reposar y de comer. Nos fuimos a una de las mesas que están al frente del mar, lo que nos permitió apreciar el movimiento de algunas naves, yates y góndolas, lo cual, junto con la música ambiental (unas tarantelas) nos elevaron a un puro romanticismo y por lo tanto nos servimos de aperitivo un champagne, que nos puso más a tono con el panorama del que disfrutábamos y ordenamos la comida, un coctel de camarones y linguini con salsa de pavita a la provenzal, además nos tomamos una copa de vino tinto, con lo cual ya no quedaba espacio para postre. Hicimos una larga sobremesa contando lo que habíamos hecho desde la última vez que estuvimos juntos.
Después de las once de la noche nos fuimos a nuestra suite y quedamos sorprendidos, nos sentíamos monarcas de esta tierra, el lujo señorial rebasaba todas nuestras expectativas, no creo que ni en los hoteles de Dubai se pueda apreciar tanta ostentación, el baño era algo más que de película, había una salita con un sofá y una mesa con cuatro sillas y el dormitorio amplio, finamente decorado con ventanas que daban al mar, todo climatizado como para sentirse en el paraíso.
Nos dimos un baño de inmersión y permanecimos un buen tiempo en la bañera disfrutando de la temperatura del agua, la fragancia de las sales de baño y las espumas, que resultaba realmente placentero estar así, además que relajante para el día agitado que habíamos tenido, porque todo viaje es desgastante, por más que sea corto como el que hicimos, pero el solo hecho de estar en los aeropuertos cumpliendo las rutinas de vuelo, migraciones, aduanas, que todo eso te toma tiempo y te desgasta físicamente.
Nos metimos en la cama que tenía un colchón mullido y encima de las sabanas un edredón de plumas que no pesaba nada, pero que te daba un abrigo agradable, nos abrazamos y quedamos suspendidos en el espacio, sostenidos únicamente por los soplidos de Eros y los efluvios de Afrodita, que aprovechando de los vapores, que todavía conservábamos de Vaco. Nos unimos en un largo beso y nuestras manos exploraron nuestros cuerpos buscando los espacios más sensibles, hasta que quedamos profundamente dormidos, no sin antes haber alcanzado el séptimo cielo y haber disfrutado de ese amor profundo.
Cuando despertamos al día siguiente, seguíamos unidos en ese abrazo del que disfrutamos la noche anterior y nos quedamos mirando, como si no estuviéramos convencidos de estar en la realidad y lo que estábamos disfrutando era un sueño, un sueño de esos donde te mantienes en el cielo como si tu cuerpo fuera inerte y no tuviera peso que pueda ser atraído por la gravedad, no sé cuánto tiempo permanecimos en ese estado hasta que nos despertó el golpe en la puerta, nos traían el desayuno.
Lo que quedaba del sábado nos dedicamos a pasear por todas las maravillas que te ofrece Venecia, galerías de arte, museos, iglesias, tomamos una cerveza y comimos una piza y continuamos haciendo turismo hasta bien entrada la tarde, luego nos fuimos al hotel, para descansar y alistarnos para cenar, porque lo que añorábamos era que llegue la noche para repetir lo bello de la noche anterior.
El domingo despertamos como a las diez, desayunamos, cancelamos las cuentas en el hotel y nos fuimos a misa a la iglesia de “Santa Maria Gloriosa dei Frari”, luego tomamos el taxi al aeropuerto a esperar la salida de nuestros vuelos, nos despedimos para pasar cada uno a la sala de embarque que le correspondía, agradeciendo que hubiéramos podido disfrutar de un fin de semana tan bello y con la esperanza de volvernos a encontrar en corto tiempo.
Miguel Aramayo.
SCZ. 01-06-2014.
