info@miguelaramayo.com

Desde París.

8 Sep

Desde París.

Hoy me desperté en París, que es donde vivo desde enero del 2006, abrí la ventana, contemplé la torre Eiffel y me desayuné, más que todo con frutas. Les puedo decir que me sentí un sayubu (pajarito de color azul, al que le gustan las frutas, principalmente la papaya – típico del oriente boliviano). Ya me había bañado y afeitado, estaba de sport riguroso, con un suéter delgado, porque como en poco tiempo más estaremos en otoño y la brisa está fresca.

 

Puse música en el equipo, algo de saxo romántico y me senté juntó a la mesita de la sala con mi iPad para revisar el e-mail y el Facebook, para estar al día con la información, pero me vino como siempre la tentación de escribir y  comencé a hacerlo, casi instintivamente y con ansias de que no se me escapen las ideas, ahora comparto con ustedes eso que es: «Algo nuevo de lo viejo»:

 

La vida, para mí, es un conjunto de decisiones y azares, mucho más azares que decisiones. Eso de que Dios creo al hombre y lo dejó que actúe a su libre albedrío, es más poético que real, Él (Dios) lo maneja todo y de vez en cuando nos deja tomar una decisión, pero creo que hasta en esas decisiones influye su poder Divino, incluso hay un refrán que dice: «Suerte te dé Dios, que el saber de nada vale», o el otro que reza así: «el hombre propone y Dios dispone». 

 

Desde luego que mucho influye en lo que hagas el entorno en que te muevas, y para eso también tengo tres refranes: «Dime con quién andas y te diré quién eres», el otro que dice: «El que con críos se acuesta, amanece mojado», a “Quien mal comienza, mal acaba”. Desde luego que en todo eso influye mucho tu procedencia, tu cuna, la educación que hubieras recibido en tu casa y para eso también tengo dos refranes: «De tal palo, tal astilla» y «hijo de pez, pescadito es».

 

La vida pasa volando y ahora que ya soy abuelo lo puedo decir con experiencia, con la vivencia que te dan los años al pasar, desde luego que, a mi criterio, años no quieren decir edad, yo me siento un pibe y muchas veces (con bastante frecuencia) hago cosas de muchacho, pero con la experiencia de los años vividos.

 

Desde el momento de tu nacimiento, pienso que lo más importante en la vida de cualquier individuo, es la ternura que te brinden tus padres, la leche materna y el calor de esos tiernos pechos de la madre, ya van formado al hombre, pero él también requiere de los mimos del padre, de estar montado en sus hombres y apoyado a su cabeza y sentirse el rey del mundo y el más poderoso, pero también requiere de: «un ¡alto quien vive…!», porque una palmada y un “!carajazo!” a tiempo, en el momento oportuno, forman bien a las buenas personas.

 

La educación se adquiere desde que uno nace, hasta más o menos los siete años, eso es en la casa. Después de eso recibes instrucción y eso te lo da la escuela y el colegio, los profesores, mientras eres, niño, púbero y adolescente. Luego de esos años de instrucción, comienza la vida. Ya tienes plumas y puedes volar, pero falta lo más importante, profesionalizarte y encontrar la mujer que Dios te tiene elegida, que no siempre es la que deseas.

 

Creo que es muy importante encontrar la pareja que te acompañe a tirar del carro para adelante. A partir de ese momento ya no dependes de tus padre, ya eres adulto y como tal tienes que afrontar la vida, siempre de la mano de Dios, porque Él debe guiar tus pasos, debes recurrir a Él para compartir tus penas, tus sufrimientos, pero también tus triunfos y alegrías, además de dar ese ejemplo a tu pareja y a tu prole.

 

Desde el momento que asumes la paternidad, ya tu vida no es un nidito de dos, ¡no!, ya se convierte en una casa y como hombre asumes la responsabilidad de ser padre y es a partir de ese momento que son más importantes tus hijos, que incluso tu pareja, porque acabas de contraer un vínculo inseparable, no sólo hasta que tus hijos se emancipen, ¡no!, es hasta que vos partes a la eternidad, porque después vienen los nietos y si tienes suerte los bisnietos.

 

Como verás el viento fresco de París me pone soñador, filósofo y sobre todo humano y responsable, aunque mi vida no hubiera sido en tachado de bondades y buenas obras, porque externamente pueda mostrarme muy bueno y bonito, pero en mi conciencia está que no fue así, pero es importante vivir para uno y también para los demás, más para los demás que para uno.

 

Para uno lo importante es estar bien con Dios, después de todo el tiempo mayor será la eternidad. Lo que viviste, cuando llegas a viejo te das cuenta que es efímero, fugaz, pero tienes que tener la suerte de disfrutar esos pequeños momentos, brindar felicidad a tu entorno, pero no descuidarte de brindarte felicidad a vos, que es a quien más debes querer, ¡querer y respetar…!

 

Cerré la ventana, y en silencio, concentrado en mis pensamientos, que es mi conciencia, me fui a caminar, primero por las orillas del Sena, luego por los Campos Elíseos y luego  a tomar un refrigerio en Montmartre, compartiendo con algunos de los amigos que son asiduos de ese lugar, que tanta tranquilidad me proporcionan cuando estoy triste, pensativo, o como estoy ahora, hecho el filósofo.

 

 

Miguel Aramayo.

SCZ. 10-08-2014.