Algo inaudito.
Siempre me suceden cosas raras, e incluso asombrosas. Constantemente viajo por el mundo, sin moverme de Santa Cruz. Desde el 2006 vivo en Paris, porque prefiero ver la torre Eiffel, a tener que ver los abusos que suceden en nuestra patria querida.
En una oportunidad vi llegar a un fiscal vía internet, para que no se pase del hotel Las Américas, la policía le puso una red y, desde ese momento hizo desacatos en es pobre pueblo, ahora está descansando, con vacaciones pagadas y acordadas en Brasil, “o más grande y o más bello país del mundo”.
También he volado por este pueblo, sintiéndome una golondrina y he admirado lo bella que es Santa Cruz y lo magnífica que es su gente, pero también me he sorprendido de su pasividad, que raya en el desánimo, en la dejadez, en la total y absoluta tolerancia, al extremo de pensar, que ha perdido el coraje y la valentía que lo caracterizaban.
Hace nueve años que están haciendo con los bolivianos lo que se les antoja, al extremo de ver gente afro boliviana que hablan con el mismo acento de los cubanos y los venezolanos, pero no como hablan los oriundos de “Chicaloma, Irupana, Coroico”, ofendiendo a este pueblo, de límpida frente y leal corazón. Diciendo que desde la plaza “24 de Septiembre” festejarán en el mes de septiembre su fiesta afro.
Me duele ver como manosean a nuestro pueblo, a sus instituciones, a sus héroes, incluso a sus artistas, algunos en oferta. Como sus hijos reniegan de su origen y por cuatro pesos locos se vuelcan, incluso en contra de sus hermanos. ¡Vergonzoso…!
La provocación y humillación llega a extremos inadmisibles, ver que la inauguración de una estatua, es usada para hacer proselitismo, pero no cualquier estatua, la de la mujer que se consideró la mejor voz de Bolivia, la que le cantó al oriente con sus trinos, porque esa voz no se podría nombrar de otra manera.
Ahora les cuento lo que no me creerán: Pasando por el monumento al Cristo, lo vi agachado, con una mano se agarraba, no sé si la barriga, o más abajo y con la otra sostenía su cabeza, estaba ¡indispuesto…!, ¡vomitando…! Lo vi con mucha tristeza y me acerque, con mucha piedad y respeto, le pregunte: –Señor ¿qué le sucede?, ¿comió algo que lo tienen indispuesto? Y me respondió entre arcadas y sollozos: –Hijo ¿no leíste los periódicos?, ¿no te enteraste lo que piensan hacer los que reciben orden del centralismo?
Quedé ¡anonadado!, de ver que el cielo más puro de América estaba nublado, que los pajaron no trinaban, aullaban de dolor y no se sentía ambrosia perfumada, se olía a ¡mierda!. El Cristo tenía razón de estar así.
Antes de alejarme de esa situación tan dolorosa y totalmente compungido, elevé una oración al cielo y el Cristo me dijo: –Vete en paz, ya vendrán tiempos mejores, no creo que tus hermanos, los que me quieren, los que todavía son cambas y no obedecen al caribe, pierdan el honor y la valentía.
–Ya nos habían pisoteado en otras oportunidades, y yo los protegí con esmero, pero esto no es nuevo, desde que llegó Ñuflo, sucede eso cada cierto tiempo, pero no será eterno, algún día seremos ¡realmente autónomos! –¡Viva Santa Cruz!
Miguel Aramayo
SCZ. 01-10-2014
