La mitología griega.
Un hombre caminando por la calle, con un aspecto desastroso, no sólo en su forma de vestir, también hablaba solo. Sin que se diera cuenta haciendo unos pases mágicos me convertí en perro y me aproximé al extraño hombre. Estaba tan solo y falto de afecto que inmediatamente vio al perro, lo acarició. Me sentí extraño y algo disgustado, pero era tanta mi curiosidad por saber sobre aquel hombre, que acepté su proximidad y, porque no decir su afecto.
Al ser yo un perro, no podía intercomunicarme con ese individuo, pero si podía escucharlo hablar e, inventar una forma de sacarle mayor información. Ese hombre era un erudito, conocía la mitología griega con tanto detalle, que me sorprendía y lo único que podía hacer a un principio era ladrar, como diciendo: –¿Qué más? Y el continuaba sus relatos y, yo muy atento, prestaba mis cinco sentido a lo que me hablaba, porque ya no era que hablaba solo, ya conversaba conmigo, en algunas oportunidades, incluso me consulta o solicitaba mi opinión.
Cuando me hacía alguna consulta le movía el rabo y le levanta la pata, cuando me solicitaba mi opinión simplemente ladraba y daba una vueltas, algunas veces en torno a mí y otras en torno a él. En una oportunidad se me ocurrió que podía hacerle una mala pasada. Me alejé de él hasta que me perdió de vista, a un principio me siguió, como implorando mi compañía, pero yo tenía mayor agilidad y corrí hasta perderme de vista.
Con mis pases mágicos retorné a mi condición de hombre y entré a una licorería, donde compré mani y una botella de aguardiente, pedí que me den una bolsa de tela donde poner ambas cosas y retorné al lugar donde se encontraba el hombre y sin que me viera retorné a mi condición de perro. Ni bien me vio mostró tal felicidad que quedé anonadado por tanto afecto. Le entregué la bolsa que colgaba de mi hocico y lamí sus manos, para que pueda ver el contenido de la bolsa.
Cuando abrió la bolsa y vio su contenido, su felicidad fue mayor, destapó la bolsa de mani y comenzó a comer con avidez, después del primer bocado colmado, compartió conmigo dos maníes y se puso a destapar la botella, cuando logró esta tarea, empinó la botella y tomó el primer sorbo largo, como si se tratará de un manjar, después siguió bebiendo y comiendo, desde luego que el agua ardiente comenzó a surtir su efecto y cada vez se puso más hablador, pero al mismo tiempo la voz aguardentosa se fue pronunciando y me hablaba con mayor efecto.
Cuando había consumido más de la mitad de la botella y había dado fin al mani, del cual compartió conmigo una máximo de seis maníes, comenzó hablándome con la esperanza de que yo le conteste y le conteste, en su borrachera, ni se dio por aludido y comenzamos una conversación tupida. En ese momento fui la persona más feliz, porque había logrado dominarlo al extremo que él no encontraba nada extraño el poder conversa conmigo. Yo por mi parte aprovechando de esas circunstancias, me ilustraba, porque ese hombre era una lumbrera de erudición, podíamos hablar de todo, pero cuando hablábamos del tema que más le gustaba y a mí más me interesaba, la mitología griega. Yo prefería hablar lo menos posible y escuchar el máximo, prestando la mayor atención a sus relatos y solamente interfería sus palabras haciendo consultas guiándolo hacia donde yo quería que me proporcione mayor información.
En otra oportunidad les relataré, algo más de lo que escribo en este momento y, para no aburrirlos le contaré algo: En una de las charlas le dije: –¿Me puedes contar el porqué de tu vida solitaria? –y me respondió: –¿Oíste hablar de Pandora? –Fue la primera mujer, hecha por orden de Zeus, para introducir males en la vida de los hombres, esto después de que Promete, yendo en contra de su voluntad, les otorgará a los hombres el don del fuego. –A esa mujer le dieron una caja, diciendo que no la abra, ella de puro curiosa, la abrió y de esa caja salieron todos los males que aqueja la humanidad.
–Ahora entiendes porque prefiero vivir solo, no quiero compañía, de alguien que me pueda hacer daños, por eso me siento feliz de poder conversa con vos y doy gracias que seas como eres, tan fiel y tan comprensivo. –Que sepas cuando consultar, opinar y sobre todo quedarte callado, cuando yo hablo.
Miguel Aramayo
SCZ. 20-10-2014 día de la fundación de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz.
