Somos como somos.
Las personas, somos como todo lo que creó el Altísimo. Tenemos las cuatro estaciones, primavera verano, otoño e invierno. Tenemos día y, tenemos noche. Algunas veces, nos afectan los vientos y estamos tristes o, nos afecta la lluvia y estamos melancólicos o, nos afecta el sol y estamos alegres.
Nunca podemos estar del mismo humor, algunas veces queremos estar callados, concentrados en nosotros mismos y otras veces callados, pero concentrados en los demás, porque el estado de animo de quienes nos rodean, nos pueden afectar y podemos estar pensando, cómo solucionarle los problemas a nuestros seres queridos o, cómo encarar nuestros problemas.
La vida es llena de contratiempos, no siempre todo puede ser hermoso, bello, risueño. También debemos enfrentarnos con momentos que no estaban pensados y, algunos pueden ser muy bellos y otros pueden ser negros, retintos. Debemos saber enfrentar esas situaciones y tenemos que tener un estado de ánimo, que se adecúe a las circunstancias.
Creo que hemos sido creados de una manera, con herramientas que son propias de cualquier ser humano, tenemos intrínsecamente la riza, la ira, el amor, el llanto, la compasión, la envidia, los celos, el egoísmo. Eso mismo que creo tener yo, también creo que lo tienen los salvajes de la amazonia o algunas de las pocas tribus que todavía existen en el África, pero también pienso que eso mismo lo tienen los mapuches, los aimaras y los quechuas. Lo tienen los europeos, los asiáticos, los norteamericanos y en general todos los hombres.
No es algo nuevo, es algo que viene desde la creación, desde la primera pareja de hombres, es algo que está metido dentro de nuestra cadena genética, algo así como el alma. Desde luego que tiene sus matices que han ido evolucionando, así como evolucionó el hombre en el transcurso de millones de años, aunque en términos de nuestras religiones tengamos únicamente una vida que llega a los cinco mil setecientos setenta y cinco años, según los judíos, números que simplemente son referenciados en base a acontecimientos, hechos que son hitos, puntos de referencia que marca la historia, o mejor dicho marcan al hombre.
Creo, mejor dicho, pienso en mí y, en como considero que soy y, me parece que la forma de ser de los hombres, no es sólo esa cadena genética, de la que Dios nos dotó. Como nos creó dándonos libre albedrío, en el devenir del tiempo, hemos tenido la influencia de nuestro entorno, es por eso que hay hombres más propensos a la mentira y al engaño, porque ellos se han criado en un entorno amoral, mientras que otros se criaron en entorno inmoral y otros bajo la rigidez de normas de moralidad, respeto y educación.
Como al mismo tiempo, Dios nos creó con inteligencia innata, que puede ser cultivada y, que tiene la influencia del medio en el que se desarrolle el individuo. Con lo cual los instintos pueden ser enterrados o suplantados, con lo que llamamos la educación, la hipocresía, que es, a mi criterio, sinónimo de diplomacia, o quizá viceversa, la diplomacia sinónimo de hipocresía. Conjunto de reglas que denominamos urbanidad o protocolo.
Reglas que son indispensables para una convivencia pacífica, porque no podemos dar rienda suelta a nuestro carácter, es necesario saberlo dominar y para eso es necesario tener, no sólo el temple, sino la educación y sobre todo la cuna, lo que comúnmente se llama “Cultura”, de respeto a los demás, saber que nuestras palabras y actos pueden ofender y que debemos saber dominarlos, para no reaccionar con exabruptos.
Quizá, esto que pienso ahora pueda ser de alguna utilidad a mis parientes y amigos, especialmente en los momentos que estamos viviendo. Pensando, dese luego, que la mansedumbre, la educación, NO es falta de coraje de valentía. Uno puede ser valiente y corajudo sin ser malcriado, sin ser ordinario.
Miguel Aramayo
SCZ. 25-10-2014 Pensando en el cumpleaños de mi nieto Lucas que es el 27.
