El espejo.
Casi siempre que vemos fotos, vemos las fotos de gente joven y cuando nos toca observar fotos nuestras, generalmente son las fotos de cuando éramos jóvenes, del álbum de antes de casarnos, las fotos de matrimonio, las fotos de cuando nacieron nuestros hijos y cuando ellos eran chicos, después cuando ellos están más grandes, en colegio, luego vienen las fotos de promociones de nuestros hijos, cuando terminan la universidad, cuando se casaron y cuando nacen los nietos. Una que otra de cuando pasábamos vacaciones, o de las fiestas de cuando éramos jóvenes nosotros y nuestros hijos chicos.
Mientras miramos esas fotos, no notamos como estamos realmente, en el momento actual, porque corresponden a fotos de hace más de quince años. Pero cuando comenzamos a ver las fotos de nuestros aniversarios de bachillerato, de cuando nos juntamos con los amigos de universidad, recién comenzamos a tomar conciencia, que los años han pasado, y no en vano, pero todavía tenemos el cinismo de ver que los que envejecieron fueron nuestros compañeros y no nosotros. Podemos criticar a los que observamos, por el pelo blanco o la falta de éste, por las arrugas, o los lentes, por el crecimiento desproporcionado de la barriga y la caída de la papada.
Lo mismo les pasa a nuestros compañeros, a los que observamos que están como “muebles finos”, cuando ellos nos ven a nosotros, también tienen las mismas expresiones: ¡Cómo se engordo “el flaco”…! Muchos comentarios por ese tipo, de cada uno de los que miran las fotos, en las que están los amigos, pero no está ellos, que se dan el lujo de observarlas y comentarlas.
El tiempo pasa para todos, lo único que algunos nos sentimos como que fue más benévolo con nosotros y, no con nuestros compañeros, incluso el espejo nos permite seguir engañándonos, porque pareciera que el espejo en que nos reflejamos, es como el de la madrasta de “Blanca Nieves”, que nos dice que somos bellos, hermosos, sin necesidad de que le preguntemos nuestro estado, pero estoy seguro que si le hacemos esa pregunta, nos dirá que hay alguien más bonito y más joven que nosotros.
Creo que lo importante es sentirnos, como realmente nos sentimos y no como nos ven los demás, la felicidad depende de nosotros mismos y, mientras nos veamos y nos sintamos jóvenes, debemos disfrutar esa juventud que nos atribuimos nosotros mismos y, que por ningún motivo debemos desanimarnos, al contrario, debemos disfrutarla, como menciona el dicho popular: “por cuatro días locos que vamos a vivir, los cuatro días locos te tenés que divertir”.
El tema de olvidos, o falta de memoria, es frecuente, incluso entre gente joven, el tema de caminar ligero y no sentir dolores ya es un beneficio extra. Dios nos hizo con esa prerrogativa, no sólo con la instrucción de: ¡Creced y multiplicaos!. Ahora más que crecer, ya nos desparramamos y el asunto de la multiplicación ya estaba quedando en el olvido, pero, con la “pastillita azul” se pueden hacer travesuras, incluso cazar elefantes, si no me creen pregúntenle al que hasta hace poco fue rey de España y, que a consecuencia de la pastillita, tuvo que abdicar, e incluso tener problemas con la Reyna Sofía.
Amigos, los años pasan y el cronómetro con el que cada uno nació está en manos de Dios. Tenemos pruebas de compañeros y grandes amigos que nos precedieron en la carrera del tiempo y no pudieron estar tan bien como estamos nosotros ahora.
Miguel Aramayo.
SCZ. 22-12-2014
