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Dos enamorados en París.

25 Ene

Dos enamorados en París.

Piensas que no te puede suceder a ti, pero sin embargo lo que te contaré es la pura realidad. Estando en París, que es donde vivo desde enero de 2006, te observé cuando caminabas por los Campos Elíseos, como yendo a la torre Eiffel o quizá al rio Sena, se te veía tan concentrado agarrado de la mano de tu pareja, que a ambos se los notaba que no estaban con los pies en la tierra, no sé en lo que pensaban, pero te puedo asegurar que no hablaban de política, porque de vez en cuando se paraban y, juntaban sus cuerpos en un tierno y prolongado beso. Estuve a punto de sacarles una foto con mi celular, pero me dio miedo de que estuviera con flash y que esa señal los alertará de que los seguía, pero a una persona que estaba junto a mi le pregunté:

 

–¿Qué opina de ese espectáculo? Y ese señor me respondió:

–A usted, ¿qué le parece?

–Respondí que me parecía un lindo espectáculo, pero le dije que yo fui quien primero preguntó y que por lo tanto está en deuda su respuesta.

 

Él, el interrogado me dijo:

 

–Soy poeta y lo que me pide que vea me da la impresión de ser un verso, observé la forma cómo se abrazan y besan, están elevados en el aire, levitan, porque lo que se están expresando es un sentimiento profundo y sincero, fíjese que en ese beso, no emplean otras caricias, es un simple beso, pero un beso sublime, sin lugar a dudas es un beso de amor. –ahora mire, siguen caminando tomados de la mano.

 

Agradecí la respuesta y seguí caminando sin perderlos de vista a los enamorados. La persona que me dio la respuesta quedó parada, observándome como a un bicho raro.

 

Estoy seguro que los enamorados no se daban cuenta de que yo los seguía, con el solo deseo de ver como se amaban, no por un afán morboso, simplemente porque me parecía tan bonito lo que hacían y, pensando que París, que esa avenida, y el espectáculo que brida el horizonte, con lo más grandioso que es la torre emblemática de esa ciudad y la fragancia de la vegetación mezclada con el aroma que es característico de cualquier rio bien mantenido, además de la particularidad del sonido de una ciudad en actividad, y el imperceptible sonido de las aguas del rio, en su curso inalterable.

 

Llegaron al rio y muy apegaditos y sin dejarse de tomar de las manos se sentaron en un banco, continuaron conversando y se alternaban mirándose y apoyando sus cabezas unas veces ella en los hombros de él y  otras veces él apoyando su cabeza en su regazo, de vez en cuando se prodigaban unos besos frugales, pero no dejaban de hablar, de hablar, era notorio que tenían mucho que decirse. También se sonreían, o de vez en cuando una suave carcajada.

 

Yo que me senté en un banco muy próximo a ellos, y me hacia el que leía un libro que sostenía en las manos sin desojar una sola página, porque el observar esa pareja me tenía atento y perplejo. Cuando se acercó una lancha y pudieron abordar, yo me quedé en el sitio, porque ya era suficiente el haber violado la intimidad de esas personas.

 

Cuando partieron, se me escapó un gran suspiro y quedé pensando, en la fuerza, en la gran fuerza, que tiene el amor y el gran abono fertilizante, que significa la comunicación, y el contacto personal, el tomarse de las manos y besarse.

 

 

Miguel Aramayo

SCZ. 25-01-2015