Su cuento «Trenzaré mi Tristeza»
Siento deseos de expresar lo que burbujea en mi cerebro, algunas veces me siento inquieto al no poder escribir, o porque el trabajo me absorbe de tal manera que me anula como persona social y me hace ver que soy una persona de trabajo. En realidad soy un solitario que trabajo mucho, leo algo y escribo un poco.
Mi interior se revela al no poder escribir y la única forma de disminuir esa rebeldía, es leer, porque esa es otra forma de tranquilizar mi persona social y apartar mi personalidad laboral. Es así que logro durante un tiempo apartar la idea de escribir, de esa manera ahuyentó a las musas, pero ellas insisten y me presentan argumentos para tentarme.
A medida que pasa el tiempo, si la lectura es buena y el trabajo está al día, freno mis deseos de escribí, también pensando que si escribo no es solamente por una satisfacción personal, sino porque tengo algunas personas que reclaman mis escritos, una de ellas es mi madre que semanalmente se prende de las poquitas cosas que escribo durante la semana y si alguna vez no le puedo hacer esos envíos, en la conversación de los domingos me reclama.
Escribir también es una forma de almacenar recuerdos, pero no en el mismo disco, en el disco que se ira con nosotros cuando toque la hora de la partida, no, la escritura es la memoria en un disco externo, puede ser que nadie más lo use como un recuerdo, pero eso queda para la posteridad y más ahora con la tecnología que nos abruma, porque además del papel, queda en el disco de este computador, en la memoria de la “nube” y quizá en alguno de los almacenadores, como: Wikipedia, Google, Facebook y no sé cuantos más.
Lo más interesante de escribir, por lo menos eso es lo que me imagino, es que compartes con los demás lo que elaboró tu cerebro, que pueden ser memorias o recuerdos, anécdotas, cuentos de algo real o ficción. Además compartes los conocimientos que adquiriste por el transcurrir en la vida, por estudiar o por leer. De esa manera el esfuerzo que hubieras puesto tiene un uso real. Además puedes compartir por esta vía lo escrito por los demás y que valga la pena compartirlo.
Hace un momento leí algo, algo que me parece bueno compartirlo con quienes me leen, Es algo escrito por Paola Klug, su cuento “Trenzaré mi Tristeza” y dice así: “Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiese triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el cabello; de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo; había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos pues los haría llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues los obligaría a decir cosas que no son ciertas, que no se meta entre tus manos -me decía- porque puedes tostar demás el café o dejar cruda la masa; y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo.
Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello, atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar cuando el viento del norte pegue con fuerza, como las raíces del ahuehuete y suave como la espuma del atole.
Que no te agarre desprevenida la melancolía mi niña, aun si tienes el corazón roto y los huesos fríos por alguna ausencia. No la dejes meterse en ti con tu cabello suelto porque fluirá en cascada por los canales que la luna a trazado entre tu cuerpo. Trenza tu tristeza, decía siembre, trenza tu tristeza…
Y mañana que despiertes con el canto del gorrión la encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello. Trenza tu tristeza, decía, siempre trenza tu tristeza…”
Miguel Aramayo
SCZ. 28-02-2015
