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Los hombres somos diferentes.

2 Mar

Los hombres somos diferentes.

Después de leer la biografía de Alvaro Uribe y comparar lo que hizo, con lo que están haciendo otros gobernantes sudamericanos, me doy cuenta, de la gran diferencia que se puede dar en los hombres, ante los sufrimientos y las alternativas que cada uno ve para ayudar a sus semejantes, a sus compatriotas.

 

Alguien que no tienen aspiraciones y vive tan sólo de sus recuerdos de guerrillero y que además adolece del “síndrome de Frégoli”, como le está sucediendo a varios de los presidentes latinoamericanos, que en todas partes no ven nada más que el “rostro del capitalismo” y que todos los males se los achacan al “rostro del capitalismo” y ven al “el rostro del Imperio”, como a su único y absoluto enemigo.

 

Transcribo algo que leí hace poco y que corresponde a las recomendaciones del famoso nazi Paul Joseph Goebbels (Según Longerich, padecía un «trastorno narcisista de personalidad» que le hacía buscar adictivamente el reconocimiento y el elogio, lo que explicaría su absoluta devoción por  Hitler y su obsesión por su propia imagen.) Hay que hacer creer al pueblo que el hambre, la sed, la escasez y las enfermedades son culpa de nuestros opositores y hacer que nuestros simpatizantes se lo repitan en todo momento”.

 

Alguien que haciendo uso de su figura desaliñada, que da la impresión de que no se hubiera aseado adecuadamente, o que se ahorra en hojas de afeitar, porque provienen del imperio, alguien que hace uso de sus excentricidades para mostrarse como en un ser perfecto, que debe ser tomado como ejemplo. Que además logró convencer a la gente, no sólo de su país.

 

¿Cómo no va tener el perfil que tiene? Si su odio tiene un añejamiento de muchos años, prácticamente desde el año 1962, que comenzó a foguearse como político socialista. En los años sesenta se integró al Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros, con el que participó en operativos guerrilleros, al tiempo que trabajaba en su chacra hasta que, requerido por la policía, se refugió en la clandestinidad.

 

Me imagino como queda la mente y el espíritu de alguien que fue apresado cuatro veces, en dos oportunidades fugó de la cárcel. Pasó casi quince años de su vida en prisión, su último período de detención duró trece años, entre 1972 y 1985; eso lo hace que esté influido, desde luego, por ese odio y resentimiento contenido de tanto sufrimiento, lo cual no es bueno para ningún ser humano, pero no por esto justifico que como alternativa se quiera matar gente en atentados terroristas.

 

Ese mal, el del “síndrome de Frégoli”, está perjudicando grandemente a Latinoamérica, porque está procurando llevar adelante las enseñanzas de Joseph Goebbels, haciéndonos ver que el mal que nos aqueja a Latinoamérica es el capitalismo.

 

A continuación transcribo algo con lo que coincido y que me llegó esta mañana en un mail y que corresponde a:  “Enfoque Internacional  –  Latinoamérica y el ‘fin del capitalismo’ –  Lunes,  2 de Marzo, 2015”. Que dice:Lo más triste de las declaraciones del presidente saliente de Uruguay, sugiriendo que el capitalismo mundial está agonizando no es que lo haya dicho en momentos en que la bolsa de New York alcanzaba su récord histórico, sino el hecho de que se trate de una idea que está siendo repetida constantemente por varios presidentes latinoamericanos como si se tratara de una verdad incuestionable. El capitalismo tiene muchas cosas que pueden y deben mejorarse para hacerlo más ecuánime, pero los presidentes latinoamericanos deberían dejar de hablar sobre el inexorable fin del sistema y ponerse a trabajar — como los países asiáticos — para ser más competitivos en la economía global que tenemos”.

 

 

Miguel Aramayo

SCZ. 02-03-2015