Mercedes.
Me parece que Mercedes, que era una muchacha no bonita, pero si agraciada por sus finos modales, su gentileza y prestancia. Era algo altanera, de mirada extremadamente firme, sus ojos eran muy oscuros y su piel blanca, lo que hacían un contraste agradable. Sus labios eran finitos pero su timbre de voz lo componía todo. Entre gente extraña inspiraba respeto, y en la familia desbordaba cariño, buen humor, además que se expresaba de manera sencilla. Lo que decía con más frecuencia era: “!que te tiró…!” y algo más común, “!la concha de la lora!”.
Había nacido en Buenos Aires (eso es lo que me contaron), en los primeros años del siglo XX, sus padres eran peruanos, pero tenía parientes repartidos en Perú, Bolivia, Chile y Argentina, especialmente por parte de padre. Un peruano muy bien parecido, de unos mostachos castaños y pelo muy ondulado, con una nariz ligeramente aguileña, de tamaño un poco menor al estándar, pero de un amplio pecho, que mostraba que en chico hizo mucho ejercicio y tuvo una buena alimentación. Le gustaba vestir muy bien, no sólo por el gusto de hacerlo, sino por su oficio – Vendedor – requería mostrar prestancia. Desde muy joven se movió internacionalmente entre Chile, Perú, Bolivia y Argentina.
Por las fotos (muy pocas) que vi de él, las mismas muestran que perteneció a un nivel social, algo más alto que de clase media. Era nacido en Arequipa, en el Perú, sus padres lo bautizaron con el nombre de Manuel, su apellido era muy conocido en el lugar, era de origen español, Muñoz, pero no descendiente de los conquistadores, era descendiente de emigrante, de esos que llegaron mucho después de la conquista, cuando los pueblos ya estaban establecidos y el comercio era algo digno y para gente con experiencia.
Tenía una propiedad agrícola en Lima, muy próximo al Callao, en un pueblo que se denomina San Vicente de Cañete, el fundo se llamaba “Palos Blancos”, era una propiedad agrícola dedica al cultivo de algodón de fibra larga, el mismo que después de cosechado era procesado en el lugar, para obtener el hilo que después exportaba. En la propiedad tenía la casa de hacienda, que la ocupaba por muy poco tiempo, porque cuando atendía esa actividad se alojaba en la casa que poseí en Lima, pero su residencia permanente era Buenos Aires, en Argentina. Poseía una casa y negocio en Arequipa, que era manejado por los parientes que quedaron en esos pagos.
Manuel Muñoz, conoció a una persona con unos cuantos años más que él, pero con una personalidad y una prestancia que enamoraban a cualquier, además era de una buen posición y algo raro para esa época, era una mujer muy bien preparada, hablaba francés, tenía modales muy finos y amplios conocimientos en preparación de ungüentos, porque era hija de un boticario. Que además de preparar medicinas, preparaba todo tipo de ungüentos y hacia extracción de esencias de flores y yerbas, con los cuales preparaba perfumes. La dama que llego a su corazón, se llamaba Eloísa y apellidaba Alviña, su padre era chileno, seguramente descendiente de españoles, porque ese apellido corresponde a una zona de España al igual que Armaio, que además son próximas una a otra localidad.
El matrimonio de ambos, Manuel y Eloísa, fue algo fuera de lo normal, por la diferencia de edades y los años que tenían, en lugar de hacer un matrimonio común, prefirieron huir y refugiarse en Buenos Aires, claro que por todo lo que se y por comentarios, que recibí directamente de Eloísa, sé que fueron muy felices y se amaron mutuamente, hasta que la muerte los separó. Tuvieron una hija, eso con toda seguridad, porque la conocí, pero nunca supe si tuvieron más hijos, quizá por la edad de Eloísa tenían tal vez más de treinta, cuando la tuvo a Mercedes, esto lo afirmo, por las fotos que vi de ambas, en las que no sólo se aprecia su porte distinguido, sino la forma de vestir, la forma de posar, el mobiliario que acompaña la escena, el nombre del fotógrafo, la fecha, donde muestra la ciudad donde fue tomada.
Cuando radicaban en Buenos Aires, Mercedes asistía a un colegio de monjas francés, que se llamaba: “Corazón de Jesús”, tuvo una muy buena preparación, hasta aproximadamente los catorce años, tenía amplía cultura, hablaba el francés y estaba preparada para manejar adecuadamente una casa, sabía hacer una serie de trabajos manuales y sobre todo lo que correspondía a corte y confección, pero podía desempeñarse como enfermera, tenía una bella caligrafía y le gustaba escribir, su afición cuando la conocí era la jardinería, le encanta hacer injertos en cualquier tipo de planta, pero principalmente en rosas, además experimentaba con la polinización de algunas platas y obtenía cambios genéticos en el color de algunas flores, como la boca de sapo, los pensamientos, las clavelinas.
Miguel Aramayo.
SCZ. 25-05.2015
