Una carta en una botella.
De las cosas que sólo me suceden a mí. Estaba en una playa de la costa azul, para ser más exacto estaba en Saint Tropez, la famosa zona turística que atrae a famosos y millonarios, con las playas y las discotecas más exclusivas. Estaba en la Playa Pampelonne, conocida y famosa por su playa bien cuidada y sus discotecas y restaurantes.
Estaba sentado en la arena, muy cerca del mar, casi con los pies en el agua, pensando en nada y al mismo tiempo en la inmensidad del universo y lo pequeña y redonda que es la tierra, que además da vueltas. Mis ojos fijos en lontananza, pero también atento a lo que sucedía a mi alrededor, porque cuando yo llegué a la playa, estaba desierta y ahora era llena de bellas mujeres y todas sin la parte superior del biquini y creo que algunas como Dios las mando al mundo y hasta mejores que cuando las mandó.
En un momento algo golpeo en mis talones, era una botella, de esas botellas antiguas de color verde esmeralda, con un corcho que además estaba asegurado con una atadura de varios nudos, daba el aspecto de tener muchos años. Adentro se veía un papel enrollado. La tomé entre mismo manos y sentándome me puse a la tarea de desatar los nudos y luego sacar el corcho, que estaba asegurado con material que dificultaba el ser retirado, pero sin impacientarme logré retirarlo de la botella e ingeniarme para retirar el papel, sin romper la botella. Estuve mucho tiempo distraído en esa labor, hasta que conseguí extraer el papel, que estaba amarillento y frágil, quebradizo. Cuando lo extendí, era una carta manuscrita con tinta de color azul, con letra de molde y rasgos muy bien trazados, incluso encima de cada letra “i” o “j”, el punto era reemplazado por un redondito pequeñito, pero muy notorio que le daba algo de elegancia a la escritura. Era una carta fechada un día martes 13 del año 2000, pero los dos últimos dígitos se habían borrado o quien la escribió omitió consignarlos en el papel, por lo tanto tenía una antigüedad que podía ir desde el cero hasta el 2015, año en el que nos encontrábamos en este verano caluroso. Había sido escrita en Marruecos y las corrientes la llevaron hasta el sur de Francia, donde yo me encontraba.
La carta decía: Querido amigo: Incluyo los dos cuentitos con los cambios que hice, de acuerdo a tus recomendaciones. Con respecto al “inservible”: Estábamos comiendo y estaba presente mi nuera, mi mujer, yo y alguien más que no recuerdo quien era. Mi mujer estaba comentando que soy tan inservible, que no se cambiar un foco, no tengo idea de cómo se agarra un destornillador y menos para que se usa una pinza, que ella es tan sacrificada que todo lo tiene que hacer. En ese momento me dio tanta rabia que dije: “Pero se escribir cuentitos” y es por eso que lo escribí.
Toda la familia está en la casa. Se rompió la chapa del baño que usan los visitantes y uno de ellos, el mayor, tuvo que salir por la ventana, también se rompió la chapa de la puerta de la cocina, la que da al patio, el perro de uno de los miembros de la familia rompió la malla de esa misma puerta, trancaron uno de los baños con papeles de envoltorio de los heladitos, El nieto mayor se enfermó de hepatitis “A”, la domestica, se pone histérica cuando hay más gene en casa y tenemos que contratar otra adicional para que ayude, pero como llueve tanto la ropa hay que lavar y secar y todo eso afecta a las amas de casa, con lo cual se vuelven hincha pelotas, más que lo normal y lo soportable. Para poder disminuir la hinchazón, como soy inservible y lo único que hago es escribir y leer, escapo por ese camino, por ese motivo el cuento de Leonardo, ya que terminé de leer una novelita que titula “La última cena”.
Como veras querido amigo es una forma útil y discreta de quejarse, en lugar de pelear y levantar la voz a las puteadas. Después de todo es así de triste la vida de los casados, por suerte hay formas de dar un poco de alegría al cuerpo golpeado, como la alegría que le da a su cuerpo Macarena.
Con todo eso lograste disminuir la presión, hacerme reír y ver que la vida es linda, pese a que te jodan. Además te puse al día de una manera muy particular, casi novelesca, por lo menos cómica.
Pero ahora viene lo más grave, en lugar de quedarme tranquilo escribiendo, se me ocurrió agarrar mi bote y ponerme a remar y alejándome de la costa me encontró una tormenta y ahora soy un náufrago que estoy en alguna parte del África, próximo al desierto del Sahara, porque lo único que veo es arena, por suerte tengo unas cuantas botellas de vino, de agua y algo de jamón, además de fósforos y una caña de pescar, es por eso que te envió una botella con un mensaje para que me puedas rescatar. He apagado el celular para que me dure la batería y puedan usar la señal del GPS, para localizarme media hora al mediodia. Un fuerte abrazo. Tu amigo M. Después de la m tampoco hay nada o en forma intencional o porque se borró.
Miguel Aramayo
SCZ.13-07-2015
