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Sueño con seres queridos.

8 Sep

Sueño con seres queridos.

Realmente es lindo soñar  con personas que están en la eternidad y que fueron tan queridas durante su permanecía con nosotros. Verlos tan vívidamente como cuando compartíamos gratos momentos que quedaron en nuestra memoria y que me permiten visualizarlos tal cual fueron en esa época pasada.

 

Los sueños generalmente son una mezcla de cosas y efectos que se pueden dar en la realidad, pero al mismo tiempo se mezclan con objetos y hechos totalmente irreales, pero que en el transcurso onírico se mezclan de tal manera que forman una unidad de efectos, efectos que dejan su imagen en nuestros recuerdos, que nos permiten repetir la secuencia de lo sucedido en ese periodo de tiempo, que según los científicos, pueden ser fracciones de segundos en los que se complementan esas escenas e imágenes.

 

Flotaba por un mundo real, donde todo a mí alrededor flotaba de la misma manera, pero guardando una coherencia total, nada discordaba del escenario donde se desarrollaba la trama. Era una casa, una casa que tenía un tipo de arquitectura china o japonesa, con amplios y empinados tejados, con muchos aleros y grandes ventanales, toda la casa de color blanco y como suspendida en el aire, pero en diferentes niveles, los garajes y grandes jardines en primer plano, luego el área social y las dependencias de servicio, luego los lugares íntimos, primero los dormitorios con salas de estar que unen los diferentes ambientes y en ultimo nivel un área de recreación y estudios.

 

Esa era la Casa del Señor José Rozenman, a quien vi en algunos momentos, hablándome como siempre lo hacía:

 

–Miguelito, quiero pedirte un favor, tengo que viajar con mi esposa Elsa y quiero que te quedes cuidando mi casa, puedes dormir en la tuya, porque en la mía quedará el vigilante, pero te pido que lo controles. Vi su cara redonda y rozagante, sus cabellos blancos con un brillo metálico y su sonrisa jovial, la misma que recuerdo de cuando trabajábamos juntos y me invitaba a compartir el Shabat en su casa de Cochabamba, o como cuando me invitaba a comer mariscos en su casa, mariscos preparados por él.

 

Yo me quedé con su encargo, pero como me llamaba la atención lo espectacular de su casa, en mi casa están de visita dos pernos muy queridas de mi época de adolescencia y juventud, Jully Vargas y su mamá, la Sra. Anita Eagleson de Vargas. A ambas las he visto con las características exactas de cuando compartíamos, Jully con esa su sonrisa amplia y sincera, con su cabellera muy bien peinada y sus labios bien pintados, que hablaba con tanto cariño y me decía:

 

–Miguelito, queremos conocer la casa de tu amigo, ya que te expresaste de ella dejando en nosotras una curiosidad extraordinaria. –¿Podes llevarnos a conocerla?

 

Las lleve a la casa y después de saludar al vigilante, les hice pasear por cada uno de los niveles de la casa, en un determinado momento la Sra. Anita, que también estaba muy bien peinadita, con los cabellos entrecanos con tinte cenizo y esa su amplia sonrisa. Se volcó y me abrazo, estampándome un beso en la mejilla, beso que llevaba la tibieza de sus labios y hasta percibí la humedad de los mismos después que se separó de mi rostro, me dijo:

 

–Miguelito, no te imaginas cuanto te quiero y te extrañamos mucho, ¿cómo has estado?, ¡te ves muy bien! Me quedé contemplándola y respondí a sus cariños con palabras cariñosas, mostrándoles cada uno de los ambientes de la casa de Don José.

 

En un momento determinado entramos a una salón donde estaba Jaime el hijo de don José y otros muchachos más, que habían llegado de Israel y uno de ellos, moreno de ojos negros con un brillo que denotaba total sinceridad y seriedad, nos mostró las armas que había traído de la última guerra y nos mostró sus características y buena fabricación.

 

Después de eso, mi sueño se desvaneció o simplemente desperté, pero ni bien
estuve en posesión de mi consciente, me quedé recordando lo soñado y repitiendo varias veces lo soñado, con la intención de que en el primer momento libre lo plasmaría en papel, dejando ese sueño como constancia de lo que soñé.

 

En este momento me siento muy feliz de haber tenido tan cerca de mí a personas tan queridas, de las cuales tengo huellas muy profundas en mi formación, como persona, como amigo y hasta como profesional.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 08-09-2015