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Un tema difícil – La Mujer.

17 Sep

Un tema difícil – La Mujer.

Cuando digo ¡mujer!, la primer figura que se me presenta es la de mi madre, inmediatamente las otras mujeres que quiero, la mía, mis nietas, mi hermana, mi suegra, mis nueras, mis cuñadas y desde luego mis amigas, mis compañeras de trabajo y todas las mujeres.

 

He tratado de leer mucho sobre el tema, para poder expresar todo lo que he podido recopilar, con la finalidad, que al final de este análisis, expresar mi opinión personal. Donde más información encontré sobre el tema de la mujer, es viendo la opinión que tienen las religiones y para eso solamente he tomado las tres monoteístas, que tienen el mismo origen: Abrahán, el judaísmo, el cristianismo y el islamismo.

 

Otra fuente que provee información sobre las mujeres, es investigar lo que opinan algunas culturas, para eso he leído un poco sobre la cultura oriental, si bien en la zona sur y sudeste de áfrica existen varias diferencias por etnia, religión o cultura. La Cultura católica. La cultura islámica, al igual que en cualquier parte, las diferencias se dan por zona, por idioma o por etnia, pero las distintas agrupaciones de la cultura islámica, al compartir el libro sagrado que es el Corán, comparten ciertas «reglas» o costumbres. La cultura africana. Por último la Cultura occidental moderna.

 

Sé que me estoy metiendo en un tema más o menos polémico, porque incluso puedo ser criticado desde el primer párrafo de este escrito, donde digo: “la mía… lo que aparentemente denota posesión, propiedad; algo que es un concepto muy generalizado en las religiones y las culturas, con respecto a la mujer, quien después de ser propiedad del padre, pasa a ser propiedad del marido. En ningún momento quiero expresar posesión, pero concordarán conmigo que es una forma muy generalizada de expresarse en ese sentido, que denota machismo.

 

Según la tradición judía, “una extendida interpretación rabínica considera que la referencia, en un versículo anterior, a que «Dios creó varón y hembra los creó» significa que hubo otra mujer antes, la cual terminó abandonando el Paraíso. Según esta tradición judía, Lilith es esa mujer que precedió a Eva, y que, una vez lejos de Adán, se convirtió en un demonio que rapta a los niños en sus cunas por la noche y una encarnación de la belleza maligna así como la madre del adulterio”.

 

También he leído que: “Más allá de esta tradición hebrea, el origen del mito de Lilith parece contar con raíces sumerias o acadias. En concreto había en Mesopotamia, según el arqueólogo británico Reginald Campbell Thompson, un grupo de demonios femeninos derivado de la criatura Lilitú (Lilu, Lilitu y Ardat Lili) con unas características que responden a esta figura mitológica: eran mitad humanas y mitad divinas, usaban la seducción y el erotismo como armas; y la noche era su hábitat natural”. 

 

Otra de las curiosidades que observe en mi análisis de las mujeres es: “Según el Yalqut Reubeni –una colección del siglo XVII de midrashim (interpretaciones de textos antiguos) por el rabino Rubén Hoschke Kohen–, «Dios formó a Lilith del mismo modo que había formado a Adán, aunque utilizó inmundicia y sedimento en lugar de polvo puro». La inmundicia habría convertido a esta criatura en un demonio del que, a su vez, nacieron otras criaturas malignas que «todavía atormentan a la humanidad». Estos demonios hembras se dedicaban a atacar a las madres durante los partos con el fin de robar al recién nacido para luego matarlo, como retrata un sello cilíndrico expuesto en el Museo de Oxford”.

 

En la historia de la humanidad, el papel de la mujer en este mundo ha tomado distintos matices y muchas veces ha sido mal interpretado y despreciado. Sin embargo, estudiando diversas fuentes, se puede llegar a obtener una visión clara del rol de la mujer en este mundo, y especialmente en la vida del hogar, tanto si es hogar judío, cristiano o del islam o en las diferentes culturas.

 

Leyendo sobre la creación de la mujer anoté que: “La Torá nos cuenta que después de que Dios creó al primer hombre, lo durmió y separó de él a quien sería su esposa, Javá, pues él había visto que estaba solo y necesitaba una compañía. A Javá la Torá la llama «ézer kenegdó» – es decir, una ayuda para él. Dicen los Sabios que Adam no llegó a ser íntegro y completo hasta el momento en que Javá fue creada. Es decir, que el concepto de ser «una ayuda para él» significaba complementarlo. De aquí aprendemos que para que el hombre pueda cumplir correctamente su función en este mundo, necesita a la mujer. Y por eso se debería categorizar al hombre como el «sexo débil», pues fue él el que necesitó de la ayuda de su mujer, y no al revés”.

 

En ese mismo artículo leí: “Por otro lado, la Torá dice en Génesis 2:23: «Adam dijo: Esta vez, este es hueso de mis huesos y carne de mi carne». Esto nos enseña que también la mujer necesita del hombre para estar completa. Toda mujer, así como Javá, es «la madre de toda vida» (3:20). Ella es la renovadora eterna de la humanidad, la que da a luz a nuevas vidas y da forma a su relación con el hombre. Y es por esta razón que la mujer necesita al hombre para poder llevar a cabo su función y cumplir junto con él, el propósito de la vida. En definitiva vemos que uno sin el otro no pueden llegar a ser íntegros ni completos”. 

 

La forma en que los escritos judíos se expresan de la mujer, resaltan su fragilidad, su delicadeza. Al decir «la casa de Iaacov», se refiere a las mujeres, y al decir «los hijos de Israel», se refiere a los hombres. Además, enseña que a ellas se les debe hablar con una voz suave, y no en forma dura y firme (como a los hombres), pues ellas son más sensibles, pues ella es delicada y agradable, y es por eso que puede entender las cosas de esta misma manera, y un tono de voz suave es suficiente para que ella capte el mensaje.

 

En muchos relatos bíblicos se muestra a la mujer actuando con inteligencia, modestia, diligencia, hospitalidad, humildad, compasión, etc. Sará, aconsejó a su marido Abraham. Rivká, percibió al verdadero merecedor de las bendiciones de Itzjak. Rajel, entregó la palabra clave a su hermana Leá en la noche de su casamiento, para no avergonzarla delante de la gente de la ciudad. Leá, suplicó a Dios para no tener que casarse con el malvado Esav. Y muchas historias más. Pero a pesar de que las mujeres forman y han formado parte de los momentos más cruciales de nuestra historia, nunca buscaron reconocimiento, sino que se comportaron de manera recatada, a pesar de sus grandes logros.

 

El  papel y la delicadeza con la que se expresan los escritos judíos, indudablemente ha sido trasmitidos al cristianismo, así como los cinco libros que componen la Torá han sido transferidos íntegramente al cristianismo, como el antiguo testamento, con variaciones muy sutiles, más semánticas que fundamentales, es por eso que los cristianos asumen el mismo trato a las mujeres, pero son, a mi criterio, menos cuidadosos con el trato a las mujeres y expresan todo lo bueno a la Virgen Maria, que desde luego era judía. Mientras que el trato del islamismo a la mujer es totalmente diferente, ellos asumen la propiedad total de la mujer y hacen con ella lo que ellos estiman que se debe hacer y la tratan de una manera diferente y discriminatoria en exceso.

 

En todo lo que he leído tanto de temas religiosos como culturales, resumen el trato a la mujer en un aspecto físico. Cada religión y cultura, a mi criterio, resume el trato a la mujer con la condición física de la virginidad, Asumiendo que el himen de una mujer debe ser conservado intacto hasta que la mujer pasa de la potestad del padre a la potestad del marido, en general todas las religiones le dan un gran valor a esa condición femenina, sin tener otros aspectos que involucre eso, como el amor, la sensibilidad, la sexualidad. En términos culturales, la religión de cada tipo de cultura tiene mucha influencia y por lo tanto hay culturas que castigan la perdida de la virginidad antes del matrimonio, incluso con la muerte, con el desprecio del núcleo familiar y de toda la sociedad.

 

La cultura occidental moderna, se esté liberando de ese tema como restricción de la felicidad femenina, las mujeres occidentales de la actualidad ya separan la sexualidad de la religión, puede decidir sobre su vida sexual, sin tener el rechazo de la familia o la sociedad. Además, a las mujeres que se mantienen vírgenes hasta el matrimonio, se las considera raras o que tienen algún problema de autoestima e inseguridad. Yo, liberándome de la carga religiosa y pensando en términos más humanos, más naturales, pienso que la pureza de la mujer es algo mental y no físico, porque el pecado nace, según mi criterio, del pensamiento, pensamiento que rige la acción, que para ser pecado no requiere ser consumado, suficiente con ser pensado.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 17-09.2015