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Qué tiempos aquellos.

18 Sep

Qué tiempos aquellos.

Para llegar de la casa al colegio habían dos posibilidades, una era ir en colectivo, azul de la línea 2 o irte caminando. La ruta era la misma, tomar el colectivo en la esquina de la Ecuador y Fernando Guachalla, bajar por la F. Guachalla hasta la 6 de Agosto y desde allá, parando en casi cada esquina, hasta llegar a la Loayza, bajarse e ir caminando desde la 16 de Julio hasta el colegio La Salle, pasando la Camacho y la Mercado.

 

El retorno, era similar y generalmente lo hacíamos en colectivo al mediodía, para tener tiempo de almorzar y retornar al colegio, pero a esa hora lo más posible era viajar parados en la pisadera, por la aglomeración de gente y las fragancias que te expulsaban del interior del colectivo. Solo retornábamos a pié cuando la salida del colegio era más temprano por algún motivo, que generalmente era por alguna huelga que nos impedía pasar clases, de lo cual debíamos agradecer a los del sindicato del magisterio o a los alumnos del colegio Ayacucho, Bush y Bolívar.

 

En ese caso bajábamos hasta la avenida 16 de Julio, para poder encontrarnos con las muchachas de los Sagrados Corazones y con ellas caminar a paso lento por el Prado y luego la 6 de Agosto para después tomar la Ecuador y en mi caso hasta llegar a la F. Guachalla o hasta la plazuela España para ir a la casa de Jaime o de Jimmy.

 

Si teníamos algo de plata comíamos unas salteñas en “El Tokio” o si era menos nuestro presupuesto en el quiosco de la esquina del Prado con la México. Si no teníamos fondos, pasar al frente y quedarse charlando sentados en el borde de la fuente, que generalmente no funcionaba como tal, pero bridaba el espacio para sentarse y hacer empanaditas y unos besitos furtivos, con las amigas que nos permitían hacer eso, que eran muy pocas.

 

En las tardes esa era la ruta habitual y el tiempo que tardábamos en recorrer esa pocas cuadras era exagerado. Primero en la esquina del cine Bolívar esperando que lleguen las muchachas de uniforme blanco y un gran rozón en la parte de atrás de la cintura y las medias, que si no me equivoco, eran a cuadros escoceses con zapatos bajos. Nosotros Casi siempre con blue gin azul, si posible Wrangler o Lee y encima de la camisa una chompa de lana, casi siempre, tejida a mano por nuestras madres o abuelas.

 

Cuando teníamos tiempo y nos invitaban, nos íbamos a charlar a la casa de una amigas Sosa, Gloria y Fabiola, que algunas veces nos invitaban a tomar té. Cuando debíamos estudiar, nos íbamos a la casa de Antonio Ormachea (cococho), en la 6 de Agosto, casa con unas gradas interminables hasta llegar a la casa.

 

El grupo lo formábamos: Antonio Ormachea, Dudy Valle, Quico Mouraille, Jaime Villalobos, Jimmy Vargas y yo. También me acuerdo de las muchachas, pero ahora prefiero no nombrarlas para no hacer tan larga la historia.

 

Miguel Aramayo

SCZ.18-08-2015