Un viaje a la eternidad.
Era un chinito que tenía que viajar y estaba atrasado, mientras esperaba que le traigan un encargo, que debía llevar en su viaje. En un momento determinado decidió no esperar más y agarró su maleta y su mochila, donde llevaba su material de trabajo, documentos, un computador portátil, artículos de limpieza en un neceser, más algo liviano de ropa, por si se extraviaba su equipaje, además una campera, por si el clima al otro lado del mundo estaba frío.
Tomó su Audi A8, color azul marino, con el interior tapizado de cuero blanco, cuero de cabritilla, que tenía la tersura de una dama y el aroma clásico de un cuero finamente curtido, pero además aromatizado con un perfume de fragancia a frutillas, que lo hacía no solamente agradable, sino sabroso y hasta me animo a decir que eróticamente sensual. Arrancó el automóvil rumbo al aeropuerto, donde se quedaría en un parqueo vip, mientras él esté ausente.
Llegó a tiempo para hacer el chequeo, entregar el equipaje y pasar a la sala de embarque, que como era de clase ejecutiva, iba directo al salón vip, donde tomó un café y se puso a revisar su iPad. Se distrajo viendo Facebook, después revisó su correo y le prestó mayor atención a los mails que requerían respuesta urgente, hasta que anunciaron el pase a bordo. Se acomodó en el asiento que le correspondía y aceptó tomar un champagne «Corbusier», mientras espera el despegue.
Con la mente en blanco totalmente desinhibido, se puso los auriculares y buscó algo agradable al oído, seleccionando a Mozart, y sus sonatas, con lo cual su bebida se sintió más sabrosa y espumante. En un momento del viaje, sin percibir si era un sueño o era realidad, vio que estaba en medio de un accidente, la persona que permanecía tirada en el suelo, sosteniendo en su mano, la mochila que le pertenecía y estaba vestida, de la misma forma que el vestía al momento de abordar el vuelo. El hombre que estaba boca abajo y a su alrededor se extendía un charco de sangre, al volcarlo para prestarle auxilio, con gran sorpresa vio que era él mismo. ¡Que desesperación…! Todo a su alrededor era un caos, gente que iba de un lado al otro, sirenas de ambulancias que tronaban por todos lados, camillas, gente de blanco, que no se sabía si eran médicos, paramédicos, enfermeras o ángeles, porque en algún momento se veía tendido en el suelo, en otro momento se veía sobre una nube muy blanca y esponjosa.
No sabía cuánto tiempo permaneció tirado, pero observaba una gran luz, blanca y luminosa, al fondo de un túnel y él sobre una mesa de operaciones con un gran despliegue de aparatos médicos y él con una máscara de oxígeno, pero al mismo tiempo él estaba suspendido contemplado lo que hacían con su cuerpo. Al fondo del túnel, también se observaba otro tipo con sus mismos rasgos faciales, pero vestido totalmente de blanco y con unas alas de grandes dimensiones, de un blanco níveo extraordinario, que le hacía unos ademanes, como llamándolo, pero él prefiere verse en el quirófano, respirando con dificultad, pero respirando, aunque totalmente inmóvil, cubierto con paño verde, del mismo color de los uniformes de la gente que lo rodeaba y que trabajaba en su cuerpo en diferentes lugares, como si lo estuvieran remendando.
Pasado el tiempo, que no sabía cuantificarlo, escucho una voz que le decía: ¡Señor!, ¡señor…!, llegamos a destino y usted sigue durmiendo. Se asustó y se incorporó bruscamente, se abrazó a la azafata, la misma que quedó petrificada con esa actitud y lo único que atinó hacer, es besarlo en los labios, con un beso apasionado, como nunca había besado…, y así permanecieron, hasta que se acercó otro personal de la aéreo línea, que los hizo retorna a la realidad, bajándose de la nube en que se encontraban. Ambos se miraron y se disculparon mutuamente, pero al mismo tiempo intercambian tarjetas con sus respectivas direcciones de e-mail y la promesa de contactarse por ese medio.
Me quedé pensando lo increíble que pueden ser los sueños y las casualidades, que te confunden de tal manera la realidad que después no sabes ¿en qué momento sucedieron y cuánto tiempo duraron?, pero por ahora esta historia se queda en ese lugar, para no hacerla más larga y darle el suspenso que se merece.
Miguel Aramayo.
SCZ. 19-09-2015
