Ichimei. ( Quiere decir: Vida, luz, brillo o estrella)
Estoy leyendo la última novela de Isabel Allende, que titula “El amante japonés”. Como siempre, esta escritora me transporta a su ficción, de tal manera, que todos sus libros en mis manos permanecen muy poco tiempo, porque busco todos los momentos libres para continuar la lectura y muchas veces, descuido el descanso que debo tomar, porque estoy poseído por la magia de la ficción, dado que casi todo lo que escribe Isabel Allende es muy apegado a la ficción, salvo “Inés del alma mía”, que aparenta ser una ficción, pero en realidad es un libro histórico.
En todos sus libros tiene referencias reales dentro de toda la trama novelesca, argumentos que dejan la curiosidad de constatar de que se tratan de hechos verídicos. En el caso de esta novela relata lo que hizo Estados Unidos con los japoneses después de que estos, los atacaran sin haberles declarado la guerra y les causen un gran daño en Pearl Harbor (Hawái). Creo que es muy poca la gente, que sabe que en pleno territorio norteamericano, hubieran campos de concentración y vejámenes graves a los japoneses, incluso sus descendientes hasta la tercer generación, pese a que desde la segunda generación eran ciudadanos norteamericanos, por haber nacido en este territorio.
Los campos de concentración en los Estados Unidos alojaron a unas 120 000 personas, en su mayoría de etnia japonesa, más de la mitad de las cuales eran ciudadanos estadounidenses y japoneses provenientes de Latinoamérica, gracias a un pacto firmado con varios países, menos Argentina, Paraguay y Chile, que fueron deportados bajo presión. Fueron obligados a vender sus viviendas y negocios en ocho días, aunque en algunas partes este tiempo se rebajó a cuatro días o se elevó a dos semanas (como en la inquisición en España). Al enterarse de esta medida, aparecieron compradores hostiles, que compraron las posesiones japonesas a precios muy bajos. En los campos, a cada familia se le entregaron placas con un número grabado para cada miembro, que fueron utilizadas para identificarse. Algo como las Estrellas de David de los nazis.
El gobierno estadounidense ofrecería compensaciones a las víctimas a partir de 1951, pero se disculparía sólo en 1988, afirmando que la concentración de prisioneros se debió a «los prejuicios raciales, la histeria bélica y la deficiencia del liderazgo político». El Presidente Ronald Reagan firmó además un acta, donde ofrecía 20 mil dólares a las víctimas sobrevivientes. Durante la guerra, muchos estadounidenses descendientes de japoneses perdieron todas sus posesiones ya que sus ahorros fueron confiscados por el gobierno al ser considerados «propiedad enemiga». Se estima que se perdieron unos 400 millones de dólares de esta manera, pero después de la guerra, el gobierno solamente devolvió 40 millones de dólares.
Una de las unidades más condecoradas durante la guerra fue el 442º Equipo de Regimiento de Combate, integrado por japoneses-estadounidenses. En total recibió siete Citaciones Presidenciales de la Unidad, una Medalla de Honor, 47 Cruces por Servicios Distinguidos, 350 Estrellas de Plata, 850 Estrellas de Bronce y más de 3600 Corazones Púrpura. Sin embargo, en algunos casos, la familia de un soldado podía encontrarse en los campos. Como el caso de Charles Fukuda (hijo de Takao) en la novela de Isabel Allende.
Otra de las cosas interesantes de esta novela, es la forma en que nos hace ver lo que sucede con los ancianos, su vida, sus esperanzas, sus desasosiegos. Para los que tenemos unos cuantos años, nos sirven para asociar personajes de nuestro diario vivir, además, me agrado la forma como trata al amor en estos años, mostrando que es posible, real y hermoso.
Miguel Aramayo
SCZ. 24-09-2015
