El Reloj.
Que complicado es tener el tiempo para ver el reloj y estar informado del paso del tiempo, de esa manera el tiempo demora mucho en pasar, puedes llegar a contar los segundos, los minutos, las horas y cada vez que te informas de la hora que es, te desesperas porque el tiempo no pasa, el tiempo se estancó, o por lo menos se hizo más lento su transitar.
En cambio cuando no tienes el tiempo suficiente para controlar el reloj, fijarte en la lectura del tiempo, el tiempo pasa a toda velocidad, el tiempo se hace fugaz, al extremo que pierdes la noción de su paso y cuando recuerdas el tiempo se pasó y tomas conciencia de eso, cuando es otra persona la que te informa de la lectura del reloj.
Cuando el tiempo no pasa, cuando se demora en su transcurrir, todo lo que hagas te resulta monótono, aburrido, pesado, porque tu mente está absorbida por la lectura del reloj y tu mente absorta con el tic tac del reloj y mucho más tormentoso, cuando el elemento que te brida la posibilidad de leer el paso del tiempo cuenta con campanas y mucho más lamentable si tiene un carrillón, un carrillón que te muestra que pasó un cuarto de hora y luego media hora, para después volver a repicar a los tres cuartos de hora y el mayor tormento, cuanto completó una hora y además del carrillón escuchas las campanas que te insinúan la cantidad de horas transcurrida desde la media noche del día anterior.
En cambio cuando estuviste tan ocupado de cuerpo y alma, que no te preocupó el transcurrir del tiempo y mucho menos el querer enterarte de su lectura, al extremo que puedes estar próximo al Big ben de Londres, el Westminster, el reloj astronómico de Praga, el reloj de la Puerta del Sol en España o el reloj de Berna en Suiza y no sabrás la hora en la que te encuentras en ese momento, por lo tanto podrás, decir que el tiempo no pasó y si pasó no fue para vos, con lo cual se alarga la vida, porque el tiempo no pasó.
José Hernández en su libro “Martín Fierro” se refiere al tiempo, cuando dice: “…¿cuándo formó Dios el tiempo y porque lo dividió?” “El tiempo sólo es tardanza de lo que está por venir. Nunca tuvo principio y jamás acabará. Porque el tiempo es una rueda y rueda es eternidá; y si el hombre lo divide, sólo lo hace en mi sentir, por saber lo que ha vivido o le resta por vivir”. ”…procuren de no perder ni el tiempo, ni la vergüenza. Como todo hombre que piensa, procedan siempre con juicio; y sepan que ningún vicio acaba donde comienza”.
Gustavo Adolfo Bécquer en un poema menciona el tiempo, como eternamente, instante, jamás, de la siguiente manera: “Podrá nublarse el sol eternamente; podrá secarse en un instante el mar; podrá romperse el eje de la tierra como un débil cristal. ¡Todo sucederá! Podrá la muerte cubrirme con su fúnebre crespón; pero jamás en mí podrá apagarse La llama de tu amor”.
También Gabriela Mistral le escribió al tiempo, de esta manera: “Miré al ladrón de la hora y el día en la espalda vencida de mi madre. Fue mi enemigo solamente el Tiempo, solo el Despojador que va sin rostro, el Arrebatador mudo y nocturno”.
Otro poeta que también habla del tiempo es Juan de Dios Peza y dice: “Con letras ya borradas por los años, en un papel que el tiempo ha carcomido, símbolo de pasados desengaños, guardo una carta que selló el olvido”.
Amigos, yo no soy poeta, pero quiero compartir con ustedes mí tiempo, tiempo que no es perdido, porque con eso les recuerdo que el tiempo es valioso y que se pasa en un instante, aunque a algunos les parezca que es eterno.
Miguel Aramayo
SCZ.06-10-2015 Cumpleaños de mi sobrina Cecilia.
