Qué bella noche
Si antes ya era feliz, anoche se confirmó mi felicidad, no sólo elegí correctamente el cielo más puro de América, también Dios pobló este suele de gente excepcional, de gente que no solo tiene corazón, sentimientos, amor, sino gente con intelecto, con una capacidad enorme de discurrir, pensar, crear, inventar.
Quedé gratamente sorprendido, aunque ya lo vislumbraba, que los habitantes de estos llanos, tienen algo especial, tienen un don que no solo es fruto de la naturaleza, sino algo que corresponde a un don Divino. Es gente gente, gente de verdad.
Me sentí en un ambiente de música, de poesía, de amor. Por suerte había ruidos, charlas, rizas, porque si hubiera sido únicamente silencio, tengo la plena seguridad, que se hubiera podido escuchar el palpitar de todos los corazones qué estábamos en ese lugar, bajo este cielo, rodeado de esa calidad humana.
Estuve con gente muy querida, muy limpia, muy pura y aunque suene a alabanza, con gente como yo, con los sentimientos y el cariño a flor de piel. Aprendí mucho y me convencí que este pueblo es privilegiado, que ni el dolor de la muerte, ni el engaño, ni la falsedad, podrán doblegarlo, que las semillas del bien, están profundamente enraizadas, que esta gente es la vanguardia, es el motor de este país.
Sentí que a medida que pasaba el tiempo, mi corazón crecía en mi interior y mi alma estaba a flor de piel, mi espíritu danzada y yo daba gracias a Dios, por estar en ese lugar, de pertenecer a esa sociedad y estar brindando un homenaje al hijo de un amigo, alguien que ya no está con nosotros, pero que anoche nos dejó ver su presencia y su prestancia. Muy pocas veces en mi vida, me sentí como me sentí anoche, rodeado de personas y con la presencia de Dios.
Sebastian, estuvo con su padre, Carlos Hugo, pero también con todos y cada uno de los que estuvimos presentes en su homenaje. Me siento muy feliz, extremadamente feliz.
Miguel Aramayo
SCZ.15-01-2015
