Una confesión de Ser Chiquito.
Hace mucho que lo conozco a Chiquito, es mi compañero inseparable desde hace mucho tiempo, tanto que no puedo decir cuánto, no sólo pienso que es mi gran amigo, sino que he llegado a pensar que es mi Angel de la Guarda y así lo tengo en mi pensamiento. Por lo tanto verlo sufrir me produce dolor y eso lo he visto en muy contadas oportunidades, el está siempre risueño, con el animo alto y dispuesto a colaborarme y aplacar mis tristezas.
Hace más o menos una semana atrás, yo estaba muy sólo en mi escritorio, procurando cumplir con mi trabajo, pero por el cansancio más distraído en la música que escuchaba, que en mi propio trabajo y de repente siento un golpecito detrás de mi computador, que me pareció que se había desconectado algo y por lo tanto baje un poco la tapa y mi sorpresa, era mi amigo el Ser Chiquito, lo salude con la efusividad que siempre lo hago, pero me frenó porque lo vi muy triste, inclusive lo vi más viejo, lo cual me pareció muy raro y dejo muy preocupado.
–¿Qué pasa Chiquito?, ¿qué te aflige?, ¿por qué estás así? Nunca te había visto en esta situación, ¿en algo puedo ayudarte?, porque realmente me preocupas.
–Flaco, estoy realmente acongojado y lo que te contaré debe tomarlo como algo muy personal, no te puedo pedir confidencia, porque se que todo lo nuestro tienes la maña de escribirlo, por lo tanto los únicos nombre que figurarán en esta conversación serán solamente el tuyo y el mío, desde ya no te diré ningún nombre para que no vayas a infringir.
–Chiquito, cómo te imaginas que voy a romper un secreto que me confías, por más que se te escape algún nombre, escribiré los hechos, pero no los actores. Ahora comienza tu confesión que soy todo oídos.
Con lagrimas en los ojos, que es lo que más me conmovió, Chiquito comenzó su relato, se sentó en el borde del computador y espero que la pantalla se apague y me hizo señas para disminuir el volumen de la música que nos serbia de cortina.
Quedé así por algún tiempo, profundamente preocupado, porque como les dije, muy pocas veces lo vi así y siempre que lo vi así, fue por mi culpa, por lo tanto ahora no sería nada raro que esté de la forma que está por mi culpa.
Deje que pase el tiempo para no incomodarlo y vi que poco a poco cambia su semblante, para dejar ver otra vez brillando esos sus ojos azules y la comisura de sus labios elevada al extremo, mostrando algo contario, una gran felicidad y de un momento a otro largo una gran carcajada.
–¿Flaco qué te pareció mi expresión de tristeza y ahora qué te parece mi expresión de alegria?
–Me parece que estas actuando muy bien, cosa que yo no puedo hacer.
–Claro, vos no puedes hacer lo mismo, porque no estas practicando, ni pasando clases de mímica y arete escénico, como lo estoy haciendo yo. –Pensé que era difícil pero no es nada del otro mundo, no solo te enseñan a poner la cara que quieras, también te enseñan a reír, llorr, poner cara de enojado o de preocupado, incluso cara de enamorado.
–A ver Chiquito, una cara de enamorado. –¡va…!, esa es una cara de opa.
–¡Te prometo…! Esa es la cara de enamorado, otra coa es que cuando vos pones esa cara, no hay quien te ponga un espejo al frente.
Así fue la conversación con Chiquito, después de lo cual nos quedamos hablando sobre trivialidades que compartimos y nos felicitamos por estar siempre felices, porque sabemos que ese estado, depende únicamente de nosotros y porque es la mejor manera de estar.
Miguel Aramayo
SCZ.18-01-2016
