Una bella historia.
A mí también me gustaría escuchar una bella historia. El mundo está lleno de bellas historias, historias contadas por todo tipo de personas, personas santas, pecadoras, hombres, mujer, gente joven, gente vieja. Historias contadas en todos los idiomas, chino, ruso, español, inglés, francés, incluso historias contadas en jeroglíficos, como las historias de una reina en Egipto. Como el cantar de los Cantares de la Biblia.
Cuando digo que: A mí también me gustaría escuchar una bella historia, veo que estoy conjugando incorrectamente el verbo de esa oración, debería decir: Yo también escuché bellas historias y más aún debo decir Yo también escucho bellas historias. Porque el mundo está lleno de bellas historias, historias que fueron escritas, historias que están en proceso de escritura y proyectos de nuevas historias. En un sin número de libros.
Las historias las escribimos nosotros mismos, en el proceso de nuestra vida y de nosotros depende que esas historias sean escritas con la tonalidad de belleza que nosotros queremos imponer. Incluso hay un dicho muy conocido: Todo depende del cristal con que se mire. A esta frase también se la denomina “ley Campoamor”, por el texto del famoso poema de Ramón de Campoamor que dice: “En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira”.
El poeta nombrado, dijo tanta frases célebres que se aplican al tema al que me refiero hoy, el de una bella historia que según mi entender depende de nosotros y tal es así que me permito compilarlas a continuación, para que podamos aplicarlas a la construcción de una bella historia: «Es mi fe tan cumplida que adoro a Dios, aunque me dio la vida”. «Es propio del amor si es verdadero, compendiar en un ser el mundo entero.». «…es todavía más espantosa la soledad de dos en compañía.». «La libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en hacer lo que se debe.». «No rechaces tus sueños. Sin la ilusión el mundo que sería.”. “Ser esclavo de quien se ama es tener por prisión el paraíso.». «Todo en amor es triste, más, triste y todo, es lo mejor que existe.«
Tuve oportunidad de ilusionarme paseando por bibliotecas tan famosas como las que nombro a continuación: Biblioteca de la abadía Saint Gallen (Suiza). Biblioteca de la Wiblingen (Alemania). Biblioteca Angelica, Roma (Italia). Biblioteca benedictina de la abadía de Metten. Biblioteca del Trinity Collage de Dublín (Irlanda). Biblioteca de la abadía de Waldassen en Baviera. Biblioteca di Bella Arti, Milán (Italia). Biblioteca Sainte Geneviéve, París (Francia). Biblioteca Nacional de Checoslovaquia, Praga (República Checa) Anexo de la Biblioteca del senado, París (Francia) y Biblioteca de la abadía de Saint Florián (Austria)
Que de solo apreciar esas estructuras arquitectónicas, que son una obra de arte en sí, de pura belleza y ver ese torrente de libros, que inundan las galerías y anaqueles y pensar que en esa inmensidad de libros está concentrado el intelecto de miles y miles de hombres y mujeres que plasmaron en papel sus pensamientos y estoy seguro que en esa inmensidad de libros se encuentran infinidad de bellas historias.
Jorge Luis Borges decía con respecto a los libros: De los instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo. Solo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria. San Agustín decía: Cuando rezamos hablamos con Dios, pero cuando leemos es Dios que habla con nosotros.
Miguel Aramayo
SCZ.20-01-2016
