Solo, solito.
Para no enojar a nadie viajo poco y cuando lo hago viajo totalmente solo, que está demás decirles que es totalmente aburrido, hasta lo más bonito en soledad pierde su esplendor, su brillo su atractivo, es como estar en un desierto, en el cual solo se aprecia arena y cielo, cielo sin nubes, arena con la misma monotonía de las dunas que el viento traslada de un lado al otro, de vez en cuando se aprecia un esqueleto, de algún animal incluyendo humanos y trozos de madera de lo que alguna vez fue un árbol, pero nada más que los huesos, sin vestigios del cuero o la vestimenta, que una vez cubrieron esa osamenta tirada en el desierto.
Hasta el horizonte es monótono por donde se lo mire, claro que si uno permanece mucho tiempo con la mirada fija en el horizonte, el mismo reverbera como si la arena estuviera evaporándose o moviéndose hacia el cielo, pero también el cielo reverbera, como si estuviera desparramándose en el desierto. Todo eso no es solo el efecto del calor y la monotonía, pienso que principalmente es por efecto de la soledad. Desde luego que la mente afiebrada, en esas situaciones crea espejismos, que como bien dice su nombre no son más que imágenes irreales que se reflejan en el espejo de la inmensidad, de la soledad.
Muchas veces me expresé favorablemente de la soledad y todavía sostengo, que estar solo es bonito, porque uno puede elegir donde estar, con quien estar y que hacer, pero la soledad a la que me refiero en los párrafos anteriores es la soledad total y absoluta, la soledad sin ningún aliciente, sin ninguna compañía abstracta o real, sin ningún pensamiento, con una mente en blanco, solo en un desierto. Como dice una canción antigua: “Yo vivo solo, solo, solito, sin un amor”.
Ahora efectivamente estaba en el desierto, donde algunas veces se ve a los beduinos, a los hombres de azul. Yo estaba solo, pero como siempre me acompañaba mi amigo incondicional, que ahora no quiero nombrarlo para no despertar susceptibilidades, porque también estoy con el genio al que salve de la lámpara maravillosa y logré ponerlo en contacto con sus ancestro, que no me recuerdo después de cuantos siglos, pero que además logró recuperar sus poderes.
Ese genio agradecido por lo que hice por él, ahora me invitó a su hogar, me presentó a su esposa, una preciosa mujer de ojos profundamente verdes, con una piel bronceada, unos labios de rubí y unos dientes de perlas, también conocí a los padres del Genio y mi gran sorpresa, otro genio con el que tuve contacto en Egipto, cuando un día estaba pescando en vez de pez, pesqué una lámpara, la misma que quedó como propiedad de mi amigo y a ese genio lo colaboramos con un camello y provisiones para que continué viaje, ni bien me vio, me reconoció inmediatamente y me felicitó, por tener la aptitud de salvar genios. Lo cual era una simple casualidad y ninguna habilidad innata que yo poseyera.
Me quedé pensando, que lo que se imaginaba el genio padre, sobre mis habilidades, quizá podría ser cierto y que yo no me hubiera dado cuenta de que tengo la capacidad de colaborar a los genios que están en dificultades. Cuando estuve a solas lo consulté con mi amigo y se quedó riendo a carcajadas, imitando mi voz y con mi mismo timbre de voz me dijo: –sos ingenuo querido Flaco, no tienes la facultad ni de salvarte vos mismo y piensas que eres salvador de genios, es pura casualidad, puro chiripa.
Miguel Aramayo
SCZ.26-01-2016
