Un pajarito me contó.
Luis estaba muy triste reposando en una hamaca de su jardín y sintió que un pajarito, un pajarito muy pintoresco de color azul, que si no me equivoco su nombre vernáculo es Sayubú (Thraupis sayaca, comúnmente llamado celestino común o celestón, también conocido como chagüí o semillero) se posó en su hombre y comenzó a cantar junto a su oreja y le dijo:
–No estés triste, nada pasará con esa persona que te produce aflicción.
Luis quedó sorprendido, no podía ser que un pájaro supiera su aflicción y menos aún que un pájaro le hable al oído, pero recordó que está en el país de los cocos, donde todo es posible y si no es posible, alguien le mete nomas y otros lo hacen posible. Se quedó quieto, quieto como petrificado, pero de cotiojo observo al Sayubú y miro en sus diminutos ojos y noto que éste lo observaba con una mirada penetrante, sin pestañar.
El pajarito de plumaje celeste muy bajito, en el pecho y en la panza; de un azul mate en las alas y la espalda, en la cabeza un azul más intenso, lo observaba con detenimiento y sin ningún temor. Continuó hablando de la siguiente manera:
–Conozco el sufrimiento de tu amigo, lo engañaron contándole la historia del hijo, pero es mentira el hijo no existe, si el la vio a la pelada petacuda, no era embarazo, era pura flatulencia, ni te imaginas lo que sucedió después de que la chica se mostró así, casi se eleva a las nubes al darle campo a la flatulencia.
–Después le contó que el hijo estaba enfermo, pero fue para sacarle unos pesos y decirle que se lo llevaba a otro país. –Luego le contó que el chico había muerto y tu amigo casi se derrite en lágrimas; sufrió tanto que falto un tris para que sangre su pecho. Él tenía intenciones de recogérselo.
Luis quedó sorprendido al escuchar lo que decía el pájaro y hubiera querido tener una grabadora magnética y le dio rabia no saber usar el celular con ese objeto, pero además no quería espantarlo, para escuchar la historia hasta el final: Después de todo, lo que escuchaba lo tenía impresionado y con seguridad a continuación podría transcribir todo lo que escuchó.
El pájaro continuo: –Ahora viene lo mejor y estoy seguro que no creerás lo que te digo. ¡la pelada no existe…!
A lo cual Luis reacciono en forma abrupta. –¿Cómo que la pelada no existe?
El Sayubú ni se inmutó, siguió parloteando con un timbre de voz audible y agradable. –Es una alienígena morena y fea, que se transmuto en pelada rubia y algo bonita, que lo engaño a tu amigo y él pensó que la amaba apasionadamente y cada vez que creía estar con ella, ella lo dormía y lo hacía despertar húmedo.
Tu amigo no podrá hacerle nada en venganza, porque a quien tienen cautiva, desaparecerá, porque su nave ronda los lugares por donde está, pero él también quedará limpio de toda culpa y con capacidad de enamorarse en cualquier momento.
Luis quiso preguntar otras cosas más, pero el Sayubú levanto vuelo junto con una chaisitas y desapareció en la inmensidad del horizonte, detrás de unos totaises y contra el resplandor del sol en el ocaso, a lo hora de la oración.
Miguel Aramayo
SCZ. 17-03-2016
