Soy un hablador
He hablado con las hormiguitas, los gusanos, las abejas, los pájaros, los ratones, los perros, incluso me convertí en uno de ellos; hablé con las flores, con los ángeles, con Abrahán, con Jesús y María Magdalena. Hablé con Campanita, Peter Pan; con algunos otros personajes, como Alibaba, Casim, con el señor de los anillos y muchos otros personajes más.
Hablé con todos ellos, para aprender de su sabiduría, para pedirles ayuda para mandar mensajes, nunca les tuve miedo, pero si mucho respeto, por más que parezcan insignificantes e irreales, pero creo que no soy el único personaje que se comunicó con los animales. San Francisco de Asís es uno de ellos, que además inicio esa práctica con un lobo feroz, al que dominó con su palabra y lo trató de hermano. Otros es San Martín de Porres, que hablaba con los ratones, los peros, los gatos, las palomas y todos ellos comían del mismo plato que les proveía el morenito. También hablaba con las vacas a las que le pedía que no coman de las plantas de la huerta del convento.
En el caso de esos dos santos, son historias de gente que los vio y cuyos hechos quedaron registrados en crónicas que son de conocimiento público y que por lo tanto tienen su alto grado de veracidad. En mi caso es una simple ilusión, una fantasía que únicamente salió de mi boca y no existe ninguna constancia, pero usé esa ficción para poder transmitir a mis nietos algunos conocimientos y dar algunos ejemplos, especialmente enseñándoles a respetar y amar la naturaleza, para que ellos practiquen su amabilidad con ella.
Los cuentos más famosos siempre incluyen en su repertorio hechos que no pueden considerarse como reales, el caso del títere Pinocho, que se convierte en humano y que en su vida de muñeco tiene contacto con animales, el más importante Pepe el Grillo, que simboliza su conciencia. Caperucita que habla con el lobo, que después se come a su abuela y a ella y que es salvada por unos cazadores, El gato con Botas, Pato Donald, su novia Deisy, sus sobrinos Huguito, Dieguito y Luisito su tío Patilludo, los Chicos Malos y todos los personajes creados por Walt Disney.
Uno de los libros más famosos de la ficción corresponde al cuento de Las Mil y una Noche, que en un principio pareciera que se trata de contar algo real que después se convierte en una gran ficción, de alguien que se deja subyugar por Sherezade, que cada noche le cuenta un cuento y antes de concluir con cada cuento crea un suspenso, una trama que lo deja atento hasta la próxima noche, y de esa manera ella se salva de ser ejecutada y él queda feliz con cada relato esperando el próximo.
Leí un libro, que si no me equivoco se titula Las alforjas del cuenta cuentos – de Cesar Vidal, donde habla de lo mucho que enseñan los cuentos y sitúa como uno de los cuentistas más famosos a Jesús de Nazareno, quien increíblemente hasta el día de hoy nos sigue contando sus parábolas que son una enseñanza y un ejemplo de vida. Otro personaje importante que era un gran cuentista es Abraham Lincoln. Los pensadores y escritores griegos, también fueron fabricantes de fantasías que dan la impresión de ser historias reales, como La Ilíada y La Odisea de Homero, e incluso La Divina Comedia de Dante Alighieri.
No vayan a interpretar mal, no le llego ni a los talones de los nombrados, pero en mi poca sabiduría y gran amor a mis hijos y mis nietos, además de la febril mente de mentiroso, me hizo inventar las historias que les conté en chicos y que todavía se me ocurre contarles ahora que ya todos, menos unos, ya pasaron de la edad de los cuentitos fantasiosos.
Miguel Aramayo
SCZ.02-05-2016
