Me caí de un avión
Viajando ilusionado de Francia a Suiza, en un avión inmenso, en un momento determinado me sentí flotando en la inmensidad del espacio, no sentía ni miedo, ni frío; solo sentía que era yo que volaba como si fuera una mariposa, una mariposa suspendida entre nubes, más cerca de Dios que de la tierra.
Podía sentir mi pulso, el palpitar de mi corazón y el ancho espacio de mi entendimiento, de mi alma. Podía verme por dentro y percibirme por fuera. Estaba en condiciones de observar mis sentimientos y eso me dio miedo y me mostró que estaba en una situación especial, no sólo eso, sino que también podía razonar perfectamente. Porque siendo irreal, insubstancial, sin embargo, razonaba y sabía que estaba plenamente de acuerdo con la situación en la que me encontraba.
Me parecía que jugaba con las estrellas que las veía tan luminosas y tan próximas a mis manos, lo mismo que muchos astros, especialmente esos que tienen coloración diferente, como por ejemplo la tierra que se la ve de un azul intenso o júpiter con sus anillos, o marte que tiene una tonalidad rojiza y se llegan a distinguir sus lunas, pero lo que más me impresionó fue la luna, a momentos me daba la sensación de que me sonreía, pero en otras se mostraba como una carita triste.
En ese raudo vuelo, también me crucé con algunas de las muchachas que conocí en mi juventud, como si ellas también se hubieran convertido en cometas, cometas y a quienes llegué a reconocer. Me cruce con alguna que me dieron un beso o a las que robe uno, que me dejaron un agradable sabor, de las enamoradas formales solo vi a la que me acompaña hace casi cincuenta años, pero me pareció ver a alguien que me dejó grandes recuerdos.
Ese divagar por el espacio estaba acompañado de música, música que llevaba en mi interior, o que estaba adosada a mí, como que los cantores y sus orquestas me seguían, escuchaba, por ejemplo:
Desde cuando te estaré esperando. Desde cuando estoy buscando tu mirada en el firmamento, estás temblando. Te he buscado en un millón de auroras y ninguna me enamora como tú sabes. Y me he dado cuenta ahora, puede parecer atrevimiento, pero es puro sentimiento. Dime por favor tu nombre…
Adoro el brillo de tus ojos, lo dulce que hay en tus labios rojos. Adoro la forma en que suspiras y hasta cuando caminas, yo te adoro vida mía. Y me muero por tenerte junto a mí, cerca, muy cerca de mí, no separarme de ti. Y es que eres mi existencia, mi sentir, eres mi luna, eres mi sol, eres mi noche de amor…
y cuando llega el mes de abril y cuando quiero ir al desierto acabo siempre haciendo un nuevo intento por saber de ti. Cuando decido mejorar, cuando me digo «esto no es vivir» me desespero y en este mundo no encuentro alivio, me pareces en lo ajeno, no sabes cuánto te eche de menos…
Gira, el mundo gira en las calles, en la gente, corazones que se encuentran, corazones que se pierden, alegrías y dolores de la gente como yo. El mundo no sabe cuánto yo te amo y en tu recuerdo yo me pierdo cuando te pienso junto a mí. Y el mundo no se detiene ni un momento, la noche sabe que eres mía y ese día vendrá. Por esta noche no quiero sentir así, quisiera amarte, pero no te tengo aquí y es mi ilusión que aun te espera como siempre…
En un momento determinado me pareció que me posaba en la arena de un mar sin nombre, con una oscuridad inmensa que no me permitía ver nada del universo, pero la música continuaba y yo seguía divagando como si efectivamente me hubiera caído de un avión que volaba entre dos lugares. Poco a poco fui recobrando la conciencia y me di cuenta que la música era real, estaba con los auriculares incrustados en mis orejas y la clavija de ese aparatito en el interior de un IPod. Estaba escuchando la música que acariciaron mis oídos en el infinito, pero el infinito era mi cama. ¡Estaba soñando!, ¡soñando como es mi eterno vivir!, especialmente cuando no tengo otras preocupaciones.
¡Qué lindo despertar! y que lindo sueño, ahora lo transcribo, para poderlo recordar, para contar.
Miguel Aramayo
SCZ.23.10.2016 Mañana es cumpleaños de mi nieta Fabiana, la Hormiguita Colorada.
