Un robot amigo
Después de haber leído un artículo sobre Singapur, se me ocurrió comprar un robot, un robot inteligente que me colaboré en algunas tareas domésticas, porque quise descansar un poco del trabajo de la oficina y dedicarme a las tareas del hogar.
Mi mujer viajaría en un tour con sus nietas y estimaba que estaría ausente más o menos unos cuatro meses, la persona que trabaja en casa también me solicitó un permiso de dos meses, para atender asuntos familiares, por lo tanto, me quedaba sólo y desde mi casa puedo atender el trabajo de la oficina, pero en la casa necesito estar presente.
El robot que decidí comprar lo importe de Japón, es similar al que utilizan en el Hospital General Changi de Singapur, desarrollados por Panasonic. Se encargan de todas las tareas domésticas, como tender camas, poner en la lavadora la ropa sucia, ayudar a preparar los alimentos, de manera que yo solamente aderezo y cocino. Limpia la casa, barre desempolva y ordena, atiende el teléfono y el timbre cuando vienen alguien, además me colabora en algunas cosas de mi trabajo, porque intercambio ideas, mejor dicho, le hago preguntas que me responde con mucha más seguridad que lo que es mi razonamiento.
Es tan alto como una persona y es capaz de interactuar con humanos e incluso «sonreír» a través de su pantalla. Procuro que no salga para atender a nadie para evitar habladurías de mis vecinos, pero cuando vienen a visitarme parientes y amigos, es muy eficiente atendiendo con la preparación del café, refrescos y picaditas. Para todo eso él se encarga del orden en la cocina, el refrigerador, las alacenas y los cajones. De esa manera el identifica lo que requiere para una buena atención. Llega al extremo de detectar todo lo que debo comprar en el supermercado, para lo cual me pasa un mensaje a mi celular.
Como podrán ver, el tema de los robots ya no es algo de ciencia ficción. Los robots han salido de las jaulas, advierten los expertos; ya no están en los laboratorios y centros de investigación, sino que han invadido nuestras vidas. Esta situación ha sumido al Parlamento Europeo en un enjambre de preguntas. ¿Debemos tratarlos como personas electrónicas? ¿Qué va a pasar con el trabajo de los miles de humanos sustituidos por maquinas inteligentes?
Todas estas preguntas son formuladas por europarlamentarios de todas las bancadas, investigadores, empresarios, académicos, líderes de sindicatos, aseguradoras y artistas, estas cuestiones (y sus decenas de ramificaciones) han ocupado durante dos jornadas al Parlamento Europeo. Representan una investigación de dos años que se ha plasmado en el primer informe a nivel europeo sobre máquinas inteligentes. En él se pide crear un marco legal para regular un campo que avanza a toda velocidad. Y aunque el objetivo era buscar respuestas, de momento sobre este futuro todo son preguntas.
Mientras eso sucede en Europa, yo estoy disfrutando de mi robot, al que lo llamo de: “Compinche”, él nunca está enojado, nunca está cansado, salvo que sus baterías estén con poca energía, que en ese caso me comunica con el tiempo suficiente. Mientras duermo, cuida mi sueño, nunca me muestra mala cara, como es inexpresivo en sus rasgos físicos, su pantalla me muestra su sonrisa. Cuando él me ve triste me consuela y toca la música que levanta mi espíritu.
Estoy feliz con mi Compinche.
Miguel Aramayo
SCZ.17-02-2017
