info@miguelaramayo.com

Las señoritas

29 Abr

Las señoritas

Después de revisar mi correo y contestar todos los mails que tenía en la bandeja de entrada y archivar los mismos donde les correspondía, me quedé mirando por la ventana de mi escritorio, me fijé en las señoritas, pero ellas no me dieron ni cinco de pelota. Siguieron con su trabajo laborioso, pero nada sacrificado para ellas, porque Dios las creo para eso, de la misma manera que nos asignó un rol a los humanos, pero a nosotros con la salvedad de que podemos hacer lo que nos da la gana, lo cual es una contradicción, porque Él, al ser eterno, lo que está hecho, lo hizo con su misma condición y por lo tanto, razonando como ignorante que soy, desde que nacemos, lo hacemos predestinados, igual que las señoritas, pero nos ufanamos de libre albedrío.

 

Las señoritas, daba la impresión que pugnaban por entrar a su tapa, pero en realidad no era una pugna, son tan ordenadas que estaban haciendo correctamente su trabajo y cada una esperaba su turno para entrar con su carga de néctar, pero algunas de ellas no tenían ese oficio, su actividad era cuidar y dirigir el tráfico y de otras era aletear para refrigerar su colmena.

 

Mirando hacia el jardín lograba distinguir una que otra señorita, lo cual es difícil, porque por su tamaño, en el espacio del jardín se vuelven invisibles, o mejor dicho son poco visibles a mi capacidad visual, pero todas están con la tarea de extraer el néctar de las flores para transportarlo a su panal, para convertirlo en miel. En nuestro caso nunca meleamos ese panal, pero esas señoritas hace mucho tiempo que nos acompañan. Realmente son una compañía, porque pienso que no soy el único miembro de la familia que se queda con la boca abierta observándolas y con mucho cariño.

 

No quiero exagerar, pero esa tapa (panal) existe aproximadamente 45 años, desde que habitamos esta casa con mi familia, al principio estaba apegada a la pared, pero después hicimos unos cambios y la tapa quedó entre dos paredes y su ingreso fue por un enchufe de corriente, que se puso en ese lugar para utilizar energía eléctrica en el jardín y de eso hace más o menos 25 años.

 

Ahora que hablo de años y de abejas y de esta casa donde se criaron mis hijos y también mis nietos, que con mucho cariño y dedicación la armamos con mi mujer, cuidando el jardín, y con mucho cariño criamos nuestra prole, sin descuidar las mascotas que nos acompañaron, algunos de los cuales dejaron sus huesitos en una parte de ese jardín. Recuerdo con mucha añoranza las noches de calor que refrescábamos con mis hijos, recostados en la grama, observando las estrellas, para que aprendan los nombres de algunas de ellas y observen la inmensidad de la galaxia, pero también cuidamos a los gusanitos, grillos, tapiosis y curucusis, que ya no existen, o jugábamos al futbol, bañábamos a nuestras mascotas, mientras también nosotros nos refrescábamos, o simplemente levantábamos las hojas cecas en invierno.

 

También a mis recuerdos retorno esta fecha, 29 de abril de 1967 y me puse a pensar que con 22 años y un poquito, un día como hoy hace 50 años, nos jurábamos con mi mujer amor eterno y ya nos queda muy poco para cumplir esa promesa, que hicimos a Dios y de lo cual no me arrepiento, porque la vida me ha devuelto con creces el tiempo pasado, mis hijos son queridos y están realizados, mies nietos son bellos y me dan mucha felicidad, desde la primera hasta el último, a todos los quiero mucho y me hacen ver que el recorrido por la vida no fue en vano. Sigo haciendo lo mismo que hacen las señoritas, cumplir con los designios de Dios.

 

Miguel Aramayo

SCZ.20-04-2017 – Mis bodas de oro.