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La Habana sin tacones

7 Ago

La Habana sin tacones

El título de esto, es el del libro que acabo de leer, escrito por la periodista María Elena Labaud. Más que leerlo, me lo comí. Muestra lo que es la Habana, la que es Cuba y que tanto conocemos por sus logros y sufrimientos históricos, Por ese bendito José Martí y por ese maldito Che y más aún por ese par de hermanos que lograron destruirla y llevarla a la inanición en que se encuentra y desde principios de este siglo convertirla en un virus cancerígeno que hizo metástasis en Centro América y América del Sur, disfrazada o por lo menos, con la máscara del Foro de San Pablo.

 

Este libro muestra las crónicas escritas por María Elena, de un viaje que hizo a Cuba en agosto del 2010. Con una fluidez y una sencillez, que estoy seguro, puede ser comprendida incluso por aquellos que leyeron más de veinticinco mil libros y por los que no leyeron ningún libro, pero que no lo creerían sus bases, porque ellas están obnubilados por las historias que les cuentas en multicolor, de las cosas bellas que alcanzó la revolución socialista en Cuba y los logros fantásticos que está alcanzando Venezuela con los gobernantes que entregaron su patria al Socialismo siglo XXI y que quieren seguir el camino de Cuba y que para eso se convirtieron en una colonia de esa bella isla, que los está ordeñando muy sutilmente.

 

El libro es un relato, desde que inicia los trámites para viajar, el viaje, su llegada a la Habana y su estadía en pocos días, pero es tan ameno, porque además permite conocer la Habana. Para aquellos como yo, que no estuvimos nunca en esas latitudes. Desde el prefacio ya uno se adentra en el camino que María Elena transitó, expresando sus temores, sus asombros, sus sobresaltos y las expresiones de los personajes con los que se intercomunica.

 

El detalle con el que narra los lugares por los que anduvo, a pie, en taxi, en cocotaxi y, el sabor de lo que probó como comida, bebida y las conversaciones que sostuvo con sus interlocutores. Me gustó mucho el relato de su visita a la casa de Hemingway, es tan descriptiva que si me pidieran que relate como es la casa, la piscina, el yate, el atracadero, el puerto y los objetos descritos, que estoy seguro que los podría repetir, como si fuera yo el que estuvo en esos lugares. Lo mismo sucede con lo que relata de la noche que pasó en la leyenda que es el cabaret Tropicana.

 

Su paseo en el city tour, con la descripción de los personajes que la acompañaron, el comportamiento del encargado de hacer las explicaciones turísticas y responde las preguntas formuladas por los turistas, con las correspondientes respuestas. La repetición de este paseo en un taxi que tomó para este fin y su paseo a pie, para profundizar sus incursiones en los lugares que le interesaban, como la Bodeguita, o el bar donde se encontró con una muchacha con la que compartieron un mojito y ella le obsequio un lápiz labial y un espejo para que pueda verse la boca pintada y ella le cuente que, pese a que le gustaba hacer el amor, no lo hacía desde que murió su marido, porque le daba miedo contagiarse alguna enfermedad.

 

En todo lo que relata, se me paraban los pelos de punta, porque nadie podría creer que, en las casas con cielos rasos muy altos, se construye un segundo piso en cada habitación, para subsanar el problema de falta de viviendas y a eso le llaman “barbacoa”, la prohibición de matar una vaca para comérsela, el costo de los alimentos y el racionamiento escandaloso de los mismos, la falta de medicina y la educación que no te brinda ningún beneficio, porque un médico gana lo mismo que un taxista, pero que el taxista no es dueño del taxi que maneja y que hasta las prostitutas deben registrarse para ejercer su oficio, porque el caficho (que es como si el estado fuera el proxeneta que comparte ganancias con la prostituta, que no puede ejercer libremente), eso es el propio estado, que nadie es dueño de nada, porque el estado es dueño de todo y les asigna un sueldo, disque, de acuerdo a sus necesidades.

 

Todo está controlado y todo tiene castigos monetarios y cárcel, al extremo que si alguien ve un programa de televisión por cable va preso el que lo provee y el que lo ve pierde su televisor y le cargan una multa.

 

Visito a los santeros y explica con mayor profundidad el tema de los Orishas, que es algo como la asimilación de los dioses africanos a los santos católicos. También conoció la última casa que habitó el Che, del cual dice: “…para sus detractores, se trata de un criminal responsable de asesinatos en masa ajusticiamientos y un sinfín de atrocidades.”

 

Es un libro que deberían leer todos en Venezuela y en Bolivia, que aparentemente son los únicos que quedan del ALBA en Sudamérica y añoran el paraíso cubano.

 

Miguel Aramayo

SCZ.07-08-2017