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Pobre hombre

9 Nov

Pobre hombre

Encontré a un hombre extremadamente flaco y mal vestido. Estaba tan flaco que se podían contar sus costillas, incluso sin pedirle que se quite la camisa, que daba la impresión de estar colgada en una percha de alambre, además de una percha aporreada, ¿botones…?, ¡tenía como máximo tres…! El cinturón le daba más de una vuela a la petaca, si a la panza se le podía llamar así, y permitía que no se escurra el pantalón, porque estaba arriba de los jitacuchíces, pero esas pilchas estaban chirapas, especialmente en las nalgas, que al no tener carne bruñían los huesos con las posaderas cuando se sentaba, dejando la tela del pantalón en hilachas. Los zapatos eran tan cacharros que los chutos, con uñas largas, asoman por el frente y la media suela de boca abierta se reía del mundo, tacos ya no tenia y asomaban los talones, porque no usaba calcetines.

 

Pese a ese su estado lamentable seguía siendo de izquierda y el jajo y los cachetes mostraban una sonrisa con muy pocos dientes, porque sus líderes le habían prometido que en menos de cinco años no tendríamos que envidiarle a Suiza, que tendría seguro para todo, que sus hijos además de hablar el idioma oficial, hablarían un idioma originario e inglés o mandarín y que podrían tener una educación gratuita y obtener una especialización en Cuba con una beca que le cubriría incluso sus viajes de vacación al caribe.

 

Sus velatacuses tendrían atención médica gratuita y cuando vayan al colegio le darían un bono extra hasta el bachillerato, además del desayuno escolar. Para sus hijas y su mujer un bono por maternidad, los vejancones también tendrían un bono que les permitiría vivir holgadamente sin tener que preocuparse por nada y que inclusive la atención sanitaria seria gratuita y cuando no vean, médicos cubanos los operarían de cataratas y les darían lentes y dientes gratis. El día que mueran podían ser velados en un lugar de lujo, con capilla incluida, lo que no les garantizaban era la tumba, eso era cuestión de ellos, pero con tanta dádiva era lo mínimo que podían costearse, además era responsabilidad de los herederos y no del difunto.

 

Para tranquilizarlo en sus momentos de tristeza, le organizaban concentraciones con buena música (conjuntos famosos), alguno que otro culipi y fuegos artificiales, de esos que llegan hasta el cielo, hacen un ruido escandaloso en el ascenso y bajan con estrellas de mil colores. Mientras ellos estén felices y apoyen a su dirigencia, la luna seguiría acompañándolos y no se escaparía, además el sol no se escondería, porque estaban viviendo una época de cambios que con el tiempo les daría muchas comodidades, además de mucho trabajo y prosperidad, además salida a la playa en verano.

 

Con esa bella vida el flaco se fue acostumbrado (lavado de cerebro), lo mismo que su mujer y sus hijos, porque le otorgaban doble aguinaldo. Se olvidó de Suiza, claro que eso le sucedió mucho antes de conocerla, porque nunca supo ni dónde estaba en el Mapamundi, ni como era la vida en esos lares y se concretó a ver cómo hacía para conseguir el cheruje de todos los días (vendiendo limones y limpiando parabrisas o vendiendo ropa usada) y aprendió que para distraerse se hacían marchas y paros, porque los yanquis, los karas y los empresarios sin corazón eran los que hacían difícil la vida y los que se oponían al proceso de cambio y por ese motivo sus líderes no podían cumplir. El proceso de cambio continuaba y debían tener paciencia, porque con la abundancia de exportaciones ¡los dirigentes cumplirían…!, y mientras tanto, los chicos podían estar en alguna pandilla.

 

Miguel Aramayo

SCZ.21-09-2018 Día de la primavera, del amor, de los médicos, de la juventud.