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Ojos que ven, ojos que miran

15 Dic

Ojos que ven, ojos que miran

He comprobado que los ojos son las ventanas del alma. He visto unos ojos vidriosos por el efecto del alcaloide que contiene la hoja milenaria, que al acompañar en la masticación con la suficiente dosis de alcohol produce efectos dañinos, principalmente el incremento de odio, odio que mucha gente ya lleva en sus venas por mucho tiempo y que se intensifica cuando va dirigido por alguien de occidente hacia alguien de oriente, porque es un odio que se está incubando en occidente hace mucho tiempo y que este gobierno lo incentivó, le dio rienda suelta y lo está avivando para que sea parte de la estrategia de dominación. Ese odio es tan sólo por una causa, a mi criterio, que es producido por un insano complejo de inferioridad de quienes lo practican y lo propagan, como parte intrínseca de su personalidad y formación.

 

Esa mirada vidriosa a la que me refería  la observe en un  funcionario público, disfrazado de legionario y con “chipa” de guarayo; lamentablemente pagado por nuestros impuestos. Que se siente Dios, sin siquiera creer en su existencia. Esa mirada me impresionó y me hizo sentir miedo, es de alguien que no está sano mentalmente, le giran los ojos como en los dibujos que caracterizan a los locos, y comprobé que no mira de frente, ni a las cámaras de televisión y estoy seguro, que no podría sostener de frente la mirada de una persona normal, pero se cree un Dios legionario, o un personaje sacado de una película, como Laurens de Arabia.

 

Otra mirada que llegó al mi corazón, fue la de una mujer, que al ver que la ley le arrebata sus bienes por una simple venganza, venganza de alguien acomplejado, que al creerse Dios y querer quedar bien con sus jefes, se apodera de los bienes ganados con el esfuerzo del trabajo cotidiano y de mucho tiempo, no de bienes ganados con la política sucia y corrupta. Esos ojos muestran un brillo, brillo de lágrimas, lágrimas que se derraman por la impotencia de querer luchar contra un semidiós, que cree haber salido del Olimpo y sin embardo  proviene del centralismo. Esos ojos me conmovieron y me identifico con ellos,  porque me imagino que es el tipo de ojos que tenemos la mayoría de los bolivianos, bolivianos que queremos una patria grande, unida, buena y respetuosa de los valores individuales.

 

Otros ojos que me asombraron, fueron de los políticos que trasuntaban incredulidad al ver pisoteada la constitución, en manos de un simple pinche, que se apropiaba de la misma, para privarlos de la libertad y para quedar bien con quiénes les imparten órdenes, ordenes que son escuchadas y cumplidas en exceso, como es la costumbre de los serviles, por estar gozando momentáneamente del poder, poder que en tan corto tiempo los encantó  al extremo de dejarlos en la condición para sentirse semidioses.

 

Fueron cuatro pares de ojos de políticos que me dejaron impresionado, uno de ellos miraba con sorna, como diciendo: “¡Ya me tocará el turno! y nos veremos en otra oportunidad cuando yo esté arriba y vos abajo…”. El otro político miraba con ingenuidad, pero la ingenuidad propia de  los políticos (cinismo) que en ese momento se sienten infelices, disminuidos, porque además, esos dos políticos estaban cansados por el largo viaje.

 

La mirada del tercer político, el defensor de los viajeros, era de furia, porque su poder ya no valía, era un político en desgracia, caído, pero todavía con ínfulas, ínfulas que traslucían el fracaso de haber sido engañado en múltiples ocasiones y daba la impresión de sentirse culpable de haber encumbrado a quiénes ahora menospreciaban la inmunidad de los políticos que llegaban de viaje, quienes en ese momento se defendían en el banquillo de los acusados.

 

Por último vi los ojos de otro político, finamente vestido y con modales refinados, que por el cinismo que lleva impregnado en su ser no deja ver sus ojos, los escabulle, no mira de frente, pero mira con odio, con rabia, con complejo de superioridad, porque al contario de los primeros ojos que observé, éste se siente poderoso, mucho más que un semidiós, porque se sabe el centro del centralismo, el posee contacto directo con los seres supremos que comandan desde el Caribe.

 

Todo lo que vi, todo lo que oí y el observar, pretendiendo descifrar lo que expresan los ojos de las perdonas, me dejó un sabor amargo, un gusto ingrato, por lo que presiento nos pasará. No estamos libres y estamos desprotegidos de legalidad, debemos pensar más en Dios, porque lo que nos espera será grave, debemos estar unidos y ser solidarios.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 15-12-2009