¿Será que tenemos alguna protección?
Lo que les relataré a continuación no es un cuento, ni es una historia, es la ejemplificación de lo que nos está sucediendo en Santa Cruz.
Un médico de mucho prestigio que es muy aficionado a la tecnología es asaltado por un grupo de cinco asaltantes. El momento del asalto lo amedrentan con pistola en la cabeza y lo llegan a golpear, pero cuidando de no dejar huellas, los asaltantes no saben que están siendo filmados por una cámara web que está conectada a la casa del médico, a la oficina de seguros y a la empresa de vigilancia. El médico tiene incorporado a su cuerpo un chip que puede emitir alarmas, chip que al mismo tiempo está conectado a un monitor con GPS. Además de todo eso él médico llegó a un acuerdo con su familia y con la empresa de vigilancia, en sentido de que establecieron un código cifrado de comunicación, en la que el médico puede comunicar en base a señas, las exigencias de los bandoleros y muchas otras cosas más. Esto por si fallaran los micrófonos de las cámaras, e incluso el video de las mismas, o si hubiera un corte de energía que incluso elimine la batería extra del sistema de monitoreo.
El servicio de vigilancia, inmediatamente recibe la llamada de atención del médico se pone en contacto con la policía, con las sección que tienen a su cargo la protección de personas y las llamadas de emergencia, indican que atenderán el caso con la premura que requiere.
La empresa de vigilancia, independientemente alertan a sus vigilantes y personal de seguridad para que se desplacen hasta el lugar donde los plagiadores mantienen al médico. Por su parte los familiares despliegan un basto operativo de protección, contratan guardias de seguridad debidamente autorizados para portar armas, un médico psicólogo con un doctorado en negociación de conflictos, el que se protege con chaleco antibalas, casco blindado y megáfono para poder comunicarse con los plagiadores y poder negociar con los mismos. También se contrata a un médico psiquiatra, especializado en hipnosis y a un profesional prestidigitador que pueda hacer algunas magias para mantener distraídos a los bandoleros que tienen secuestrado al médico.
Todo el despliegue que hacen los familiares y la empresa de vigilancia tiene un costo, primero lo muy urgente es cubierto económicamente por la familia, alquiler de vehículos megáfono, celulares, chalecos antibalas, cascos, etc., etc., los mismos que se obtienen del ahorro debajo del colchón, se rompen los chanchitos de ahorros de los hijos del médico y se presta plata a la abuela.
Para los demás gastos la esposa del médico firma una letra de cambio con el aval del abuelo comprometiéndose al pago de honorarios y gastos de los participantes en el rescate. Un amigo dice que tiene un conocido que es miembro de la policía y que le solicitará una ayuda especial.
Para los gastos urgentes y colaborar con el pago de honorarios los familiares, amigos y miembros de la comparsa del médico, ponen una cuota y juntan unos pesos para afrontar el drama que está viviendo la familia.
Por suerte el grupo de profesionales negociadores, logran el contacto necesario con los bandoleros y con la ayuda del hipnotizador y el prestidigitador, logran ablandar el corazón de los malhechores, pero la ayuda final la da el contacto con la policía, que logra entrar a conversar directamente con los bandidos y consigue que lo suelten al médico. Después de esto llega la policía y agarra a todo el grupo de personas que estaban en las inmediaciones y pretenden llevárselos presos a todos por haber aportado con dinero a la liberación del médico, que es amigo y pariente de ellos. Cae la esposa, los hijos y los amigos íntimos. Dejan libres a los plagiadores porque los consideran buena gente y unos santos.
Esto mismo está sucediendo con el fiscal de la novelita caribeña, que pretende aprehender a todos los que aportaron fondos para defender el cerco a Santa Cruz y se olvida de los movimientos sociales, que armados y pagados por el gobierno avanzaban sobre Santa Cruz. Por suerte un chileno de la comisión de Unasur logra hablar con el Presidente y suspende lo que se convertiría en una carnicería armada y financiada con fines macabros contra Santa Cruz.
Es lo mismo que en el relato del médico; los que ayudaron al médico deben ir a la cárcel por haber protegido a su amigo y pariente, poniendo unos pesos. Los malhechores quedan libres y pueden ser considerados héroes, porque colaboraron con la policía soltando al inocente.
Que ironía, pero es muy similar a lo que estoy viendo en los últimos capítulos de la novelita caribeña a la que están queriendo dar un giro para distraer a la audiencia.
Miguel Aramayo
SCZ. 16-10-2009
