Farsa
En el periódico de hoy leí que alguien dijo: “En Santa Cruz queremos un liderazgo político que se corresponda con su liderazgo económico. Tiene una economía moderna, pero su liderazgo político es pre moderno. Por eso no ha podido consolidar un liderazgo nacional, por su atraso de modernidad del liderazgo político. Si en los siguientes cinco o diez años consolida un liderazgo moderno, eso va a irradiar inmediatamente al resto del país, que es lo que está faltando». Esas expresiones corresponden a alguien: Altivo, engreído, arrogante, presumido, petulante, vanidoso, envanecido, orgulloso, soberbio, desdeñoso, despreciativo. A alguien “que ve la paja en el ojo ajeno y no ve la viga en el propio”. Sólo una mirada en la seguridad ciudadana y uno puede darse cuenta que desde que el MAS es gobierno y el farsante está dirigiéndolo, cada vez vivimos más inseguros. No hablemos de economía, porque podemos llenar hojas para mostrar la ineficiencia, ignorancia, ineptitud, de quienes nos gobiernan y todavía se animan a opinar de liderazgo.
Después de leer eso y estando lejos de mi Bolivia querida, se me ocurrió escribir un poco sobre ese tipo de personas, de esa personas que se creen lo máximo, que sólo ellos tienen la verdad, que sólo ellos tienen el conocimiento, que ellos son el ombligo de Dios, además de que esa gente es hipócrita, tiene algunos otros atributos que concuerdan con su hipocresía. Por ese motivo y para no quedar chiquito me las di de psicoanalista y comparto con ustedes lo que averigüé.
Cuando uno se siente más que los demás, cuando públicamente muestra su desprecio por un pueblo y todos sus habitantes, tan sólo porque ostenta el poder, sin haber sido líder, con el único mérito de ser un intelectual de medios de comunicación, en un programa mediocre y tener un plan escondido, adquirido en cinco años de cárcel, en los cuales con toda seguridad acumuló, no sólo conocimientos, sino y sobre todo el odio, el odio que ahora lo quiere esparcir aprovechando del líder que lo encumbró.
Ese tipo de personas muestra orgullo excesivo por las cualidades o actos propios, se cree superior a los que le rodean por su posición social o económica o por alguna cualidad especial y que lo demuestra con un trato distante o despreciativo hacia los demás, es engreído.
La persona que es arrogante, a menudo se dan cuenta de su comportamiento y se sobreestiman en comparación con los demás. Aunque el término parece ligado a las personas que tienden a remarcar su propia importancia de forma verbal, también se puede aplicar a alguien que no muestra externamente esta cualidad a través de sus comentarios, pero si parece evidenciarla a través de sus actos.
El petulante presume en exceso y de modo ridículo de sus cualidades o sus actos y se cree superior a los demás, es engreído y presuntuoso. Una persona arrogante en extremo normalmente intentará echar por tierra los puntos de vista y opiniones de las otras personas, con el objetivo de situarse por encima de éstas. Por lo general las personas que se caracterizan por la arrogancia son altamente exitosas. También existen otros términos utilizados en algunos países latinoamericanos para referirse a las personas arrogantes (si bien tienen cierta connotación peyorativa).”Fanfarrones”.
En alguna parte leído un cuento que viene muy bien al caso de la farsa, se titula: EL CIERVO ENGREÍDO y dice: “Erase una vez… un ciervo muy engreído. Cuando se detuvo para beber en un arroyuelo, se contemplaba en el espejo de sus aguas. «¡Qué hermoso soy!», se decía, ¡No hay nadie en el bosque con unos cuernos tan bellos!» Como todos los ciervos, tenía las piernas largas y ligeras, pero él solía decir que preferiría romperse una pierna antes de privarse de un solo vástago de su magnífica cornamenta. ¡Pobre ciervo, cuán equivocado estaba! Un día, mientras pastaba tranquilamente unos brotes tiernos, escuchó un disparo en la lejanía y ladridos pe perros…! ¡Sus enemigos! Sintió temor al saber que los perros son enemigos acérrimos de los ciervos, y difícilmente podría escapar de su persecución si habían olfateado ya su olor. ¡Tenía que escapar de inmediato y aprisa! De repente, sus cuernos se engancharon en una de las ramas más bajas. Intentó soltarse sacudiendo la cabeza, pero sus cuernos fueron aprisionados firmemente en la rama. Los perros estaban ahora muy cerca. Antes de que llegara su fin, el ciervo aún tuvo tiempo de pensar: «¡Que error cometí al pensar que mis cuernos eran lo más hermoso de mi físico, cuando en realidad lo más preciado era mis piernas que me hubiesen salvado, no mi cornamenta que me traicionó». Que ciervo parecido al personaje farsante, seguro que después le sucederá algo así.
Luis Alviña
