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¿será que soy yo?

30 Jul

¿será que soy yo?

¿será que soy yo?

 

Mucha gente debe tener la seguridad que soy un mentiroso, incluso yo. Algunas veces cuando relato una historia me pongo a pensar si es verdad o es una invención mía, lo que vendría a ser

una mentira». Puedo asegurar que no me doy cuenta al momento en que emito como simples palabras de una historia en las que describo hechos, personajes, objetos y circunstancias que salen de mi boca con total fluidez. Algunas veces la gente queda sorprendida, pero en algunas miradas observo incredulidad, lo que me deja un gusto amargo.

 

Cundo estoy a solas y rememoro lo que hablé y recuerdo las expresiones de incredulidad, de duda o de sorpresa que expresaron, una o algunas de las personas, que atendieron mi elocución. En ese momento me analizo y, algunos relatos parecieran inverosímiles, pero tengo la plena seguridad que lo dicho era verdad y no una invención o ensueño. Queda en mi mente algo de duda con relación al tema, que me deja susceptible y temeroso de haber expresado algo falso o irreal que no corresponde a mi acerbo.

 

He leído tanto y algunos libros dejaron su temática como si fueran hechos que me sucedieron, porque me compenetro de tal manera cuando está en mis manos un libro con un tema que me llega al alma. Eso que me sucede al leer, podría quedar gravado en mis neuronas como algo que me sucedió en la realidad y por consiguiente se gravó en mi «subconsciente» y cuando me toca hablar de ese tema o algo similar, lo describo como algo que me aconteció a mí, pero lo expreso sin ninguna maldad o malicia, pero a solas, en ese momento o después, me queda la duda y después de trabuscar en mi memoria y me convenzo que lo expresado era algo propio, pero algunas veces veo que era algo que leí en algunas del sinnúmero de novelas que pasaron por mis manos y quedaron decantas en mi memoria.

 

Muchas de mis historias anécdotas son repetitivas, de eso me doy cuenta y procuro que no se repitan, pero inconscientemente las vuelvo a decir y pienso que eso debe molestar a mis interlocutores, especialmente a la gente de mi familia y de mi entorno permanente. Al respecto pareciera que esa forma de ser es hereditaria, porque varias veces escuché a mi abuela Mercedes y sus hijas, gozar al abuelo Carlos, o lo que un amigo de mi padre (Mamico Peñaranda Ergueta) le decía: «Mudo, ahora contanos un cuento de tu abuelita».

 

Fui un muchacho intranquilo y travieso, lo que ahora llaman «hiperactivo», pero además siempre estaba atento a la conversación de los mayores que me encantaba y, tranquilizaba el escuchar historias de todos los que las expresaban, todo lo que oía, nunca lo tomaba como falso, era totalmente crédulo y quizá muchas de eso se hubiera quedado en mi mente como de mi propiedad. 

 

Fui de una familia muy apegada a los relatos y sobre todo de tiempos pasados, mucho de eso quedó gravado en mis recuerdos y sirvieron para alimentar mi inspiración para escribir cuentos para mis nietos, mis amigo y todo el mundo, lo que está plasmado en 12 libros que presenté en la feria del libro y unos 7 o más que permanecen inéditos y que quizá queden en la nebulosa de lo que permanece en el disco de mi computador, que si tengo suerte podrá ser utilizado por alguno de mis herederos, de lo contrario quedará en la nebulosa de este universo, como la brisa que deja el espíritu de una persona cuando ingresa en la eternidad.

 

Miguel Aramayo

SCZ.24-05-2024

 

 

Saludos.