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Una pareja de bolivianos

31 Jul

Una pareja de bolivianos

Una pareja de bolivianos

 

En mi último viaje, mientras esperaba la puesta del Sol en la iglesia agustina de Santa Maria del Soccorso en Forio d´Ischia, Alfredo me dejó solo y una pareja que estaba haciendo turismo se me acercaron y la mujer en francés me dijo: —Padre, ¿usted también haciendo turismo? O atiende en esta iglesia.

 

Le respondí: —Sí, hago turismo y no soy sacerdote. Ustedes también de paseo.

 

Y el marido en un italiano distorsionado, me respondió: —¡Si!, nos recomendaron ver aquí el atardecer (Se ci consigliassero di vedere il tramonto).

 

—¿De dónde son ustedes?

 

—Somos de Bolivia.

 

Esta última respuesta la formuló el marido en español a lo que le respondí: —¡Yo también!, que bonita casualidad.

 

Con lo cual los dos quedaron contentos y continuamos conversando en español y les informé que yo no era cura, a lo cual se disculparon. —¿Están festejando algún aniversario de matrimonio?, o algún otro festejo.

 

—Nada de festejos, somos amigos de hace muchos años y cuando podemos nos echamos una escapadita para estar solos y ahora por primera vez se nos ocurrió venir a Europa, para que nuestra excursión sea más larga y lejos de donde nos pudieran ver, además supimos que esta isla es una de las más bella del mundo.

 

—Usted también viene de Bolivia por turismo o por trabajo.

 

—Yo vivo en Paris desde más o menos 20 años y me gusta viajar. —Vine a esta isla por el mismo motivo que ustedes, pero con la intención de trasladarme aquí unos cuantos meses. Vengo en busca de paz y tranquilidad para poder escribir.

 

El marido me dijo—O sea que es escritor, ¿Qué genero?, porque a mí me gusta mucho la lectura, las novelas con preferencia de algo de historia.

 

—Soy aficionado a la escritura, pero ya tengo escritas algunas novelas, un libro de poemas, unos tres de cuentos, para chicos y para grandes y cuentos largos con algo o mucho de erotismo, también una autobiografía.

 

—Ustedes ¿a qué se dedican?, si no es indiscreción.

 

—Mi amiga ya es jubilada y trabajó más de 30 años en Quebec, que es como estar en Francia. Yo trabajo en forma independiente como consultor en varios temas y para diferentes empresas, pero también soy jubilado y dispongo de mi tiempo, por eso estoy aquí de turista.

 

Comenzó a caer el Sol y quedamos impresionados con eso, porque hasta nosotros cambiamos de coloración a medida que el cielo se llenaba de estrellas. Quedamos con la boca cerrada hasta que nos despedimos y nos deseamos un buen tiempo en la isla italiana.

 

Miguel Aramayo