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Soldaditos de Plomo

8 Abr

Soldaditos de Plomo

No me van a creer, esto que les cuento, no es de alguna película que hubiera visto, de esas películas de dibujos animados en los que se mezclan animaciones de animalitos con dibujos que asemejan hombres, u hombres de verdad. No. Esta no es, ni película, ni historieta, o tira cómica, es la pura verdad, pueden verlo en el periódico de hoy: El titular del periódico dice: “La Paz.- Las Fuerzas Armadas le declararon la guerra al dengue y se destinó un contingente militar a la ciudad de Santa Cruz«. Y eso no fue todo, después lo vi en la televisión al Comandante en Jefe de FFAA de la Nación, Valmte. José Luis Cabas, que decía: “Las Fuerzas Armadas, movilizarán a 20.000 militares en los departamentos de Cochabamba, Santa Cruz, Beni y Pando para combatir contra del dengue y la destrucción de criaderos del mosquito Aedes aegypti, agente transmisor de la peligrosa enfermedad”.

 

Todo eso sucedía, mientras yo estaba en mi escritorio, donde tantas cosas raras me acontecen. Yo estaba leyendo un libro que no tienen nada que ver con lo que les cuento, como para decir que mi historia es una influencia de lo que leía, así como le sucedía a “Don Quijote” que leía libros de caballería y de caballeros andantes, además de que al pobre le fallaba “el coco”, cosa que pienso que todavía no me sucede a mí. El libro que tenia en mis manos se llama “El último judío”, escrito por Noah Gordon, sobre temas de la inquisición en España en los anos de 1492.

 

Dejé el libro sobre una silla y mire por la venta porque en la calle se notaba un gran alboroto, efectivamente, era el poderoso ejercito boliviano que con muchos camiones y rodeados de tanques, carros de asalto y seguidos por helicópteros artillados, hacían su ingresos a la placita que está al frente de mi casa. Pero algo raro, el tamaño de todos los elementos, armas, camiones, helicópteros, soldados, jefes, todo, absolutamente todo, era del tamaño que tienen los tradicionales “soldaditos de plomo”, todo era perfectamente armónico, todo guardaba una perfecta proporcionalidad de tamaño, y mostraban movimientos que denotaban que no eran de plomo, sino de carne y hueso, no eran dibujos animados, no todo era real pero en miniatura, una perfecta miniatura.

 

Hicieron la incursión en el parque como si hubieran elegido ese lugar para fijar su campamento y una vez desembarcados iniciaron el armado de sus carpas y la construcción de una barrera protectora que tenia una altura que supera en por lo menos dos veces el tamaño de un soldado parado, o quizá más, algo como decir de cuatro metros de altura, pero antes de eso cavaron una zanja como una protección, algo parecido a trincheras profundas de más de dos metros, proporcionales al tamaño de los luchadores..

 

Al ver ese moviendo me pasé al piso de arriba y desde la ventana grande me instalé a ver con mayor detenimiento, y para no esforzar mi visión hice uso de un larga vista potentes, no solo por su acercamiento, sino que también con rayos infrarrojos, por si tuviera que seguir mis observaciones en la noche. Todo esto sucedía al finalizar la tarde, ya el sol era rojo en poniente y el ocaso mostraba su calma en los vientos y el bochorno en el calor, también el cielo estaba con densos nubarrones, como pronosticando lluvias.

 

Por el norte, sobre el mismo parque, también note un gran movimiento, era otro ejercito, pero éste, era un ejercito muy particular, era muy poco lo que se veía en tierra, todo era aéreo, daba la impresión de que solo existieran aviones de combate, pero algo similares a los famosos aviones harrier, de ascenso vertical, de ese tipo de aviones se observaban unos cuantos. Los otros eran extremamente diminutos, algo así como que los pilotos tuvieran las alas sujetas a su cuerpo y los chorros de propulsión les salían de las axilas, parecía que los aviones grandes tenían por objeto proveer sustento de combustible y de armamento a los más chicos, que eran mucho más chicos que un hombre, incluso que un niño.

 

Cuando los veinte mil soldados bolivianos se hubieron posesionado, se comenzó a observar las primeras incursiones de los mosquitos, Los aviones más chicos, los que parecían pilotos voladores, se aproximaban en forma aterradora hacia el campamento de los soldados bolivianos y bajaban en picada, a gran velocidad y en total desorden, la mayoría de la veces atacando por la retaguardia, por lo tanto los disparos de la artillería antiaérea boliviana, nos les hacia ni mella, pero el ataque de los “Aedes aegypti”, si dejaba tendalada de soldados en el suelo, ni bien se producían los ataques aéreos, los mosquitos levantaban vuelo y retornaban a lo que daba la impresión de ser su campamento, para reabastecerse del arma letal que produce el dengue y el dengue hemorrágico.

 

Por lo poco, o casi nada que entiendo de guerras y de estrategias militares, no podía darme una idea de cuanto tiempo más podría resistir el poderoso ejercito boliviano, por los desastres que dejaban los mosquitos, me supuse que esa contienda no tendría mucha duración, porque la lucha era desigual. En cada incursión de los “Aedes aegypti”, se observaba que los soldados bolivianos quedaban rascándose, como que lo que les estuvieran derramando los enemigos, sea gas mostaza o bombas de fósforo que les producía comezón. Los helicópteros bolivianos no levantaron vuelo, le tuvieron miedo a los harrier aegypti.

 

El tiempo fue pasando, el cielo se fue obscureciendo y se notó que el ejercito boliviano, si bien no entraba en retirada, cada vez era menos efectivo en sus ataques con artillería, no porque se les hubieran acabado las municiones, sino porque les dio un bajón anímico y se les subió la fiebre a extremos que se notaba que los soldados se echaban a dormir en cualquier parte, y lo mismo sucedía con los generales, coroneles y capitanes que dirigían la tropa. Antes del amanecer el ejército boliviano dormía todo y los mosquitos se saciaban con su sangre, que ya estaba infectada  y por lo tanto ya habían capitulado, sin necesidad de declararse en retirada, o desbandada, ni tampoco haber levantado banderas blancas en señal de rendición. Me dieron mucha pena los valerosos soldaditos de plomo y quedé con rabia hacia los malditos mosquitos que tanto daño les hicieron. Colorin colorado, este cuento ha terminado.

 

 

Miguel Aramayo

SCZ. 16-01-2009 Dedicado a José Miguel, el menor de mis nietos, en el dia de su cumpleaños